Siempre creí que las distracciones eran peligrosas.
Una sola podía hacerte bajar la guardia, cambiar tus planes o hacerte olvidar quién eras.
Por eso mi vida estaba organizada al milímetro: estudiar, fotografiar y seguir adelante. No había espacio para fiestas, romances ni para el chico que todos conocían por su sonrisa fácil y su talento en el campo de fútbol.
Si alguien me hubiera dicho que él terminaría convirtiéndose en la fotografía más importante de mi vida, habría respondido que era imposible.
Después de todo, yo nunca me distraía.
O al menos, eso creía.
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Una pequeña distracción
RomanceLeah está decidida a que su último año de instituto sea perfecto: buenas notas, cero dramas y, sobre todo, nada de distracciones... especialmente si llevan botas de fútbol. Pero todo cambia el primer día cuando le asignan como compañero de biología...
