Capítulo 1: ¿Así es ahora?

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Lily

¿Cómo puedes actuar normal cuando toda tu vida acaba de cambiar? Esa era la pregunta que me hacía mientras iba en el coche de mi hermano mayor, Ethan, de camino a su casa, mi nueva casa. En el coche había silencio, Ethan no me hablaba solo miraba a la carretera con una seriedad mayor a la normal, parecía que estaba enfadado, ¿lo estaba? ¿Conmigo? Desde aquel día no le había visto reírse, desde esa noche donde todo se fastidió, cuando él se dio cuenta.

En la parte de atrás del coche estaba Noah, mi hermano pequeño, normalmente cuando vamos en el coche con Ethan no para de contarnos sus aventuras con su mejor amigo, Mark, pero hoy no, justo el día que más necesito distraerme.
Al llegar a casa de Ethan se escuchó el llanto descomunal de mi sobrina, es decir, su hija Aylen, de tan solo meses. En la casa de Ethan, mejor dicho, mi nueva casa, también vivían su otra hija, Sophie, de 4 años y su novia Ella.

Al entrar a la casa Aylen ya dormía en los brazos de Ella. Ella se sentaba en el sofá, como si estuviera agotada, no entendía por qué las madres se cansaban tanto cuando cuidaban bebés. Sophie estaba viendo los dibujos, muñecos llamativos y sobre estimulantes que la entretenían.
— Ahora vivirán con nosotros... Sé que no es lo mejor, pero ahora están a mi cargo.— Ethan hablaba con un poco de pena, sabía que su casa no era nada comparado a nuestra antigua casa, pero a mí me parecía acogedora.

La casa tenía la cocina y el salón conectados, solo separados por una barra, que daba a entender que era donde comían. Detrás, justo al lado de la cocina había dos cuartos, el de Sophie y próximamente Aylen y el de Ethan y Ella. Un pequeño pasillo daba a otros dos cuartos, el de invitados (que seguramente sería el mío y el de Noah) y al baño, según Ethan no era mucho, pero a mí me gustaba, era acogedor, y se notaba el amor en el ambiente, nada comparado a nuestra antigua casa. Nada más entrar algo me llamó la atención, una estantería con 4 libros, pocos, pero suficientes, es más, era mejor para guardar los que yo ya traía.

— Vengan, les diré dónde van a dormir.— Ethan agarró nuestras cosas y nos acompañó al cuarto que mencioné antes, las paredes estaban pintadas de azul clarito y había dos camas separadas, una cómoda y un armario distribuidos para que no pareciera que la habitación estaba sobrecargada, había una televisión encima de la cómoda y una mesita de estudio con una silla aparentemente confortable, de pelitos, voy a poder leer en una silla cómoda, menos mal.

Ethan nos ayudó a colocar nuestra ropa, nos asignamos camas y nos dejó solos unos minutos para ir a ver a Ella y sus hijas. Noah se sentó en su cama, haciendo que esta rebotara un poco por el peso, entre los dos se instaló un silencio un poco incómodo.

— ¿A ti... también te hizo daño?— Noah preguntó sin mirarme, con la mirada fija en el suelo de madera. — Papá, digo...— Su cuerpo se tensó al nombrar a papá.

Papá era extraño, no era la descripción que buscabas sobre un padre normal, pero Noah era muy pequeño para saber lo que en realidad me pasaba con papá. Asentí con la cabeza, respondiéndole, sí me hizo daño, mucho, demasiado, pero Noah solo sabría un cuarto de lo que pasó.

— ¿Ahora vamos a vivir aquí? ¿Con Ethan?— Preguntó Noah, ahora sí mirándome, su cara reflejaba aceptación, iba a tener que aceptar la situación, quisiera o no.

— Sí... Pero mejor que en la antigua casa es, ¿no?

— Mientras Ethan no sea igual que papá si...— El silencio se volvió a instalar entre nosotros, un poco menos incómodo, pero sin dejar de serlo.

