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La lluvia caía con suavidad sobre la ciudad cuando Lilian Grey salió de la cafetería con un paraguas negro entre las manos. Era una joven elegante, de mirada dulce y carácter tranquilo. Aunque muchas personas la consideraban distante, quienes realmente la conocían sabían que tenía un corazón enorme.
A unas calles de allí, Levi Ackerman caminaba con la misma expresión seria de siempre. Vestía un abrigo oscuro y llevaba una bolsa con libros que acababa de comprar. Su vida era sencilla: trabajaba como administrador de una prestigiosa biblioteca, disfrutaba del orden y de la tranquilidad, y evitaba cualquier situación innecesariamente complicada.
El destino quiso que ambos chocaran en una esquina.
-Lo siento... -dijo Lilian mientras se agachaba para recoger los libros que habían caído.
Levi también se inclinó.
-No fue tu culpa.
Sus manos se rozaron por un instante. Fue un gesto insignificante... pero suficiente para que ambos se quedaran en silencio durante unos segundos.
-Gracias -sonrió Lilian.
Levi simplemente asintió antes de marcharse. Desde aquel día comenzaron a encontrarse con frecuencia. A veces en la biblioteca. Otras en la cafetería. Incluso en el parque donde Levi acostumbraba leer cada domingo. Las conversaciones eran cortas al principio, pero poco a poco fueron creciendo. Descubrieron que compartían el gusto por el café, las novelas clásicas y los paseos nocturnos. Sin darse cuenta, empezaron a esperarse mutuamente. Una tarde, Levi apareció frente al apartamento de Lilian con una pequeña caja.
-Pensé... que te gustaría. Dentro había un juego de tazas de porcelana.
-¿Las compraste para mí?
-Vi que las mirabas hace unos días. Lilian sonrió con tanta felicidad que Levi apartó la mirada para ocultar el ligero rubor que apareció en su rostro.
Con el paso de los meses, ambos comenzaron a salir oficialmente.
No hubo una gran declaración. Simplemente ocurrió.
Mientras caminaban por un puente iluminado por las farolas, Levi tomó su mano.
-¿Esto significa que somos pareja? -preguntó Lilian riendo.
-Si estás de acuerdo...
Ella respondió abrazándolo.
-Hace mucho que estoy de acuerdo. Desde entonces, su relación se volvió parte de la rutina.
Cada mañana desayunaban juntos. Levi preparaba café.
Lilian cocinaba panqueques o galletas. Los fines de semana limpiaban el departamento entre los dos.
Aunque Levi era extremadamente perfeccionista, terminaba sonriendo cuando Lilian cambiaba el orden de las cosas solo para molestarlo.
-Los libros iban por tamaño.
-Ahora van por colores.
-Eso no tiene lógica.
-Pero se ven bonitos.
Él suspiraba. Cinco minutos después los acomodaba otra vez.
Y Lilian volvía a cambiarlos.
Era un juego que nunca terminaba.
En invierno viajaron a una cabaña rodeada de montañas.
La nieve cubría los árboles y el silencio era absoluto.
Pasaban las noches frente a la chimenea.
Lilian apoyaba la cabeza sobre el hombro de Levi mientras él leía en voz alta.
Nunca fue un hombre muy expresivo. Pero cada pequeño gesto demostraba cuánto la amaba.
Cuando ella tenía frío, él le acomodaba la bufanda.
Si estaba cansada, preparaba la cena sin decir una palabra.
Si se enfermaba, permanecía despierto toda la noche cuidándola.
Lilian, por su parte, llenaba la casa de vida.
Ponía música.
Decoraba con flores.
Reía por cualquier tontería.
Y conseguía que Levi sonriera mucho más de lo que él mismo imaginaba.
Un año después decidieron mudarse a una casa más grande. Adoptaron un gato gris.
Le pusieron de nombre "Mochi".
Aunque Levi insistía en que no quería mascotas, terminó siendo quien más consentía al pequeño gato.
-No digas que no te gusta.
-Solo necesita comida.
-Le compraste una cama nueva.
-La anterior era incómoda.
-Y también juguetes.
-Para que no rompa los muebles. Lilian soltó una carcajada.
-Claro... seguro es solo por eso. Las estaciones siguieron pasando.
Primavera.
Verano.
Otoño.
Invierno.
Y con cada año que transcurría, el amor entre ambos se hacía más fuerte. No necesitaban regalos costosos. Ni grandes demostraciones.
Les bastaba con compartir una taza de café al amanecer.
Leer juntos.
Ver películas mientras el gato dormía entre los dos. O caminar de la mano por las calles iluminadas.
Una noche, mientras contemplaban las estrellas desde el jardín de su casa, Lilian rompió el silencio.
-¿Sabes qué es lo que más amo de ti? Levi levantó una ceja.
-No.
-Que siempre encuentras la forma de hacerme sentir segura... incluso cuando no dices nada.
Él permaneció callado unos segundos. Después tomó suavemente su rostro.
-Yo también tengo algo que decir. Lilian lo miró sorprendida.
-No soy bueno hablando.
-Lo sé.
-Pero contigo... encontré el lugar donde quiero estar.
Los ojos de Lilian se llenaron de lágrimas.
Levi la abrazó con fuerza.
-Te amo. Ella sonrió.
-Yo también te amo, Levi.
Bajo el cielo estrellado, entre risas, abrazos y promesas, ambos comprendieron que la felicidad no siempre estaba en las grandes aventuras.
A veces, el verdadero amor se encontraba en los momentos más simples, compartidos con la persona correcta. Y así, Levi Ackerman y Lilian Grey continuaron escribiendo su historia, una página a la vez, construyendo un hogar lleno de paz, confianza y un amor que parecía destinado a durar toda la vida.