Light

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Frío. Eso era lo que se sentía en el ambiente. Un frío gélido y punzante que atravesaba lo más profundo de sus huesos. Un mar rojo extendiéndose frente a sus ojos, en donde tenía la mirada fija para no perder el conocimiento, no aún, no cuando estaba tan cerca y al mismo tiempo tan lejos. Sus ojos se estaban cerrando mientras luchaba por avanzar entre ese mar de sangre y muerte, hasta que lo escuchó...una voz suave y melodiosa que se sentía como un bálsamo para su alma rota y sin esperanza, al levantar la vista encontró el hermoso rostro de un joven pelinegro, algo mayor que él, que irradiaba tranquilidad y calma a pesar de la situación a su alrededor, como un ángel. Y esos ojos, unos ojos profundos y oscuros, los cuales parecían albergar el mundo en esa triste mirada.

--...Niño, deseas vivir?--

Asintió, con las pocas fuerzas que le quedaban.

--...Hm, bien. Vendrás conmigo y me servirás--

Y tan pronto pronunció esas palabras, el bello extraño sonrió levemente y dió ordenes a los hombres a su alrededor, las cuales no pudo escuchar ya que estaba perdiendo el conocimiento poco a poco, la ultima imagen que vió antes de que sus ojos se cerraran completamente fue a ese ángel alejándose en su caballo negro como el ébano.

Esa fue la primera vez que lo vió, y también la única en años.

Pero esos hermosos y aterradores ojos nunca dejaron sus recuerdos.

Cuando despertó, el olor a incienso fue lo primero que percibió, un olor fuerte que hacía picar su nariz, al levantar su mano, un dolor punzante lo atravesó, miró hacía abajo y cayó en cuenta de donde estaba

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Cuando despertó, el olor a incienso fue lo primero que percibió, un olor fuerte que hacía picar su nariz, al levantar su mano, un dolor punzante lo atravesó, miró hacía abajo y cayó en cuenta de donde estaba. Una habitación fría y rodeada por la oscuridad, apenas iluminada por una vela en la mesa junto a su cama, inmediatamente se alarmó y a pesar del dolor, intentó levantarse, fracasando estrepitosamente y cayendo al suelo, su grito ahogado haciendo eco en la vacía habitación, y unos segundos después de su caída, la puerta se abrió con calma y un hombre rubio emergió de ella con una vela para iluminar su rostro, el cual poseía una belleza que lo dejo atónito, era acaso un príncipe?, debía inclinarse?, no, ni siquiera podría hacerlo si quisiera, su cuerpo estaba herido, totalmente inútil por el momento, ni siquiera podía arrastrarse sin querer llorar del dolor.

--Por fin despertaste, creí que no lo harías, tus heridas son graves, niño--
El hombre habló, su voz era suave y armoniosa, seguramente era bueno cantando, su madre solía decir que las personas con las voces más suaves eran los mejores cantantes.

Espera...es cierto, su madre, la gente de la aldea.
Con toda la fuerza que pudo reunir, habló, su voz rota y ronca por haber dormido por un tiempo prolongado.

--La-...La gente, de la aldea, dónde están?, y mi madre, ella, logró escapar...?--
El peligris miró al hombre, esperando una respuesta con esperanza.

El rubio dirigió su mirada hacia él, luego a la cama, y luego a él otra vez antes de suspirar y tomar asiento en una silla junto a su cana que Till no había notado antes debido a la oscuridad.

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⏰ Last updated: Aug 05 ⏰

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