Lo que la Ceniza nos dejó

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LO QUE LA CENIZA NOS DEJÓ

Novella

Arthur Rojas


Ginebra — Villa Diodati — Noviembre de 1822

ELENCO

MARC-ALEXIS DE SAUSSURE — Bibliófilo y librero anticuario ginebrino, descendiente de la estirpe del naturalista Horace-Bénédict de Saussure. Cuarenta y ocho años. Coleccionista de libros raros dotado de hiperestesia bibliográfica: la capacidad sensorial, casi patológica, de leer la historia oculta de un libro a través de los cinco sentidos.

LORD GEORGE GORDON BYRON — Poeta. Aristócrata inglés. Treinta y cuatro años. Viajero incurable, anfitrión de Villa Diodati. Propietario del yate Bolívar.

MARY WOLLSTONECRAFT SHELLEY — Escritora. Veinticinco años. Viuda de Percy Bysshe Shelley desde julio de 1822. Autora de Frankenstein; or, The Modern Prometheus (1818).

SIMÓN JOSÉ ANTONIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD BOLÍVAR Y PALACIOS — General. Treinta y nueve años. Libertador de Venezuela, Colombia y Ecuador. Huésped inesperado.

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WILLIAM FLETCHER — Mayordomo inglés. Doce años al servicio de Lord Byron.

MADAME PONTIER — Cocinera ginebrina. No habla inglés.

JEAN-PIERRE — Mozo de cuadra. Dieciséis años.

CÉLESTE — Doncella personal de Mary Shelley. De Lyon.

CAPÍTULO I — EL LIBRO EQUIVOCADO

La sala de subastas de Sotheby's en Londres olía, como siempre, a dinero viejo y ambición nueva.

Marc-Alexis de Saussure conocía ese olor desde los diecisiete años, cuando su padre lo llevó por primera vez a una prevista en Ginebra y le enseñó la diferencia entre un comprador y un coleccionista. "Un comprador", le dijo el viejo De Saussure mientras examinaba un incunable del siglo XV con guantes de algodón blanco, "quiere el objeto. Un coleccionista quiere la historia que el objeto no puede contarle a nadie más." Marc-Alexis tenía cuarenta y ocho años y seguía sin encontrar una definición mejor.

Ocupó su lugar habitual. Fila cuatro, lado derecho, cerca del pasillo. Posición de retirada, lo llamaba para sus adentros. No por cobardía. Por eficiencia. Mientras esperaba que comenzara la sesión, sus dedos tamborilearon una vez sobre la cubierta del catálogo y se detuvieron. Ese tamborileo único que Élise describía como "el morse de tu impaciencia" era la única fisura visible en su compostura.

El lote cuarenta y siete era lo que había venido a buscar.

Syv fantastiske Fortællinger. Copenhague, 1935. Primera edición danesa de los Cuentos Góticos de Isak Dinesen, encuadernación original en tela azul prusia, sello de la librería Gyldendal aún legible en la guarda interior. Dos días antes, en la sala de previstas, Marc-Alexis lo había examinado con los guantes puestos y esa concentración que sus colegas describían como sobrenatural y que él simplemente llamaba escuchar.

Sus dedos habían recorrido el lomo con la delicadeza de quien toca una herida reciente. El papel, ligeramente amarillento en los bordes pero firme en el centro, le había contado su historia sin necesidad de palabras: almacenado en ambiente seco, consultado pocas veces, amado desde la distancia por alguien que prefirió preservarlo antes que leerlo. Marc-Alexis había cerrado los ojos un momento, y en ese momento supo también, por el aroma dulce y mineral que despedía la encuadernación, que el libro había pasado al menos veinte años en una biblioteca escandinava con calefacción de madera. No carbón. Madera de abedul. Había una diferencia detectable si uno sabía dónde buscarla.

Lo que la Ceniza nos dejó Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora