Prólogo:

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¡Silencio!- grito Zeus callando todas las conversaciones de la mesa.
Tengo que pensar- esas palabras se quedaron suspendidas en el aire.
Casi todos los dioses del olimpo se encontraban en esa fría y suave mesa de mármol blanco.
Era mediados de junio, al ser por la mañana hacia ese frío que no se llega a meter en los huesos. Había neblina saliendo de los labios de los dioses. Mientras, Zeus daba vueltas sobre si mismo con las manos en la cabeza intentando pensar. Hera le miraba con esa mirada felina, típica de la diosa, que parecía intentar descifrar algo que nadie llegaba a entender.
Escuchad- dijo Poseidón levantándose de la mesa.
Los humanos lo están destruyendo todo, si, es parte de la evolución de su especie, pero las criaturas fantásticas les están aniquilando.
Es cierto- recalcó Hades, quien normalmente se mantenía callado durante este tipo de reuniones.
Tenemos que hacer algo y tengo un par de ideas para lograrlo -dijo con esa sonrisa burlona típica de un adolescente rebelde.
Hades, ante las miradas de todos saco, la famosa caja de Pandora y de ella saco dos frascos del tamaño de unas muestras de perfume. Uno era magenta y con una textura desagradable a la vista, el otro era verde claro con brillo en el interior.
La enfermedad y el remedio- dijo dejando los frascos en la mesa.
Uno es la debilidad para cada criatura dependiendo de sus habilidades y fortalezas- dijo señalando el frasco magenta.
Y el otro es el remedio a esas debilidades, lo que les permitiría si lo tuvieran en su poder dominar en el mundo y al resto de especies que lo componen, incluidos nosotros. Pero con esto solo nos queda un problema, ¿Como y quien guarda el remedio?- dijo señalando al frasco verde.
Un portazo rompió el silencio y la creciente tensión en la sala;
¡Es una niña!¡Es una niña!- Entro pan haciendo aspavientos con las manos
No puede ser- titubearon los dioses al unisono sorprendidos.

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