El sol comenzaba a ocultarse sobre los tejados del Clan Himejima, tiñendo el cielo de tonos anaranjados que se mezclaban con el verde oscuro de los campos circundantes. En una de las casas más antiguas del poblado, los gritos contenidos de una mujer rompían el sosiego habitual de la tarde.
Mirko Himejima, en su habitación, apretaba las manos de la partera mientras luchaba contra el dolor del parto. Mientras tanto, en los campos de arroz a las afueras del pueblo, su esposo Souichirou recibió la noticia de un joven, quien llegaba corriendo con la camisa sucia de barro: "¡Señor Souichirou! La señora Mirko está a punto de dar a luz -gritó el chico entre jadeos-. El señor Saisyu lo espera en casa".
Sin pensarlo dos veces, Souichirou dejó la hoz sobre el suelo y comenzó a correr hacia el poblado, pisando fuerte el camino de tierra que unía los campos con las viviendas. Su corazón latía a mil por hora, mezclando emoción y miedo en igual medida.
En la sala de la casa, Saisyu -padre de Mirko y anciano respetado del clan- caminaba de un extremo a otro, pasando una y otra vez del estante con jarrones de cerámica al umbral de la habitación donde transcurría el parto. Sus manos temblaban ligeramente, aunque trataba de mantener la compostura que le correspondía como cabeza de familia.
De repente, la puerta se abrió de golpe y Souichirou entró jadeando, con el pelo desordenado y el rostro cubierto de sudor: "¿Cómo está Mirko? ¿Ya nació el bebe?" Pregunta Souichirou
Saisyu levantó la mano para calmarlo, aunque sus propios ojos reflejaban la misma angustia: "Tranquilo... Todavía no dicen nada. Solo debemos esperar".
En ese instante, la cortina de la habitación se apartó y la partera salió con una sonrisa amplia que iluminó su rostro cansado. En sus brazos, envuelta en una cobijita blanca bordada con hilos rojos, llevaba un pequeño paquete que movía suavemente: "¡Felicidades, señores! Es una linda niña -dijo, riendo suavemente mientras ajustaba la cobija-. Y con unas orejas muy largas, incluso para los estándares de nuestro clan".
Souichirou se acercó con paso tembloroso y tomó a la bebé en sus brazos. Al verla, una amplia sonrisa se dibujó en su rostro, y sus ojos se humedecieron ligeramente. Las orejas vulpinas de la niña, negras en la parte exterior y blancas en el interior, eran realmente más largas que las de cualquier otro miembro del clan recién nacido. Luego, levantó la mirada hacia la habitación de Mirko, sintiendo un profundo alivio y amor por ambas.
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Alma kitsune
FanfictionMomiji es una joven tímida perteneciente al Clan Himejima, cuya historia está marcada por un antiguo pacto con una entidad no terrenal. Durante generaciones, este acuerdo provocó guerras y desastres entre las 7 grandes ciudades, hasta que se propuso...
