Pov:
El locutor de la radio anunció el final de la canción, pero el eco de la voz de Cerati aún parecía flotar entre las tazas de café vacías. Los treinta minutos de tregua se habían consumido como un cigarrillo olvidado. Sunoo, con un suspiro que mezclaba cansancio y decepción, comenzó a recoger su taza, sintiendo que el breve momento de paz se le escapaba entre los dedos.
Sunghoon, por su parte, se sentía como si despertara de un sueño profundo. Sus sentidos vampíricos, que usualmente captaban cada ruido de la ciudad con una agudeza hiriente, se habían relajado de una forma que le resultaba ajena. Sin embargo, al notar que Sunoo se ponía de pie para volver a ponerse el delantal, el cazador en su interior volvió a erguirse.
-Es hora de volver a la realidad -dijo Sunoo, dedicándole una sonrisa pequeña-. Gracias por... hablar. Casi olvido que aquí adentro se puede estar tranquilo.
-La tranquilidad es un lujo en esta ciudad, Sunoo. Úsala bien -respondió él, imponente en su abrigo negro.
Cuando Sunoo se dio la vuelta para regresar a la barra, no se percató de lo que Sunghoon detectó al instante. A través del cristal empañado por la lluvia, una silueta delgada y alta estaba parada en la esquina oscura del callejón. Sunghoon reconoció esa energía de inmediato. Era una presencia fría, salvaje y peligrosa. Otro de su especie.
Pero lo que hizo que la sangre congelada de Sunghoon diera un vuelco de puro horror fue ver a la silueta levantar la mano y saludar a Sunoo a través del vidrio con una sonrisa inocente.
Era Ni-ki.
Para el mundo humano, Ni-ki era solo el chico menor que iba a la misma preparatoria que Sunoo y que a veces pasaba a visitarlo al final de su turno. Pero para Sunghoon, que conocía los secretos de la noche, Ni-ki era un vampiro neófito, uno de los más despiadados de la zona baja, controlado por un hambre insaciable y malas intenciones. Ni-ki no buscaba proteger a los humanos; los veía como simples juguetes. Y ahora tenía los ojos puestos en Sunoo.
Sunoo, al ver a su amigo afuera, sonrió con entusiasmo y caminó hacia la puerta trasera para abrirle, pero Sunghoon se movió con una velocidad irreal, interceptándolo antes de que pudiera tocar la manija. Lo detuvo con una mano firme en el hombro.
-Espera -dijo Sunghoon, y su voz sonó más ronca y autoritaria de lo habitual.
-¿Sunghoon? ¿Qué pasa? Es solo Ni-ki, viene a acompañarme a la estación de autobuses junto con Jungwon -explicó Sunoo, confundido por la repentina brusquedad del mayor.
-No salgas por esa puerta, Sunoo. Hazme caso -interrumpió Sunghoon, sin dejar de mirar fijamente hacia el cristal, donde los ojos de Ni-ki se habían clavado en él con un destello plateado lleno de burla y desafío-. Te espero en la entrada principal. No te muevas de la luz de la cafetería hasta que yo regrese. Promételo.
Sunoo, contagiado por la absoluta seriedad y el frío que emanaba de Sunghoon, asintió lentamente, asustado.
-Está bien... lo prometo.
Sunghoon no esperó más. Giró sobre sus talones y salió directamente hacia la penumbra del callejón trasero. El aire afuera era helado y el agua repicaba contra el pavimento. Ni-ki lo esperaba apoyado contra la pared de ladrillos, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta de cuero, luciendo terriblemente joven pero con una mirada cargada de una malicia ancestral.
-Vaya, vaya... el gran Sunghoon bajando de sus nubes -siseó Ni-ki, dejando ver un milímetro de sus colmillos mientras soltaba una risa burlana-. No sabía que te gustaba jugar a la casita con los humanos. Sunoo es bastante dulce, ¿verdad? Su sangre debe saber a gloria.
-Aléjate de él, Ni-ki -sentenció Sunghoon, dando un paso al frente mientras el ambiente a su alrededor se congelaba por completo-. No te lo voy a repetir. Si le pones un solo dedo encima, me encargaré de que no vuelvas a ver la luna.
-¿Ah sí? ¿Tú solo contra mi grupo? -Ni-ki sonrió, ampliando la provocación-. Heeseung me dio permiso de cazar en este sector de la ciudad. Y tú sabes que nadie desobedece a Heeseung. Disfruta tus treinta minutos de tregua, Sunghoon... porque la ciudad de la furia siempre tiene hambre.
Ni-ki dio un paso hacia atrás y se desvaneció en la niebla del callejón antes de que Sunghoon pudiera atacarlo, dejando una risa eco en el aire. Sunghoon se quedó solo bajo la lluvia, con los puños apretados. El peligro no era solo Ni-ki; Heeseung, el vampiro más antiguo y peligroso de Seúl, estaba involucrado. Y en medio de esa guerra silenciosa, estaba Sunoo.
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Al Amanecer
FanfictionFanfic Sunsun (Sunghoon and Sunoo) Historia mía! Hecho por: Evan (Valesita)
