«Hay personas que no regresan porque nunca se fueron completamente.»
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Durante mucho tiempo pensé que las personas tenían una sola oportunidad de llegar a nuestra vida. Que existía un momento exacto donde alguien aparecía, dejaba una huella y después se convertía en un recuerdo más de los tantos que guardamos con el pasar de los años.
Pero estaba equivocada.
¿Cuántas capas de piel tenemos que mudar para convertirnos en extraños de nosotros mismos?
Cambiamos de gustos, de ciudades, de miedos. Aprendemos a nombrar el dolor de otra manera, dejamos atrás versiones de nosotros que alguna vez creímos eternas y, sin darnos cuenta, nos convertimos en personas completamente distintas. Y es justo ahí, cuando estrenamos una nueva piel, donde la vida decide volver a cruzar nuestros pasos con alguien del pasado.
No solía creer en el destino. Siempre me burlé de la idea de «si son el uno para el otro, el tiempo se encargará de unirlos»; pasé muchos años creyendo que la vida era solo un tablero de ajedrez donde cada movimiento dependía puramente de nosotros. Pero entonces la vida te sacude, te cruza con la persona correcta en el momento menos pensado y te enseña que existen hilos invisibles que simplemente no podemos controlar.
Y aquí estoy, escribiendo sobre el destino, el tiempo y el amor.
¿Qué tanto tuve que cambiar para pensar así?
No tengo idea.
Lo que sí sé es que hay personas que simplemente nos caen del cielo.
Y así fue con él.
Podría usar más de mil palabras para describirlo, pero no hay otras más perfectas que esas:
Me cayó del cielo.
Llegó a mi vida cuando menos lo esperé. Sin embargo, esta no es solo una historia de amor; es la historia de dos personas que aprendieron a vivir el uno sin el otro. Dos personas que tuvieron que madurar, aceptar sus propias sombras y aprender a convivir consigo mismas antes de volver a encontrarse.
Nunca fuimos perfectos.
Y, aun así, descubrimos que incluso la imperfección puede parecer suficiente cuando dos personas deciden quedarse. Porque el amor no nace del error, sino de la elección. Una elección que se hace cada día, incluso cuando da miedo.
No tenía idea de que Deivid sería la línea que dividiría un antes y un después en mi vida. Hoy me cuesta recordar cómo era mi vida antes de él; me cuesta recordar quién era aquella versión de mí que todavía no conocía el peso de ciertas despedidas.
A veces me miro al espejo e intento buscar un rastro de esa chica: la que vivía bajo una rutina predecible, la que temía a los imprevistos y creía tener el control de sus días. Hoy no queda casi nada de ella.
Podría culpar al amor.
Podría culparlo a él.
Pero la verdad es otra.
Fui yo quien cavó la fosa y enterró esa versión con sus propias manos.
Porque, al final...
¿Y si algunas personas están destinadas a encontrarse incluso después de haberse perdido una eternidad?
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Todas Las Veces Que Te Encontré
RomantikHay personas que llegan a nuestra vida una sola vez. Otras, en cambio, encuentran la forma de regresar cuando ya no somos quienes éramos. Esta es la historia de una chica que aprendió a amar, a perder, a romperse y, sobre todo, a encontrarse a sí mi...
