Sana y jihyo, dos mujeres con el corazón suficientemente grande para amar pero con el ego el doble de grande, ninguna de las dos está dispuesta a mostrar su lado vulnerable frente a la otra... ¿el amor logrará hacer que su ego caiga por la otra?
-sa...
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♪Jh
Mire los papeles frente a mi y después suspire con fuerza, ya era la tercera vez que corregía estos malditos papeles y la perra de mi jefa no estaba convencida ni una sola vez de mi trabajo. Es cierto, la empresa estaba creciendo como nunca, podía ver a todos trabajar intensamente, pero si ella trabajaba todo el día imaginen como estaba su secretaria.
Fruncí el ceño y miré por última vez estos papeles, me puse de pie y caminé hacia la oficina de mi jefa, las persianas de las ventanas de su oficina estaban cerradas así que no podía ver que carajos estaba haciendo...
Toque dos veces la puerta, sin respuesta, volví a golpear la puerta y por un segundo dude si estaba ahí adentro. Pero no la vi salir. Toque otra vez sin respuestas.
Abrí la puerta de su oficina, igualmente ni estaba cerrada, miré hacia en medio de la oficina donde estaba su escritorio, ella y un gran ventanal que dejaba ver toda la hermosa ciudad de Boston, joder era lo único bueno en lo que podía pensar ahora mismo.
—agh, ¿no te enseñaron a preguntar antes de entrar o que carajos?— si, la hermosa ciudad de Boston era lo único bueno que tenía en ese momento, la voz de mi jefa salió tan venenosa y la odio, como nunca he odiado a alguien.
No se si lo hace queriendo pero siempre consigue sacarme de mis casillas y miren que yo soy alguien muy paciente. Pero cuando empezó a atacar mi cuerpo mis facciones no pude evitar sentirme a la defensiva con ella.
—toque pero usted no respondió— ataque con el mismo tono con el que ella me habló, nuestras miradas se encontraron y por un segundo todo mi cuerpo tembló. Okey, no voy a negar que es una mujer en todo el sentido de la palabra.
Es jodidamente sexi, elegante, hermosa e impone tanto como un hombre quisiera, hace templar a toda la oficina con sus palabras, pero a mi no, podrá ser la persona con más presencia del mundo, pero se perfectamente lo que es ella, una niña engreída nacida en cuna de oro, que no sabe lo que es esforzarse de verdad.
—tengo lo que me pidió.
Camine hacia donde estaba ella pero me detuvo levantando el dedo, ESO, eso es lo que más odio de ella que se cree dueña del maldito mundo y bueno es cierto que su familia fue y es muy influyente en Boston y en gran parte del continente, pero no le da el derecho de tratarme así.
Esa actitud suya la noté desde la primera vez que hablé con ella. Lo primero que pensé fue en lo atractiva y sexi que se veía ahí parada en medio del salón de reuniones al lado de su padre, el señor minatozaki, pero aunque fuera la chica más linda del planeta no le quita lo perra que fue cuando nos presentaron.
Fui amable y le dije que estaba completamente a su disposición, soy su secretaria después de todo, llevo años trabajando para las empresas minatozaki, y por la buena paga y el buen tratado de su padre creí que sería una buena idea mencionar eso.