En el umbral de una calurosa mañana de verano en 1967, precisamente a las 9:43 horas, las manecillas del destino marcaron el nacimiento de un primogénito en la fría sala de un hospital general. Aquel infante recibiría el nombre de Tung Tung Sahur. Para el severo Padre Tung, el niño representaba el más genuino de los orgullos, aunque su afecto se manifestara exclusivamente a través de una pedagogía de mano dura y rigurosa disciplina. Criado bajo el yugo de la severidad absoluta, el joven Tung creció en un entorno donde su voz carecía de peso y la sumisión era la única respuesta permitida.
A la edad de siete años, Tung Tung ingresó formalmente a la academia elemental. Fue en aquellos patios escolares donde sus pasos se cruzaron con tres figuras cardinales: Andrés, un alumno de talante altivo perteneciente al grado 4-2; Jorge, un chico sagaz del aula 3-2; y finalmente Ana, una estudiante del grado 4-1 cuya sola presencia desató el primer y más devastador amor en el joven corazón de Tung Tung Sahur.
Una tarde, durante el bullicio del recreo, mientras la población escolar se entregaba a los placeres del almuerzo, Tung decidió armarse de un valor inusitado para confesarle sus sentimientos a Ana. Con el pulso acelerado y los nervios a flor de piel, se aproximó a ella y le dijo:
—Ana, sería capaz de consumar cualquier sacrificio con tal de asegurar tu compañía por el resto de mis días.
Al escuchar tal nivel de devoción, las pupilas de la astuta niña se dilataron con una mezcla de interés y conveniencia. Con una sonrisa enigmática, le respondió:
—Tung, en este preciso instante mi intelecto se encuentra nublado por la inanición. No es prudente tomar decisiones con el estómago vacío. Si tus palabras son sinceras, ¿podrías despojar a Andrés de la salchipapa que está consumiendo?
La insólita petición consternó profundamente al joven, a quien en el entorno escolar ya conocían como Triple T. Preso de la ansiedad y la preocupación, le sugirió que sería considerablemente más fácil y pacífico adquirir una porción idéntica en el quiosco de la escuela. Sin embargo, Ana, adoptando un tono gélido e irritado, le recordó sus propias palabras: "Haría lo que fuera con tal de que estés conmigo el resto de tu vida". Ante el pánico de ser rechazado y ver el enfado de su amada, Tung Tung terminó por ceder.
Mientras se aproximaba a Andrés, Tung meditaba su estrategia. Concluyó que el protocolo correcto dictaba solicitar el alimento cortésmente y, ante la inevitable negativa, emplear la fuerza bruta. Al abordar a Andrés y formular la petición de forma comedida, este no pudo contener una sonora carcajada ante una propuesta tan extravagante. Aquella risa fue el detonante: mientras Andrés se mofaba, Triple T acomodó su centro de gravedad y descargó un formidable derechazo que impactó de lleno en el rostro de su compañero, fracturándole el tabique nasal.
El brote de sangre horrorizó a Tung, quien por un instante creyó haber cometido un homicidio. Preso del pánico, arrebató la salchipapa y huyó a toda prisa. Entregó la ofrenda a Ana justo cuando el timbre del colegio anunció el término del recreo. Dado que Tung pertenecía al grado 4-4 y debía asistir a otra aula, se vio obligado a separarse de ella, cargando con un corazón desbocado que oscilaba entre la ilusión romántica y la culpa de haber agredido a su amigo. Entre pensamiento y pensamiento, las horas de clase se desvanecieron en un suspiro.
Al término de la jornada, Tung Tung corrió al encuentro de Ana. Ella, poseedora de un cociente intelectual notablemente superior al promedio, determinó con fría prudencia que analizaría la propuesta en la privacidad de su hogar, advirtiéndole que no diera por sentado un rechazo, pues el abanico de posibilidades permanecía abierto.
Exaltado por la esperanza, Tung emprendió el regreso a su hogar saltando de alegría. No obstante, la euforia se disipó súbitamente al ser acorralado en un callejón oscuro por Andrés y Jorge, quienes buscaban retribución. Comprendiendo que la retirada era imposible, Tung Tung se armó de un valor desesperado y decidió plantarles cara. La contienda fue de una intensidad salvaje: haciendo uso de una fuerza desmedida, terminó por dislocarle el hombro a Andrés y propinarle heridas de extrema gravedad a Jorge. Al contemplar la magnitud de los daños, el temor a las consecuencias le provocó náuseas instantáneas.
Con el arrepentimiento calando en sus huesos, regresó a su residencia. Fue durante el almuerzo —mientras degustaba un aromático plato de arroz con pollo cocinado al estilo tradicional— cuando el televisor de la sala transmitió un reporte de última hora:
—Dos niños de aproximadamente once años fueron hallados en un callejón de Loquendocity en estado crítico. Uno presenta una luxación severa y el otro múltiples fracturas, encontrándose este último bajo pronóstico reservado en la unidad de cuidados intensivos. Los informes preliminares indican que las víctimas venían saliendo de la academia Prepuciverciti. Las autoridades despliegan un operativo riguroso para dar con el paradero del responsable.
Fue en ese instante cuando Tung Tung escuchó las palabras más desgarradoras que jamás habrían salido de la boca de su madre:
—Qué horror. Ojalá atrapen a ese criminal y lo maten; es lo mínimo que merece.
Al escuchar la sentencia materna, Tung cobró perfecta conciencia de la gravedad de sus actos. Sin embargo, lejos de amedrentarse, una extraña metamorfosis psicológica operó en él: comenzó a deleitarse con la perversa fascinación de saberse el individuo más buscado de la ciudad, un fugitivo al que la sociedad desearía ver crucificado o quemado vivo.
Al día siguiente, tras el retorno a las actividades cotidianas, Ana citó a Tung en el área de los baños para garantizar confidencialidad absoluta. Con una mirada calculadora, dictó sus condiciones:
—He sopesado bien la situación y considero que haríamos una buena pareja. No obstante, debes tener plena certeza de algo: si no cumples con cada una de mis demandas o caprichos, esta relación se disolverá de manera irrevocable.
Sin el menor atisbo de vacilación, Tung Tung aceptó el trato, sellando de esta manera el inicio de la época más sombría, turbulenta y violenta de toda su existencia. Aquel niño dócil quedaba oficialmente sepultado, dando paso a la leyenda del submundo que todos conocerían con temor bajo el alias de Triple T.
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Tung Tung redemption
Romancetung tung tras un golpe de realidad se daría cuenta del todo el daño que ha hecho, buscando el perdón de todo aquel que lastimo, tung tung se ve envuelto en problemas e historias que le ayudarán a crecer como persona
