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フラコ ⋅˚₊‧ ୨୧ ‧₊˚ ⋅
Todos en la escuela hablaban mal de Elizabeth.
Todos decían que era una "puta".
Gil tenía amigos que pensaban lo mismo, pero él nunca lo pensó así. De hecho, él solo veía a una chica que desde lejos se le veía lo linda y amable... pero que solo no ha tenido buena suerte.
Los rumores empezaron desde que el novio de una de las amigas de Liz empezó a hablarle, pero le dijo a su novia que fue Liz quien se quería meter con él.
Era receso, Gil y sus amigos andaban jugando futbol. Liz estaba sola, jugando roblox. Nadie la veía, a nadie le interesaba que pasaba con ella ni su vida.
Se levantó para ir al baño, y justo en eso.
Un balonazo en la cara.
Él se quedó viéndola por unos segundos, demasiado asustado porque le pegó con mucha fuerza, obvio no fue su intención pegarle, ella solo apareció en el momento equivocado.
—¿Eli estás bien? —tiró el balón y se acercó corriendo. —Perdóname te lo juro que no fue a propósito, por favor perdóname. —le decía casi suplicando. —Déjame ver.
Elizabeth se estaba tapando la cara porque le ardía horrible, hasta sintió que le entró tierra en un ojo, Gil le retiró la mano y pudo ver lo que él mismo le había causado. Tenía la mejilla demasiada roja y un ojo hinchado.
—Chin.. —murmuró. —Ven, vamos a buscar algo frío para la inflamación.
Pasó su brazo al rededor de su hombro para ayudarla a caminar, pero al primer paso que dio, pisó su teléfono que se había caído al suelo.
Cerró sus ojos con vergüenza y ya frustrado porque parecía que cada vez la regaba más.
Se agachó para recoger su teléfono y cuando se volvió a levantar chocó accidentalmente su cabeza e hizo que Elizabeth se mordiera el labio y se sacara sangre.
—Elizabeth... per-
—¡Ya déjame en paz! —le gritó y le arrebató el teléfono y se fue sola.
Él se quedó ahí viéndola, pensando si seguirla o no, porque... ¿qué tal que ahora le tumbaba un diente?
—¿Del uno al diez que tanto odias a Elizabeth? —se acercó riéndose uno de sus amigos.
—La cagué bien feo. Yo no quise pegarle... ni quebrar su teléfono, ni chocar con ella.
—No mames es que también tú, parece que querías que el balón llegara hasta China.
—La voy a ver.
—Ya déjala, hay que seguir jugando, se nos va a acabar el receso.
—No, ahorita vengo.
Empezó a buscar a Liz por toda la prepa, hasta que la vio sentada en una esquina, sobándose la cara con una compresa fría que había conseguido.
—Liz. —le habló y ella levantó la cara.
—Ni te me acerques Gilberto por favor.
—Por favor... ¿puedo al menos hacer algo? ¿Quieres agua, más hielo?
—Manteniéndote diez metros alejado de mí me ayudarías muchísimo.
Ya no sabía si seguir insistiendo, pero se sentía culpable. Liz había llorado del dolor y de la vergüenza todos lo vieron porque era en receso, algunos hasta se rieron, le estrelló la pantalla del teléfono y para rematar le partió el labio.
—¿Oye y tu teléfono?
—Solo se estrelló la mica, hasta en corté. —le enseñó su dedo pulgar con poquita sangre ya seca.
—Puedo comprarte otra mica.
—No.
—En serio-
—¡Qué no!
Iba a sacar su último recurso.
Se tiró de rodillas frente a ella.
—Por favor perdóname Elizabeth. —junto sus manos, como suplicándole.
—¿Qué..?
Sí, se le hizo un poco exagerado que se pusiera de rodillas.
—Es que sí me pasé... pero te juro que todo fue un accidente.
—Ya pues, levántate... porque todos te están viendo.
—A ti también todos te vieron hace rato.
—Uy sí, eso me hace sentirme mejor eh.
—¿Me vas a perdonar?
—Ay que sí Gilberto, ya levántate.
Se puso de pie y se limpió las rodillas, estaba sonriendo como si acababa de ganar un premio. Un poco sí, porque la culpa ya había bajado muchísimo.
—Hay una tienda Telcel aquí cerca, si quieres saliendo de clases vamos y te compro otra mica.
—Bueno está bien.
—¿Ya te vas a tu salón?
—Sí.
—Vamos, te acompaño.
—Bueno.
—¿Puedes caminar bien?
—Sí, me pegaste en la cara no en los pies.
—Ayy... mira, yo no te vi, además tú te atravesaste y-
—Ah, ahora yo tengo la culpa... yo puse mi carota y te dije "Gilberto acariciame la cara con el balón".
—No quise decir eso.
—Ya no importa, ya pasó... además ya me había tardado en recibir el clásico balonazo en el recreo.
Gil se rió. —De nada. —pasaron al lado de la cafetería. —¿Quieres un jugo?
—Va.
—Ahorita vengo.
Se tardó unos dos minutos y regresó con dos jugos Boing, uno de mango para él y uno de uva para Liz.
—Ten.
—Gracias.
Siguieron caminado hasta que llegaron al salón del Liz, iban en el mismo año pero en diferentes grupos.
—¿Entonces te veo en la salida? —pregunta Gil.
—Sí.
—Va... y de nuevo perdóname.
—Ya, no te preocupes.
—Hasta luego.
Las niñas que antes eran sus amigas, la vieron bastante raro, porque Elizabeth no era amiga de casi nadie, y Gilberto era amigo hasta del intendente. Y obvio lo primero que pensaron era que ellos dos andaban ligando.
—Mmm, ahora sí me las pagas Elizabeth. —se dijo en su mente Paola, su ex mejor amiga.