Las horas pasaron y poco a poco se hizo de noche, ese día cenamos arroz con pollo rebozado, estaba muy rico comparado a lo que había comido toda mi vida. Resulta que Ella estaba formándose para abrir un restaurante, aunque ya tenía lo de chef, le faltaba lo que se requiere para hacer un local (que a día de hoy tampoco sé que se necesita).

— Mañana es el primer día de clase, ¿no están emocionados?— Ella intentaba dar conversación algo interesante, lo que hizo que Noah se pusiera a hablar como un loro sobre Mark y todo lo que harían ese curso juntos, no le encontraba lo interesante, solo decía que iba a acompañar a Mark a sus revisiones médicas como si de una quedada se trataba. Mark tiene anemia y hemofilia, desde muy pequeño, lo que le proporciona muchas visitas médicas, pero eso no quita que pueda hacer deporte, a veces incluso, lo hace sin permiso de sus padres, está loco, ¿no?

Me quedé escuchando a Noah con una media sonrisa, yo no podía decir lo mismo, yo iba al instituto este curso, el instituto al que fue Ethan, papá me contó que él fue el mejor estudiante visto en mucho tiempo, los directores estaban asombrados por su nivel y yo Lynette Miller Álvarez, que llevaba su mismo apellido, no podía ser menos.

— Oye Lily, ¿no estás nerviosa? Entrar al instituto es un gran cambio, ¿no crees?— Ella preguntó y yo me quedé procesando sus palabras unos segundos, sí estaba nerviosa, estaba cagada de miedo, pero solamente asentí levemente.

— Lily ese instituto no es precisamente fácil, si fuera por mí te cambiaría, pero las plazas están ocupadas en el resto de centros y papá se encargó personalmente de inscribirte. El IES Monteverde es conocido por lo ejemplares que son sus alumnos, siempre que te cueste una asignatura me puedes avisar y te echo un cable, ¿qué te parece?— Ethan habló, normalmente se le veía serio, distante, pero ahora, ahora parecía con ganas de ayudar, de verdad, no como hace años, cuando le pedí ayuda con él.

Esa noche Ethan nos dio, tanto a Noah como a mí, un beso de buenas noches, el primero en años diría yo. Cuando Ethan se fue el silencio se instaló en la habitación, solo se oían los pequeños susurros de él y Ella desde su cuarto. Pensé que me iba a costar dormir, pero esto era otra cosa, casi ni podía cerrar los ojos, muchas preguntas invadían mi cabeza.

¿Esta es mi vida ahora?

¿El instituto será tan malo como Ethan dice?

¿Qué haría mamá ahora?

No la quiero cagar.

— Lily— Noah me sacó de mis pensamientos con una mirada triste. — No puedo dormir... — Noah musitó entre la oscuridad de la noche con un toque de inseguridad en su voz.

Le hice hueco en mi cama y él se tumbó, acurrucándose contra mí. Él temblaba un poco por los nervios y el estrés. — ¿Así vamos a vivir ahora? Ethan parece otra persona... — Su voz se quebraba con el pasar de los segundos. No era la primera vez que pasaba esto, llevábamos semanas en un centro y no podía dormir sin mí, supongo que ahora es costumbre para él dormir conmigo.

— Lo parece, pero también parece alguien mejor... ¿Recuerdas cuándo vivíamos los 3 con papá? Casi no nos miraba a la cara y ahora se supone que es nuestro tutor legal.

— ¿Dónde está papá? ¿Puede venir a buscarnos?

— Me tensé un poco ante la pregunta, nunca me había preguntado por él tan abiertamente, sabía donde estaba, pero no podía garantizar nuestra seguridad, no tan pronto.

— No sé Noah, pero ahora no nos podemos preocupar por eso, ahora tenemos que adaptarnos a vivir con Ethan y empezar el curso bien, ¿vale?

— Vale. — Noah relajó un poco el cuerpo contra mí segundos después de decirlo. — Te quiero...— Me dijo, para luego quedarse profundamente dormido.

Miré el techo, oscuro y algo sombrío, luego a la ventana, a mi izquierda, se veían luces fuera, probablemente farolas o casas en las cuales todavía no era hora de dormir. Con el pasar de los minutos fui intentando imitar la respiración de Noah hasta quedar dormida, al igual que él.

RENACERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora