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Menteur

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Sinopsis:

Todos mienten.
Algunos por miedo
Otros por amor.
Entre cartas, fotografías y recuerdos difusos en la búsqueda de un chico que tuvo que inventarse un padre.

INICIO

Falsedad, falacia, embuste, patraña. Cuento. Enredo. bulo.

Palabras más, palabras menos.

Nunca me he sentido cómodo con las convenciones sociales; llamadme mentiroso, si os complace. Yo me considero más bien un fascinado por los símbolos, un coleccionista de realidades alternativas.

La gente dice odiar la mentira, pero entrega su vida a policías, políticos y a sus esposos y esposas.

Cuando dije que amaba a mi madre. Mentí.

Cuando dije que amaba a mi padre. Mentí.

Cuando dije que amaba la muerte. Mentí

Cuando dije que amaba la vida. Mentí.

Cuando era chico e hijo único y creía que mi vida sería peor me sentí mal; me he sentido mal por la posibilidad de sentirme bien toda mi vida.

¿He mentido? Claro. Mentí sobre que miento.

Las fotografías de mi infancia me producen un hueco en lo que antes estaba mi corazón. En todas aparezco sonriendo.

No recuerdo ser feliz. Sospecho que algo manipuló esas imágenes, o mi memoria . No estoy seguro cual sería más manejable.

Hoy me ha llegado una carta, es de mi padre: un intento de noble.

Yema de dedos halló con ansiedad el sobre. El papel tenía una textura seca, ligeramente húmeda, como la piel envejecida de mi viejo, aguardando secretos con tiempo de no ser pronunciados. Las fibras comprimiendo de manera transversal, un sonido íntimo y obsceno

El aire olía a clorofila, tinta y a perfume de vainilla, suelo usarlo (odio el perfume de vainilla). Frío al tacto , con la frialdad ordinaria del viejo. La tinta envejecida cayó junto al papel con solemnidad.

De extirpe socioeconómicamente acomodada. Heredero de una fortuna. Casado en sagrado matrimonio con su propia prima. ¡Que vergonzoso!

La carta dice -en su petulancia clásica- en Francés con solo tres palabras.

>Menteur Menteur. Menteur.

- Dr. Jules Petit

La he leído ochenta y dos veces. No he hallado currados cifrados. La he puesto ante la luz ultravioleta. La he expuesto a test cromático, parece seguir diciendo solo tres palabras.

Es cómico procediendo de un ser abstracto a su realidad. Proclive al desvanecimiento moral. Negando su propia clase social. Postergando el dolor de los años. Negando su apellido. De clase media.

Nunca me negó su hogar. Nunca me negó su palabra. Me negó algo más cruel: su credibilidad.

Lo curioso es que nunca pude confirmar que la carta sea auténtica. Mi francés es mediocre. Hasta parece escrita por mí.

En mis días más ardoroso me pregunto si él existió. Hace años que perdí el interés en descubrirlo.

A veces, solo a veces desearía haberme inventado un padre, para así no admitir que me parezco a él.

He de dejar los desvaríos. He decidido focalizarme en el tema central: la carta

Me dio por investigar mi infancia, ese difuminado emocional al que, por comodidad,decidí llamar niñez

Fui criado en una familia de clase media. Con mis tres hermanas. Eso dicen las fotografías, facturas viejas y las pocas personas que aún puedo llamar. Mi padre, según la versión oficial, fue un hombre pudiente. Ambas afirmaciones podrían ser un engaño del viejo, pero he de indagar más.

Me acerque al viejo mueble de roble del vasto cuarto gris.El cajón de resistió unos tres segundos antes de ceder. Allí estaban mis fotografías. Esperaba un niño triste, me decepcionó hasta cierto punto el no verme triste. Encontré a algo que sonreía. No pude reconocer humanidad en esos marrones ojos. Quizá ni eran los míos

Junto a la carta hacia decenas de anotaciones. ¡Debí mencionarlo!: en otro tiempo fui un poeta bastante galardonado. Lo digo con la humildad que exige la altanería. No soy mi padre y d'accord?

El francés siempre me pareció un idioma glorioso' tal vez por eso él lo utilizaba para insultarme . Mi francés es mediocre. Lo suficiente para desconfiar de la traducción de un neofito, incluida la de los recuerdos.

El francés nació del latin vulgar y terminó refinandose con siglos en su historial. Mi padre admiraba esa historia. Le gustaba aquellas cosas que fingían un orden más noble mayor del que realmente tenían. Supongo que por eso terminó enamorándose de su propia familia. Si entienden a que me refiero.

En todo éste desvarío escuche algo

Me precipite a la puerta. Una carta pasaba fugazmente. Presentí que sería del viejo

¡TOC! ¡TOC! ¡TOC!

¿Un recado tan temprano? Debe ser interesante. Es una carta. La abrí con molestia, deduciendo que sería otro arrebato del viejo. Me sorprendió saber que era una carta de mi bella madre.

La carta decía:
Te amo. Te amo. Te amo.
Al fin un ser con buen gusto, al saber la soberbia de esos pensamientos mis labios dijeron: Gracias, madre.


M

i madre

Sibarita. Hedonista. Humanista. Idealista.

Lqs palabras son prendas, unas de tejidos suaves y elegantes; y otras vulgares . Uno termina estudiando tanto moda que olvida donde termina el textil y donde termina el rostro

A veces, solo a veces, preocupa no poder no ver a mi madre como una clase de amalgama conceptual.

Mi madre fue tan buena que es difícil de recordar. Elixir de vida que es la madre, aunque no sea mi progenitora biológica uno le agarra cariño a esa composición que tengo que llamar madre.

Mi madre jamás me mintió, o al menos no algo realmente impactante.

Esos labios mitómanos de índole materno me seducen; me seducen a actuar con decencia.

Nunca comprendí porque lo hacía. Quizá porque todos necesitan un buen publicista.

Está ocasión miré la firma. No había firma. El papel era distinto al usado por el viejo. La tinta era la misma y olía a la misma clorofila. La tinta....era exactamente la misma.

No.No.No. No puede ser.
Una desesperación tan pura me inundó, tanto fue así que decidí

Decidí hacer algo que siempre había evitado: llamar a la única persona que insistía en conocer a mis padres. Después del tono, lo primero que dijo fue: Déjame adivinar, te  volvió a escribirte Jules.

El comentario fue extrañamente irritante, así que colgué. Esa mentecata solo intenta burlarse de mi. Mire con desesperación en cuarto claro en el que estaba. Una desesperación me recorrió. Y fue cuando grite

¿Por que no me comprenden?
¡¿Por que no me comprenden?!
¡¡¿¿Por que no me comprenden?¿!!

Padre...Padre...Padre..

Madre...Madre...Madre..

Toc. Toc.  Toc. Tocan la puerta.

Entró un hombre. Me pidió permiso para pasar a su propia casa. Lo reconocí. Nunca lo había visto.

Ambos sonreímos.

- Hola, padre.

<<Final>>

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