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Prólogo

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Antes de cruzar caminos

"Hay personas que llegan a tu vida como una canción que nunca habías escuchado. Al principio solo llaman tu atención; después, sin darte cuenta, terminan formando parte de ti."

El arte tenía una curiosa manera de unir personas.

A veces lo hacía a través de una melodía que alguien tarareaba sin pensar. Otras, mediante un cuadro capaz de transmitir más emociones que cualquier conversación. Había quienes encontraban refugio entre pinceles, quienes preferían esconderse detrás de una cámara y quienes solo necesitaban cerrar los ojos para dejarse llevar por una voz.

Nadie imaginaba que, en un campus donde la creatividad parecía respirarse en cada rincón, dos personas estaban a punto de convertirse en la inspiración más importante de la vida del otro.

Todavía no lo sabían.

Ni ellos.

Ni nadie.

...

El edificio principal de la Facultad de Artes recuperaba poco a poco el movimiento después de las vacaciones. En los pasillos se mezclaban risas, saludos y el sonido de instrumentos que escapaba de algunos salones donde los estudiantes más entusiastas habían llegado antes para practicar. Más adelante, el olor a café recién preparado salía de la cafetería mientras algunos profesores caminaban con carpetas llenas de listas y horarios.

Era el primer día de clases.

Y, como cada semestre, el campus estaba lleno de historias que apenas comenzaban.

POV Alejandro

El lápiz se detuvo justo cuando Alejandro terminó de marcar la última sombra sobre el papel.

Observó el dibujo unos segundos, inclinando ligeramente la cabeza. Nunca sabía en qué momento un boceto estaba realmente terminado; siempre encontraba algún detalle que podía mejorar.

-Ale, si no bajas en este instante, me voy a comer tus hot cakes.

La voz de Kenneth atravesó toda la casa.

Alejandro levantó la vista al techo con una sonrisa resignada.

-¡Ni se te ocurra!

-Entonces apúrate.

Guardó con cuidado la libreta de dibujo dentro de su mochila y salió de la habitación casi trotando. Apenas puso un pie en la cocina, Kenneth ya estaba sentado frente a su plato con el tenedor en la mano.

-Mira quién decidió aparecer.

-Todavía ni empiezas.

-Pero ya estaba pensando en hacerlo.

-Qué abusivo.

-Qué lento.

Su madre soltó una pequeña risa mientras dejaba otra taza de café sobre la mesa.

La escena era tan cotidiana que ninguno de los tres necesitaba esforzarse para seguirle el juego al otro.

Después del desayuno, Alejandro tomó su mochila y revisó por costumbre que llevara su estuche de lápices. Lo abrió, contó cada uno y volvió a cerrarlo.

Solo entonces respiró tranquilo.

Primer día del semestre.

Nuevos profesores.

Nuevos proyectos.

Y, con un poco de suerte, ninguna exposición durante la primera semana.

No era una petición demasiado ambiciosa.

O al menos eso quería creer.

POV Gabriel

El despertador sonó apenas unos segundos antes de que Gabriel lo apagara.

Llevaba despierto desde hacía casi media hora.

Tenía la costumbre de levantarse temprano, preparar un café y dedicar unos minutos a calentar la voz antes de salir. No importaba si había ensayo o no; era una rutina que había mantenido durante años y que lo ayudaba a empezar el día con la mente despejada.

Mientras terminaba de guardar una carpeta con partituras dentro de su mochila, sonó una notificación en el celular.

Lucas: ¿Ya vienes o te volviste a perder?

Gabriel sonrió.

Gabi: Ya voy.

La respuesta apareció casi de inmediato.

Lucas: Eso dijiste hace diez minutos.

Negó con la cabeza divertido antes de guardar el teléfono.

Desde que había llegado a México unas semanas atrás gracias a un programa de intercambio, Lucas había sido una de las primeras personas con las que realmente conectó. Compartían clases, gustos musicales y un sentido del humor sorprendentemente parecido, así que la amistad surgió con una naturalidad que ninguno de los dos esperaba.

Cuando finalmente lo encontró cerca de la entrada de la Facultad de Música, Lucas levantó una mano para saludarlo.

-Pensé que ibas a llegar después que los profesores.

-En verdad salí temprano.

La frase salió con ese ligero acento puertorriqueño que hacía que algunas erres sonaran suavizadas, casi como una ele. No era algo que Gabriel intentara corregir; simplemente era parte de él.

-Claro, y yo soy puntual.

-Tú exageras.

-Y tú siempre encuentras cómo convencerte de que no llegas tarde.

Gabriel soltó una risa baja mientras ambos entraban al edificio.

Narrador

Apenas unos metros separaban la Facultad de Música del edificio de Artes Plásticas.

Cada mañana, decenas de estudiantes cruzaban el patio central sin prestar demasiada atención a quienes caminaban en dirección contraria.

Entre ellos iban Gabriel y Alejandro.

Todavía eran dos desconocidos.

Uno cargaba una carpeta llena de partituras.

El otro llevaba una mochila manchada de grafito y pintura.

Sus caminos parecían avanzar en paralelo, sin intención de encontrarse.

Sin embargo, bastaba un cambio de grupo de último momento, un proyecto interdisciplinario y un asiento vacío para que el destino hiciera lo suyo.

Años después, ninguno recordaría qué llevaba puesto ese día.

Ni qué había desayunado.

Ni siquiera la hora exacta en que se conocieron.

Lo único que ambos recordarían con absoluta claridad sería la primera frase que intercambiaron.

-¿Está ocupado?

Y, sin saberlo, esa sencilla pregunta se convertiría en el primer trazo de una historia que ninguno de los dos imaginó vivir.


¨Pero si tu me miras asi, no me queda de otra mas que enamorarme, y tal vez besarte...¨

Antes de besarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora