Era una tarde gris, de esas en las que el cielo parecía sostenerse apenas sobre los edificios. Las nubes cubrían por completo el sol, el viento helado recorría las calles y la lluvia amenazaba con caer en cualquier momento. Para la mayoría era el tipo de clima que invitaba a quedarse en casa, acompañado de un café caliente y una manta. Para México, en cambio, era un día perfecto.
Siempre había encontrado cierta tranquilidad en ese ambiente. El frío despejaba su mente y el silencio que precedía a una tormenta le recordaba que, incluso cuando todo parecía en calma, bastaba un solo movimiento para que el caos se desatara.
Y él conocía el caos mejor que nadie.
México era uno de los líderes más importantes dentro del mundo criminal. A pesar de su juventud, había construido un imperio que muchos hombres con décadas de experiencia jamás lograron igualar. Su organización controlaba rutas comerciales, tráfico de información, lavado de dinero y una enorme red de contactos repartidos por distintos países. Tenía aliados en casi todos los continentes y enemigos en cantidades similares, aunque pocos se atrevían a enfrentarlo directamente.
Su nombre bastaba para abrir puertas... o para cerrarlas por miedo.
El respeto que inspiraba no provenía únicamente de su inteligencia o de la fortuna que había acumulado. Era un estratega excepcional, alguien que prefería ganar una guerra antes de disparar una sola bala. Sabía negociar cuando era necesario, manipular cuando convenía y destruir cuando ya no existía otra opción.
Además, poseía una presencia difícil de ignorar.
Alto, atractivo y con un físico trabajado durante años de entrenamiento constante, era imposible que pasara desapercibido. Los rumores sobre él recorrían los bajos mundos con la misma rapidez que sus negocios. Mujeres de todas partes buscaban llamar su atención, empresarios corruptos deseaban trabajar bajo su protección y hasta algunos gobiernos preferían mantener una relación diplomática antes que convertirlo en enemigo.
Parecía tenerlo todo.
Dinero.
Poder.
Influencias.
Lealtad.
Respeto.
Una organización que crecía cada año y un liderazgo que parecía haber nacido con él. Para cualquiera que lo observara desde afuera, México vivía una existencia perfecta. Pero toda persona poderosa tenía una espina clavada.
Y la suya llevaba por nombre Argentina...El líder de la mafia rival.
Aquella organización llevaba años ocupando el primer puesto entre las más poderosas del mundo criminal. Mientras la mafia mexicana seguía creciendo de manera constante, la argentina parecía haber nacido varios escalones por encima del resto. Recursos casi ilimitados, conexiones políticas, armamento de última generación y una influencia tan grande que incluso algunas organizaciones internacionales evitaban provocar conflictos con ellos.
Y Argentina lo sabía, lo sabía demasiado bien.
Si México era considerado una figura imponente dentro del bajo mundo, Argentina era prácticamente una leyenda. No solo dirigía la organización criminal más poderosa del planeta, sino que además parecía disfrutar cada segundo de la fama que aquello le otorgaba. Era un joven con una presencia imposible de ignorar; alto, de hombros anchos, facciones marcadas y una belleza que rozaba lo insultante. Sus ojos, siempre cargados de una confianza casi irritante, y esa sonrisa ladeada que rara vez abandonaba su rostro hacían que cualquiera volteara a verlo apenas entraba en una habitación.
BINABASA MO ANG
Pasos de tango (Argemex/Mafia)
FanfictionLa vida da muchas vueltas y los caminos jamás se detienen. No sé cómo explicarlo, pero para mí, tú eres el verde más hermoso entre todos los colores. Y el mas letal entre todos mis amores.
