Capítulo 1
Londres nunca dormía.
Las calles permanecían vivas incluso cuando el cielo gris amenazaba con otra de sus interminables lluvias. Los autobuses rojos recorrían la ciudad como si siguieran una rutina perfectamente ensayada y la gente caminaba con prisa, como si cada segundo perdido fuera un lujo que no podían permitirse.
Entre toda aquella multitud estaba Sienna Carter.
A simple vista era una estudiante universitaria más. Mochila desgastada, auriculares colgando del cuello y un café en la mano casi todas las mañanas. Pero quienes la conocían sabían que era imposible describirla con tanta simpleza.
Sienna era un desastre perfectamente organizado.
Era intensa, impulsiva, habladora y demasiado curiosa para su propio bien. Tenía una energía inagotable que la llevaba a involucrarse en cualquier conversación, hacer preguntas que nadie se atrevía a formular y terminar, casi siempre, metida en problemas.
Pero también era brillante.
No porque la inteligencia le hubiera llegado por arte de magia, sino porque llevaba años sacrificando horas de sueño, fines de semana y cualquier distracción con tal de alcanzar el sueño que había perseguido desde que tenía memoria.
Convertirse en periodista.
No había un solo momento de su infancia en el que no apareciera con una libreta entre las manos entrevistando a sus vecinos, haciendo preguntas absurdas a sus padres o inventando reportajes sobre cualquier cosa que llamara su atención.
Mientras otros niños jugaban a ser superhéroes, ella fingía presentar las noticias frente al espejo.
Y jamás dejó de hacerlo.
Había crecido en un barrio humilde al este de Londres, rodeada de personas trabajadoras y calles llenas de recuerdos que jamás cambiaría por ningún otro lugar del mundo.
Sus padres eran dueños de una pequeña cafetería familiar.
No eran ricos.
Nunca lo fueron.
Pero habían logrado construir un hogar donde jamás faltó un plato de comida, una taza de chocolate caliente en invierno o un abrazo cuando las cosas salían mal.
Sienna era la hermana mayor de dos gemelos, Noah y Nathan.
Los quería con todo su corazón, aunque aquellos dos parecían haber nacido con un talento especial para volverla loca.
Entre bromas pesadas, peleas por el control remoto y carreras por toda la casa, habían convertido su infancia en una colección de recuerdos inolvidables.
Sin embargo, si había alguien que conocía a Sienna incluso mejor que su propia familia, esa persona era Elodie Brooks.
Dos años mayor.
Estudiante de Medicina.
Su mejor amiga desde que ambas aprendieron a pronunciar sus nombres.
Nadie entendía cómo seguían siendo amigas después de tantos años.
Ellas sí.
Porque eran exactamente el mismo tipo de desastre.
Se habían conocido el primer día de primaria cuando Sienna decidió subirse a una mesa para "dar un discurso" sobre por qué deberían eliminar las tareas. Elodie, en lugar de bajarla, empezó a aplaudir y convenció a medio salón de seguir la protesta.
Desde entonces fueron inseparables.
En la escuela eran un caos.
En secundaria...
