Hay personas que sueñan con que su nombre aparezca en una marquesina. Yo soñaba con que apareciera al final de una canción. Ni siquiera necesitaba que estuviera en letras grandes. Bastaba un "Letra:..." perdido entre los créditos de un disco viejo. Algo que dijera, esto lo escribí yo. Pero en este oficio los sueños suelen tener cláusulas.
La mía estaba escrita en la página siete de un contrato de confidencialidad. "Todo el material producido será propiedad exclusiva de la empresa. La autora renuncia a cualquier reconocimiento público..." La primera vez que lo leí pensé que sería temporal. Un año, dos como mucho. Después alguien notaría mi trabajo y podría escribir con mi propio nombre.
Tres años después seguía siendo un fantasma. Las canciones salían. Los artistas las cantaban. La gente las tatuaba en la piel. Y nadie sabía que habían nacido en el escritorio diminuto de un departamento donde la humedad dibujaba mapas en el techo.
Es raro escribir sobre sentimientos ajenos. Al principio me costaba. Después entendí que, en realidad, nadie escribe únicamente sobre sí mismo. Todos robamos un poco de las personas que conocemos. Una conversación en un colectivo. Una pareja discutiendo en un café. Una chica llorando mientras esperaba el tren. Todo termina convirtiéndose en una metáfora. Yo vivía de esas metáforas. Mi rutina era casi absurda.
Me despertaba temprano, preparaba café aunque nunca lograba terminar la taza caliente y abría una carpeta llena de encargos.
"Necesitamos algo esperanzador."
"Que tenga aroma a despedida, pero sin ser triste."
"Una canción para alguien que ya no está."
"Nada demasiado poético."
"Más comercial."
"Más simple."
"Que parezca escrita en cinco minutos."
La gente cree que escribir es inspiración.
La verdad es que también es corregir la misma frase cuarenta veces...
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Cuando abrí los ojos, el reloj marcaba las nueve y diecisiete. Había dormido apenas cuatro horas, pero mi cabeza seguía funcionando como si no hubiera descansado en toda la semana. La taza de café que había dejado sobre la mesa de luz la noche anterior seguía ahí, fría, con una fina capa oscura flotando en la superficie. La observé unos segundos antes de incorporarme. Mi departamento era pequeño, apenas un ambiente con una cocina integrada y un balcón que daba a una avenida demasiado ruidosa para alguien que vivía de pensar. Aun así, era mío, o al menos lo sería cuando terminara de pagar las últimas cuotas.
Mientras preparaba otro café, el teléfono vibró sobre la mesada. El nombre de Clara apareció en la pantalla y, sin saber por qué, sentí un nudo en el estómago. Nunca llamaba tan temprano. Ella era de resolver todo por correo; si marcaba mi número era porque algo importante había pasado.
-¿Hola? -contesté, todavía con la voz ronca.
-Necesito que revises el mail apenas puedas.
Fruncí el ceño.
-¿Qué pasó?
-Entró un proyecto nuevo y pedí que te lo asignaran a vos.
Eso sí era raro. Clara jamás pedía nada. Trabajaba con una frialdad admirable; elegía al compositor adecuado para cada artista y seguía adelante. Que insistiera con mi nombre significaba que veía algo especial en ese encargo.
Abrí la notebook sin dejar el teléfono. La bandeja de entrada ya tenía un correo nuevo con el asunto Proyecto confidencial. Al abrirlo encontré una maqueta instrumental y una única indicación, "Buscamos una canción que hable del amor cuando la ausencia deja de ser una herida y se convierte en una forma de recordar."
No había nombres. Ni de la banda, ni del productor, ni del disco. Solo esa frase.
Hice clic sobre el archivo de audio. Una guitarra comenzó a sonar por los parlantes de la computadora. Cerré los ojos casi por reflejo. Siempre escuchaba las maquetas así, sin mirar nada, como si al eliminar un sentido pudiera escuchar mejor con los demás. Había algo en esos acordes que me resultaba extrañamente familiar, una nostalgia difícil de explicar, como cuando uno vuelve a una casa donde ya no vive y, aun así, reconoce el olor de las paredes.
KAMU SEDANG MEMBACA
Campos Eliseos (en proceso)
Fiksi Penggemar¿Qué pasaría si te dijera que Campos Elíseos no pertenece realmente a quienes todos creen? ¿Qué pasaría si te dijera que esa canción no nació en un estudio ni de la inspiración de una banda, sino de una historia que comenzó mucho antes, en las manos...
