El sol de la mañana entraba a raudales por los ventanales del piso 27 del edificio Hansung Food & Co, en el distrito de Gangnam. La oficina del CEO era un reflejo casi insultante del hombre que la ocupaba: líneas limpias, muebles de diseño minimalista en tonos grises, negros y cafés, una planta de interior que su secretario se encargaba de mantener viva porque el presidente jamás la regaba, y una vista panorámica de Seúl que la mayoría de los empleados consideraba la envidia del sector alimentario.
Para Kim Han-Seok, era simplemente el lugar donde pasaba demasiadas horas.
—¿Sabes que hay un rumor circulando por el departamento de marketing? —Habló su secretario.
Han-Seok ni siquiera levantó la vista del informe que tenía frente a él. Conocía ese tono. Ese tono específico significaba que su mejor amigo —y técnicamente su secretario, aunque el término «secretario» se quedaba corto para alguien que lo conocía desde siempre— estaba a punto de decir algo que a él no le iba a gustar.
—Los rumores del departamento de marketing rara vez valen la pena, Hyun-Jae. La semana pasada convencieron a media empresa de que íbamos a lanzar una línea de snacks con sabor a kimchi y chocolate.
—Eso fue un malentendido —Lee Hyun-Jae cerró la puerta de la oficina con suavidad, algo que Han Seok registró con una ceja alzada. Si cerraba la puerta, era grave—. Y además, el equipo de I+D sí está considerando algo parecido, pero no es el punto.
El joven secretario se dejó caer en una de las sillas frente al escritorio con la familiaridad de quien ha hecho ese mismo gesto miles de veces. Lee Hyun-Jae era todo lo que Han Seok no era en apariencia: cabello castaño claro peinado con un flequillo despreocupado, una sonrisa fácil y permanente en los labios, y una forma de vestir que bordeaba peligrosamente el código de vestimenta corporativo. Donde Han-Seok era hielo, Hyun-Jae era brisa de primavera. Quizás por eso su amistad funcionaba.
—Está bien —Han-Seok dejó el informe a un lado—. Suéltalo. ¿Qué rumor es tan importante que te hace cerrar la puerta?
Hyun-Jae apoyó los codos en el escritorio y entrelazó los dedos, su expresión se movió entre la diversión y la precaución.
—El rumor —anunció con pausa dramática— es que el director Kim, tu querido y honorable padre, le ha dicho al dicho a la señora Cho, que está buscando pareja para tí.
—¿Qué?
No fue exactamente un grito lo que salió de la boca de Han-Seok, él nunca gritaba. Pero la palabra salió de su boca con la fuerza de alguien que acaba de ver un semáforo en rojo cuando el coche ya venía hacia él.
—Tranquilo, jefe. Eso no es todo. La señora Cho, que como sabes tiene la boca más suelta que un grifo mal cerrado, se lo comentó a la gerente Park de recursos humanos, y la gerente Park se lo dijo a...
—Hyun-Jae.
—Vale, vale, al grano. —El secretario respiró hondo—. Tu padre no solo está buscando. Ya organizó algo. Una cita a ciegas. Con la hija de un socio comercial importante. Y es... mañana.
Esta vez Han-Seok sí se incorporó en su asiento.
—¿Mañana? —Su voz seguía siendo controlada, pero cualquiera que lo conociera bien y Hyun Jae lo conocía demasiado bien, podía detectar el pánico agazapado bajo la superficie—. ¿Mi padre organizó una cita a ciegas para mañana y yo me entero por medio de rumores?
—Técnicamente te estás enterando por mí. Que soy tu mejor amigo. Y tu secretario. Y la persona que te salva el trasero constantemente.
Han-Seok se pasó una mano por el cabello, despeinándolo ligeramente. A sus 27 años, era el CEO más joven en la historia de Hansung Food & Co., había expandido la empresa a cinco mercados internacionales en menos de cuatro años, y era respetado —temido, en realidad— por su ética de trabajo implacable y su mente estratégica. Pero cuando se trataba de su padre, el presidente Kim Myung-soo, seguía sintiéndose como un adolescente al que le revisaban las calificaciones.
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Contrato Con Mi Jefe
RomanceYoon Min-ji solo quería ayudar a su mejor amiga, aunque nunca pensó que una noche incómoda podría convertirse en mucho más que eso. Ahora, Minji estará atrapada en una mentira que crece cada día y en un contrato con su amargado jefe. ¿Qué pasará cua...
