No volviste.
Y yo me quedé haciendo
lo que hacen los muertos:
abrir los ojos.
La gente llama vida
a este desastre.
Pero no saben.
No saben lo que es
sentarse a cenar con una ausencia,
dormir abrazado a un recuerdo,
despertar
y perderte otra vez.
Porque te perdí una sola vez.
Y desde entonces
te pierdo todos los días.
A veces creo escucharte.
Entonces el corazón corre
hacia una voz que no existe.
Y vuelve.
Siempre vuelve.
Más cansado.
Más solo.
Más roto.
Qué injusticia.
Yo te di los años,
las ganas,
la versión de mí
que no le entregué a nadie.
Y tú te fuiste.
Tan simple como eso.
Como si arrancar un corazón
fuera apenas
cerrar una puerta.
