Conociéndose.

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Todo empezó una noche de invierno, estaba tranquilo, demasiado para ser verdad... Juan -quien se encontraba sentado en su sofá mientras leía un libro del reconocido autor Apolinar E. García- oyó un ruido... "¿Qué habrá sido eso? Qué miedo..." Pensó Juan, mientras temblaba de miedo casi llorando.

Cerró su libro, se puso de pie mientras acomodaba su corbata y bebía un poco de su coca cola para calmarse. Caminó en dirección de donde venía el sonido: La puerta.

«Toc toc» Sonó el ruido de unos nudillos contra la madera Antigua de Juancho -como le decía Diego, su amigo- Garibaldi arqueó una ceja, confundido, atónito, anonadado, asustado...

Quiso mirar por el pestillo de la puerta, pero fue en vano: no se podía ver nada. Había mucha neblina y llovía muy fuerte, la vista era limitada. Hasta que del otro lado, se escuchó una voz.

-¿Hola? ¿Hay alguien? Ayuda, por favor. Me estoy mojando.. -resonó la voz de un masculino.

Juan sin dudarlo ni dos veces (porque si lo pensaba de más no lo haría) giró el picaporte y abrió la puerta. Del otro lado había un señor.

Juan se quedó sorprendido, "Qué guapo que es..." pensó él mientras observaba a su contrario y sus mejillas se enrojecían involuntariamente. Se enderezó y respondió, un poco nervioso:

-E-eh, buenas noches... ¿Está bien? ¿Quién es usted? -preguntó mientras rascaba su barbilla.

-Buena noche, perdón por la molestia.. Me perdí, no sé dónde estoy y está lloviendo muy fuerte. -respondió su contrario sin titubear.

Juan se quedó parado mientras lo observaba unos segundos, ¿qué debía hacer? ¿Dejar pasar a un extraño a esta hora sería imprudente, y más con esta lluvia.
Se hizo a un lado y le hizo un gesto con la cabeza para que entre, el tipo entró, se secó los pies -mojados por la lluvia- en la alfombra del recibidor. Juan tomó su abrigo y lo colgó.

Luego de eso vino un silencio incómodo, para romper el hielo, juanchis dijo:

-Me llamo Juan.. Juan Ariel Garibaldi, soy abogado. -dijo con un leve orgullo en su voz, mientras peinaba su barba.

-Mucho gusto, Juan. Yo me llamo Apolinar, Apolinar Edgardo García.

Al oír ese nombre, Juan se quedó boquiabierto. "¿Qué demonios? ¿Era él? ¿Esto es real, che?" pensó de forma vulgar, como no lo haría un abogado tan cristiano y especializado como él.

-¿A-apolinar García? ¿El que escribió el libro de derecho Alfa-Omega para colegios? -preguntó con un leve tono de emoción en su voz «no lo demostraba, claro. No quería lucir ordinario».

-Así es, ese soy yo. -respondió con orgullo- ¿De dónde me conoce?

-¡Soy tu mayor fan! -se percató de lo que dijo y carraspeó, luego, desvió la mirada y la sostuvo en el suelo observando con desdén- Perdón, quise decir que me gustan mucho tus pensamientos.. Justamente estaba leyendo uno de tus libros.

Un amor por derecho jurídico Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora