El Sol y la Luna
El sol despuntaba en el horizonte, tiñendo el cielo con pinceladas de oro y carmín. Para Kara, contemplar el amanecer no era solo una rutina; era un ritual sagrado, su manera de conectar con la tierra y respirar antes de que el mundo despertara. Pero la mañana de hoy guardaba un misticismo diferente, un brillo más especial. Se acercaba el cumpleaños de su pequeño rayo de luna: su hija, Lorelay.
Mientras sus ojos azules captaban los primeros rayos de luz, los engranajes de la memoria de la Alfa comenzaron a girar, arrastrándola inevitablemente hacia el pasado. No pudo evitar recordar cómo su vida había dado un vuelco absoluto desde aquel fatídico día en que fue secuestrada. Aquella experiencia, que en su momento pareció la peor de las tragedias y una declaración de guerra de la casta más baja, terminó convirtiéndose, por obra de los dioses, en el inicio de su más hermosa aventura.
Inmersa en la melancolía de sus memorias, un sutil cambio en el viento la trajo de vuelta al presente. El aire se inundó de un aroma familiar, cálido y envolvente, capaz de apaciguar al lobo más salvaje. Sintió su presencia antes de escuchar sus pasos. Aquella mujer que se había convertido en su columna vertebral, la que le había enseñado el verdadero significado de amar y quien ahuyentaba sus pesadillas cada noche. Su esposa. Su luna. Lena.
-Buenos días, mi sol. Ya despierta, como siempre -pronunció una voz suave, arrastrada por la brisa matutina.
Con una sonrisa franca y los ojos encendidos de devoción, Kara se giró para recibir a su Omega.
-Sabes que no puedo perderme un amanecer sin dar gracias por la hermosa vida que tengo, luna mía.
-Lo sé, mi sol -respondió Lena, acercándose con esa elegancia innata que ni el origen más humilde había podido arrebatarle-. Pero en pocas horas tendremos a un torbellino de cabellos rubios y ojos esmeraldas saltando por toda la casa, preguntando impaciente dónde está su madre Alfa.
Kara soltó una carcajada limpia, un sonido que resonó con la fuerza de su antiguo linaje. Con movimientos firmes pero cargados de una ternura infinita, tomó a Lena por la cintura, rompiendo la distancia entre ambas para atraerla contra su cuerpo.
-Doy gracias a los dioses por ese hermoso torbellino que me has dado, mi pequeño rayo de luna -susurró Kara sobre sus labios, antes de sellar la promesa con un beso pausado, profundo, que reafirmaba el lazo inquebrantable que las unía.
Lena se separó apenas unos milímetros, con las mejillas ligeramente encendidas y una sonrisa que rivalizaba con el mismísimo amanecer.
-Vale, mi Alfa. Vamos a despertar a nuestro torbellino y comencemos la celebración de su quinto cumpleaños.
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Plata y Colmillos: El lazo de invierno
FanfictionSinopsis: En un continente dividido entre el misticismo del Norte y el avance implacable del Sur, el destino une a Kara Zor-El, la indomable Hija Roja y general de los clanes licántropos, con Lena Luthor, la princesa exiliada de una dinastía obsesio...
