El sol de la mañana se filtraba por las persianas, dibujando finas líneas doradas sobre las sábanas blancas, un escenario de paz que contrastaba drásticamente con la tormenta que acababa de instalarse en la habitación. Paz despertó sintiendo el peso del aire cambiar, una atmósfera densa, cargada de una presencia que le resultaba familiar y, a la vez, insoportable.
El despertador marcaba las 11:32 AM. Se incorporó lentamente, con el cabello negro cayendo como una cascada azabache sobre sus hombros, ocultando parcialmente su rostro. A sus pies, Riley, su pastor alemán, gruñó en voz baja, un sonido sordo que vibró en el colchón. Al girarse, el corazón de Paz dio un vuelco doloroso que intentó sofocar con un muro de frialdad: allí, sentado en la silla de madera al rincón de su cuarto, estaba Simon "Ghost" Riley.
Su postura era inconfundible: los brazos musculosos cruzados sobre su pecho, la máscara de calavera perfilando una expresión de imperturbabilidad que ella conocía bien, pero que ahora le producía náuseas. Era la misma postura que usaba para intimidar enemigos, pero ella ya no era su aliada, ni su amante; ahora era solo una mujer a la que había traicionado por una aventura insignificante de una noche.
—Fuera —dijo ella, con una voz que, aunque ronca por el sueño, cortaba como el acero.
Sus ojos, oscuros y brillantes de furia, se clavaron en él con una intensidad que, en otros tiempos, habría hecho que Ghost buscara una sonrisa tras su pasamontañas. Ahora, solo la obligó a tensar la mandíbula. Paz llamó a Riley con un chasquido seco. El perro, sintiendo la tensión en el ambiente, se puso alerta, sus ojos siguiendo cada movimiento del hombre al que antes respetaba como guía y que ahora identificaba como una amenaza para su dueña.
Ghost no se inmutó por la orden. Sus ojos, ocultos tras las cuencas vacías de la máscara, seguían cada uno de sus movimientos.
—No me voy a ir, Paz —respondió él, su voz grave resonando en las paredes del pequeño apartamento como un trueno distante.
—Entraste aquí como un ladrón, Ghost —escupió ella, levantándose de la cama y envolviéndose en una manta, negándose a mostrarse vulnerable ante él—. ¿Qué esperas? ¿Una disculpa? ¿Que olvide que tiraste a la basura todo lo que construimos por una desconocida?
Ghost se puso de pie. Su altura parecía absorber todo el oxígeno de la habitación. Dio un paso hacia adelante, pero Paz retrocedió un instante, haciendo que Riley soltara un ladrido corto, defensivo.
—Sé lo que hice —dijo Ghost, y por un breve segundo, su voz perdió la frialdad militar, dejando filtrar un rastro de algo parecido al arrepentimiento—. No espero que lo olvides. Sé que te fallé, que te humillé. Pero no puedo dejar de pensar en ti. La base, las misiones, el silencio... todo me grita tu nombre.
—Tu arrepentimiento llega un mes tarde, Simon —Paz se cruzó de brazos, su mirada asesina no flaqueaba—. Me diste tu tiempo, tu paciencia y tu amor, o eso creí. Pero resultó que mi corazón solo fue un pasatiempo mientras buscabas algo más emocionante en una civil cualquiera. ¿Sabes qué es lo peor? Que te lo di todo. Y tú no supiste qué hacer con ello.
Ghost se quedó quieto, observando cómo la luz del sol resaltaba la determinación en el rostro de la mujer que amaba. Él era un hombre entrenado para la guerra, capaz de soportar el dolor físico más atroz, pero el dolor en los ojos de Paz era una herida que no sabía cómo vendar.
—Tienes razón —admitió él, dando otro paso, esta vez permitiendo que Riley lo oliera antes de bajar la mano en señal de paz hacia el perro—. Te fallé. Y si tengo que pasar el resto de mi vida aquí, sentado en esta silla esperando a que me perdones, o a que finalmente me eches a patadas, lo haré. Porque no hay nada ahí fuera, en el mundo real, que valga tanto como lo que perdí contigo.
Paz miró a Riley, quien, ante la sumisión de Ghost, bajó las orejas y dejó de gruñir, aunque no perdió de vista al intruso. Paz suspiró, sintiendo que el nudo en su pecho no se deshacía, pero que la ira, por primera vez, empezaba a dejar espacio a un cansancio abrumador.
—No te confundas —dijo ella, acercándose a la puerta del baño, pasando a su lado sin siquiera rozarlo—. No te he perdonado. Pero si vas a quedarte, más vale que estés listo para escuchar todo lo que me hiciste sentir. Porque no voy a hacer que esto sea fácil para ti.
Ghost cerró los ojos por un instante, un gesto de alivio que le permitió respirar. Sabía que el camino de regreso al corazón de Paz sería más peligroso que cualquier zona de guerra en la que hubiera combatido, pero por primera vez en semanas, el peso de su máscara se sintió un poco más ligero.
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ONE SHOTS Ghost
FanfictionHistorias cortas sin continuidad entre Ghost y un personaje femenino ficticio llamado Paz se aceptan pedidos y si quieren segunda parte sólo háganme saber, que disfruten y espero les guste.
