El sabor de la sangre (Parte 1)

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La sangre siempre tenía un sabor diferente

Algunas veces era amarga, otras metálica, otras simplemente desagradable. Haru Ichinose había descubierto aquello mucho antes de convertirse en el dueño del club secreto más temido de Tokio. Lo aprendió en callejones oscuros, en peleas donde perder significaba desaparecer sin dejar rastro

Por eso, cuando la sangre resbaló por su otra mano y alcanzó la punta de sus dedos, simplemente levantó la mano y la lamió.

El líquido rojo manchó sus labios

Frente a él, dos hombres temblaban

Uno tenía la nariz rota

El otro había perdido tres dientes hacía apenas unos minutos

-Piedad... por favor... -murmuró uno entre lágrimas-. No sabíamos quién eras...

Haru observó la herida que le habían hecho

Era algo grave claramente la sangre paro pero la herida era un desmembramiento de su mano entera claro después probablemente se la ponga otra vez porque el corte fue limpio

Pero lo raro era que Ni siquiera dolía

Lo que le molestaba era el atrevimiento

-Qué curioso

Su voz fue tranquila.

Demasiado tranquila

-Primero me cortan la mano y ahora piden piedad

Una sonrisa torcida apareció en su rostro

-Los insectos siempre hacen eso

Los dos hombres retrocedieron arrastrándose

El enorme salón estaba cubierto de cadáveres

Diez cuerpos

Diez hombres armados

Diez hombres que habían creído que podían eliminar al dueño de la organización conocida como Kurotsuki

Diez errores

La iluminación rojiza del club daba al lugar una apariencia infernal

Música de jazz sonaba suavemente desde algún rincón

Como si la muerte fuera parte de la decoración

Junto a Haru, una mujer observaba en silencio

Cabello amarillo tan claro que parecía plata bajo las luces

Ojos rosados

Mirada fría

Una cicatriz cruzaba parte de su barbilla y otra en el puente de su nariz

Hime Otome.

La mano derecha de Haru

Su sombra

Su arma más peligrosa

La joven exhaló humo lentamente mientras sostenía un cigarrillo

-Ya me aburrí

-¿De ellos?

-De escucharlos llorar

Uno de los hombres comenzó a llorar con más fuerza

-¡Por favor! ¡Tengo hijos!

Hime giró la cabeza

-Qué mal padre

-¿Eh?

-Porque acabas de intentar asesinar a alguien mucho más peligroso que tú

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