Tu nuevo hogar

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Para:

Yesi:
Que elegiste quedarte, que nunca hiciste que mis problemas significaran menos, que me hiciste ver que si estaba mal.
Gracias por esas platicas hasta la madrugada, perdón por no ser tan buena jugando.
Eres mi Arcoiris.
Gracias por ver digital circus conmigo. Te odio. ✨

Iyari:
Que no utilizaste mi vulnerabilidad, que no jugaste mis problemas y que siempre estuviste ahí para mantenerme cuerda.
Gracias por esas platicas sobre libros e historias que quiero escribir.
Te quiero perfecta mentirosa ❤️‍🩹

Dash:
Que leíste está historia en borradores, que siempre intentas ver un poco más allá de mi.
Eres una gran amiga, nunca lo olvides.
Encontrarás tu final feliz. 💜🌟



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—¿Eh? -La palabra me raspa la garganta, no recuerdo haberla pensado- ¿Dónde estoy?

Parpadeo, miro mis nuevas manos cubiertas por unos guantes lilas.
Todo a mi alrededor está cubierto por paredes de algún material extraño pero con colores tan llamativos que es irreal, todo brilla como si fuera plástico.
El piso está repleto de cuadros blancos y negros interminables. Un tablero de ajedrez.
El aire huele a... Nada. Cómo el pasillo de un hospital luego de trapear.
Y eso me asusta, porque este lugar grita que nada es real.

—Tranquila -Una voz delicada me saca del trance.

La chica frente a mi es como una muñeca de trapo, hasta cierto punto, pero posee orejas y cola de gato. Tiene un bello cabello azabache, una camisa roja que roza con el inicio de su falda del mismo color. Su mirada es cálida, sus ojos marrones me transmiten seguridad.
Me fijo en su acompañante, un chico robot, pero con cabello "humano" color oro.

«demasiado surrealista»

Entonces mi cerebro decidió fijarse en mi aspecto, es el de una muñeca, pelo rosa intenso, ropa de escuela y un suéter totalmente horrible de azul marino tejido con el fin de hacerme sentir ridícula.

—Este es tu nuevo hogar y tu nuevo cuerpo -dice el chico con una sonrisa que podría iluminar el lugar- Y nosotros somos tu familia ahora.

                                      ✯

Me incorporo de golpe separándome de las sábanas que se me pegan a la piel.
Mi pecho sube y baja en un ritmo constante. Mi cuerpo buscando el aire que no necesita.

«Idiota»

La voz de mi cabeza suena como la de Eris.
Me recuerdo a mi misma que nada es real, todo es una programación, algo que nos recuerda que estamos atrapados en este paraíso.
Me llevo las manos cubiertas por guantes lilas que yo no elegí, a la cara.
Suspiro, otro código ejecutándose porque si.
Porque si dejo de respirar ya no me quedaría nada. Aunque nunca tuve nada.
Me levanto de mi cama y salgo de la habitación que me asfixia todos los días, camino por los pasillos interminables y repetitivos del castillo enorme que es mi hogar. Un estúpido pero enorme castillo inflable.
Decido quedarme en la planta donde se ubican las habitaciones, me recargo en el barandal dorado mirando.

«Esos sueños harán que me vuelva loca»

No hago nada como es costumbre.
Observo la sala que es pequeña con tres grandes sillones de colores, pero que guarda demasiados recuerdos, ahí están los demás hablando de todo y de nada a la vez. Me centro en ese espacio que es como un pequeño escenario, donde todo empieza, entras y no puedes salir.
Es un ciclo que me he cansado de presenciar.
Entras, primero estás en negación, después en depresión por no encontrar un significado de tu estancia aquí y lo demás es crecimiento personal, molesto y aburrido.
Las paredes llenas de colores brillantes parecen reírse de mi.
Dejo que los pensamientos se apoderen de mi mente. Un pequeño glicheo recorre mi cuerpo.
Sacudo la cabeza y me dirijo a donde están los demás.
Escucho risas y después silencio seguido de una voz proveniente del escenario principal.

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