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01 Calma antes de la tormenta

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Solo no lo entiendo
¿Cómo esque no me extrañas?
Seis meses respirando aire limpio
Pero extraño el humo
¿Acaso fue una broma?
Porque fue terrible
-The black dog






Año 850

El constante sonido de los cascos de los caballos retumbaba contra el camino de tierra, mezclándose con el crujido del cuero de las monturas y el tintinear del equipo de maniobras. El sol, ya en lo más alto del cielo, caía sin piedad sobre los exploradores. El calor empezaba a pasarles factura; diminutas gotas de sudor descendían por la frente de Kaia y se perdían bajo el cuello de su capa.

El aire era seco. Con cada galope, una fina nube de polvo se levantaba tras los caballos, impregnando el ambiente con el característico olor de la tierra y el sudor de los animales. A lo lejos, la enorme muralla comenzaba a dibujarse en el horizonte.

-Kaia, tengo hambre.

El sonido de un caballo emparejándose con el suyo la hizo girar apenas la cabeza.

-No deberías romper la formación.

Volvió la vista al frente. Sus manos permanecían firmes sobre las riendas mientras una ráfaga de viento empujaba varios mechones de cabello sobre su rostro. Intentó apartarlos con un ligero movimiento de la cabeza, sin soltar las riendas.

-Ya llegamos -restó importancia la científica con un gesto despreocupado-. ¿No tendrás un poco de tu refrigerio?

Kaia arqueó una ceja.

-¿Cómo sabes que traigo refrigerio?

-Porque siempre lo haces.

Los caballos mantuvieron el paso, resoplando con el esfuerzo. El único sonido durante unos segundos fue el de los cascos golpeando el camino y el viento colándose entre las capas verdes del Cuerpo de Exploración.

Kaia desvió la mirada hacia Hange.

-¿Me espías? -preguntó con una fingida mezcla de sorpresa y preocupación.

-Yo diría que es observación de patrones -respondió con total naturalidad.

Kaia rodó los ojos, conteniendo una sonrisa.

Antes de que pudiera replicar, una voz grave rompió la conversación.

-Llegamos.

Era Mike.

Frente a ellos, la inmensa muralla se alzaba como una montaña de piedra. Su sombra comenzaba a cubrir el camino, regalando un alivio inmediato al calor sofocante que los había acompañado durante toda la expedición. Incluso los caballos parecían disminuir el ritmo al sentir el cambio de temperatura.

Los escuadrones redujeron la velocidad hasta detenerse frente a la gigantesca puerta. El ambiente, antes lleno del estruendo de los cascos, fue reemplazado por el resoplido de los animales y el suave tintineo de los arneses mientras esperaban que el mecanismo de la muralla comenzara a moverse.

Kaia alzó la vista. Sobre la muralla, varios soldados de la Guarnición recorrían el camino de ronda con armas al hombro. Algunos se detuvieron un instante al reconocer las capas verdes del Cuerpo de Exploración y levantaron una mano en señal de saludo. Otros simplemente observaron en silencio el regreso de la expedición.

-Bueno, al parecer fue una buena mañana -comentó Hange, estirando los brazos por encima de la cabeza mientras dejaba escapar un largo suspiro de alivio.

El precio de sobrevivir (Levi Ackerman x Oc)Mga kuwentong kahuhumalingan mo. Tumuklas ngayon