1. EL CHICO DE NEGRO

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Todos y cada uno de los cursos yo me quedaba en aquella escuela con mi madre, trabajaba allí todo el verano y como yo volvía al colegio el 19 de septiembre pasaba todo el verano con ella. Este curso no sería diferente, yo no sería visible para nadie como todos los años, no tenía amigos, nunca los había tenido y la verdad es que nunca lo entendí, según yo nunca hice nada que les molestara o que los pudiera alejar de mí. bueno, en verdad una vez si que los tuve o al menos eso creía yo, era un grupo de chicas en el que yo siempre había querido estar, eran muchas y para los chicos las más guapas de la clase por que por si no lo he comentado llevo desde toda mi vida con la misma clase, la misma gente, las mismas caras. Intenté por al menos dos o tres años ser parte de aquel grupo de chicas pero supongo que nunca fui lo suficientemente buena para estar allí, me metieron pero me sacaron tan rápido como entré.

-- Claire, cariño, despierta, es el primer día de clases!-- 

—¡Claire, cariño, despierta, es el primer día de clases!

La voz de mi madre atravesó la puerta como cada mañana de septiembre, pero ese día sonó distinta. Más insistente. Más real. Como si el verano no hubiera sido suficiente para preparar el regreso a lo mismo de siempre.

--ya voy mamá!

 abrí los ojos despacio. El techo blanco de mi habitación la saludaba sin emoción. Un nuevo curso. La misma historia.

Me senté en la cama y miré el conjunto que había dejado preparado la noche anterior: unos vaqueros oscuros y un top nuevo, sencillo pero bonito, de esos que había elegido con cuidado en las rebajas de agosto pensando, ingenuamente, que quizá este año algo cambiaría. Que quizá esta vez sí.

me vestí en silencio. Me miré al espejo demasiado tiempo, como si pudiera encontrar en su reflejo una versión de mí misma más fácil de encajar.

Cuando bajé mi madre ya estaba lista, llaves en mano.

—Vamos, llegaremos temprano como siempre.

 asentí. "Como siempre" era una frase que me pesaba más de lo que debería.

El trayecto hasta el colegio fue corto, familiar, casi automático. El edificio apareció como cada año: demasiado grande, demasiado ruidoso incluso antes de abrir sus puertas. lo observé desde el coche con esa sensación de estar entrando en un lugar que nunca le había pertenecido del todo.

—Te recojo luego —dijo mi madre al despedirse—. Si necesitas algo, me llamas.

—Vale.

Y ahí estaba otra vez. La espera.

Como todos los años, entré la primera. Pasillos vacíos, taquillas cerradas, el eco de mis propios pasos acompañándome como único compañero. Me gustaba llegar antes; al menos así no tenía que ver cómo los demás llegaban en grupos que parecían ya formados desde siempre. Me senté en mi sitio habitual del aula, el mismo de siempre, junto a la ventana. Desde allí podía ver el patio empezar a llenarse poco a poco.

A las doce en punto, las puertas del centro se abrieron de golpe con el ruido de siempre: risas, gritos, mochilas golpeando el suelo, reencuentros exagerados después de un verano que, para todos menos para mi, había cambiado algo, sentí, como cada año, que seguía exactamente igual.

Entonces lo vio. Ian entró primero, con esa energía tranquila que lo hacía encajar en casi cualquier sitio sin esfuerzo.  Me buscó con la mirada y, al verme, sonrió de inmediato, noté cómo el peso del día se hacía un poco más ligero.

—¡Claire!

El abrazo llegó antes de que pudiera decir nada. Cálido, sencillo, real. Su único punto fijo en todo aquel caos.

—¿Qué tal el verano? —preguntó él al separarse.

—Largo —respondí, con una media sonrisa.

Ian rió.

—El mío también. Pero bueno, ya estamos aquí otra vez, ¿no?

 asentí, sin saber si eso era bueno o no.

Poco a poco, el aula empezó a llenarse. Los tutores entraban y organizaban filas, nombres, listas, reencuentros. lo observé todo desde su sitio, sin moverse demasiado, como si ser discreta me mantuviera a salvo.

Y entonces el ruido cambió.

No fue inmediato, pero se notó. Como cuando alguien entra en una habitación y, aunque nadie diga nada, todo el mundo lo percibe.

Ian levantó la vista hacia la puerta.

—quien cojones es ese tiparrón? —murmuró.

 seguí su mirada.

Un chico nuevo entraba en clase junto a otro profesor. Alto, con una calma extraña para ser el primer día. Pelo oscuro, expresión seria pero no hostil. Miraba alrededor como quien aún no ha decidido dónde encajar.

no era el único chico nuevo que había llegado pero era el único chico al que yo quería ver. Era realmente guapo, pelinegro, con el pelo liso, iba completamente vestido de negro u tenía un lunar bajo el ojo pero junto a la nariz, un lunar que cautivaba y para ser sincera me encanta. el profesor pasó lista hasta que dijo un nombre nuevo.

--Blake Walker? 

el levantó la mano y lo miré, el me devolvió la mirada con una sonrisa fría así que volví a mirar al frente. No sabía que me pasaba pero creo que este chico, Blake, iba a cambiar mi curso por completo, y tal vez mi vida también.

Una vida sin tiStories to obsess over. Discover now