No se sabía canción pero se limitó a mover los hombros al ritmo, apretó el vaso de plástico que sostenía y éste crujió bajo la yema de sus dedos haciendo que se arrepintiese del gesto, algunas gotas de cerveza cayeron sobre sus zapatos y decidió fijar su mirada en los puntos brillantes y húmedos que había creado la cerveza en sus deportivas negras, el pantalón ancho y tejano caía sobre ellas con la suerte de no haber sufrido el mismo destino. Alguien, quizá Salgado o Gallego dijo algo a su lado y él rió por inercia, por costumbre, por si acaso. Alzó la cabeza volviendo un poco en sí, pero su cerebro continuaba negándose a atender a la conversación de sus amigos y no tuvo otra opción que rendirse y mirar, mirarle. Estaba apoyado en la ventana del final del gran salón, vestía una camiseta gris ancha metida cuidadosamente por el pantalón oscuro y aguantando intacta gracias al cinturón. Su perfil era probablemente la cosa favorita de Martin, hecho de líneas suaves y curvas junto con unas pestañas largas. Mordió su labio inferior concentrado en reprimir la sonrisa que estiraba de las comisuras de sus labios, su cuerpo tendía de forma natural, lógica a ir en dirección a Juanjo, a buscar a Juanjo, a seguirle como si fuese inercia, la corriente o la fuerza de un imán. Quizá también el destino.
Hizo caso a su instinto natural y caminó en dirección a Juanjo que de lejos le observó con una ceja alzada y al llegar su expresión cambió a una sonrisa suave hasta ser consciente de que estaban rodeados de gente y ahí se limitó a un breve asentir con la cabeza.
—Urrutia —le saludó, escondió su siguiente sonrisa tras el vaso de plástico que él también sostenía.
—Bona —dijo y la mirada de Juanjo era demasiado brillante y sus ojos demasiado grandes y Martin tuvo que girar la cabeza. Las yemas de sus dedos vibraban, picaban con la urgencia y el hábito de tocar a Juanjo, girar la cabeza para dejar de mirarle le resultó casi un esfuerzo físico que su cuerpo recibió con rechazo.
Tragó saliva, apoyó la espalda en la pared del lado contrario a Juanjo teniendo así la ventana en medio de sus cuerpos y echó la cabeza hacia atrás. Decidió guardar su mano libre en uno de los bolsillos del pantalón y ahí sus dedos juguetearon con la tela tratando de convertir la ansiedad, la inquietud en algo tangible que podía controlar, hacer más pequeño con sus dedos, que podía mantener en los bolsillos de su pantalón escondido y que nadie pudiese intuirlo, que nadie notase como la tela se deformaba, se contraía como si algo vivo y latiente intentase salir, escapar.
—Estás guapo —la voz de Juanjo habló a unos pasos de él, estudiando su ropa y Martin tuvo que suspirar para no sonreír pero giró quedando de cara a la ventana y observando su propio reflejo y la calle nocturna de fondo.
Juanjo le imitó y sus miradas se encontraron en el reflejo del cristal.
—Tú también —respondió Martin, finalmente. Juanjo bajó la cabeza y sonrió a sus propios pies antes de volver a buscar la mirada de Martin en el reflejo. Y el corazón de Martin se saltó al menos un par de latidos ante el pensamiento de que aquel chico a su lado no podía sonreírle directamente a él en un lugar lleno de gente porque todo el mundo sabría que su sonrisa era demasiado suave, demasiado fascinada, demasiado dulce, demasiado desesperada por gritar lo que sentía, demasiado obvia. La pena vino después cuando tras ese pensamiento llegó el hecho de que nadie sabría lo que la mera mención de su nombre hacía sentir a Juanjo a pesar de que existía cierta sensación de que su memoria era el lugar donde se guardaba algo tan sagrado como aquello, la forma en la que Juanjo parecía más ligero y luminoso cuando alguien le mencionaba, cuando le encontraba entre la gente.
Bebió el último sorbo y al inclinarse ligeramente para dejar el vaso en el borde de la ventana un dolor agudo se instaló punzante, afilado y fugaz en sus costillas contrayendo momentáneamente su rostro en una mueca de dolor.
YOU ARE READING
truth, dare, spin bottle (m+j) one shot
FanfictionDonde un juego de verdad o reto en la fiesta de una fraternidad revela más de lo que debería. O donde Martin es un jugador de hockey con aspiraciones a actor, Juanjo un nadador con pasión por la música y ambos ocultan el mismo secreto mientras finge...
