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CARTA N°1: Como una Estaca.

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Cada luna nueva era una salvación a aquellos que anhelaban salir a oscuras,
Porque al menos es allí donde se sienten acompañados,
No de manera física sinó más bien de manera simbólica, pues
La luna cuando salía de gala se veía hermosa e iluminaba como pudiera el camino,
Casi como esos amores de una noche que conociste de camino a tu casa,
O a cualquier destino,
Son esas casualidades tan hermosas que cuando las miras hay algo y siempre hay algo más en ese primer momento en el que los 2 se dicen algo.
Esas risas nerviosas, esos momentos de conexión y de chistes de antaño.
En fin.
Ésto no es un libro para hablar así de las personas solitarias ni mucho menos de saber si lo extraño.
Éstas son cartas que escribo a mano, pues,
Por miles de años he visto de todo,
Y de todo me ha pasado.
He vivido tanto que ya nada ni nadie me impresiona,
Puesto que todas las presencias que han pasado a mi lado siempre me dejan con este sabor amargo...

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Cuando algo es efímero que nombre esperas ponerle,
¿Cómo es que los humanos colocan nombres para ellos mismos para cosas que no serían capaces de vivir por tanto tiempo?

Era esa duda que pasaba y se disfrazaba de aire pasando y susurrando le cosas a mi cabeza a medida que se distorsionaba por estar cayendo en picada hacia el suelo.

En el momento en el que mi nariz rosa con el duro suelo un humo de color morado me cubre convirtiéndome así en un paso leve entre el viento y yo.

Entre las sombras de cualquier callejón de aquél pueblucho pequeño pasaban gente sosteniendo antorchas vigilando cualquier rincón oscuro entre las casas, pues ya habían advertido que existía la posibilidad que una temible bestia que aparecería para llevarse a un miembro importante de la familia real.

Era un pequeño niño, el cual tenía múltiples enfermedades, el pobre ya estaba esperando a que dieran las 12 para con la muerte bailar su primer Vals.

Había un inmenso castillo donde el niño era resguardado y atendido, visto a casi cada hora, sólo había un pequeño y preciso momento donde estaba solo, y por supuesto, como no, era comúnmente cuando iba al baño.

Al tanto de cualquier paso, estaba en un árbol alto dentro del bosque de troncos siniestros, a casi unos 2km acechaba a mi preza.

Estaba ya relamiendome los labios saboreando esa sangre especial, por que cada 100 años nace un niño con un tipo de sangre especial que si la pruebas equivale a chuparle la sangre a 50 humanos en simultáneo.

-Papi, estaré bien...?- el niño jugaba con la sábana que lo cubría. Entre la presencia de múltiples sirvientes, un sacerdote el cual a toda hora rezaba y alzaba su vista al cielo para suplicar por el cuerpo de aquél niño.

-Pues claro que sí, hijo mío, yo nunca dejaría que ninguno de mis hijos esté así de esa manera- El Padre le tomó su pequeña manito en la de él. Su propia mano temblaba de la rabia disimulada, a medida que hablaba su voz de quebrajaba.

Las palabras de su padre, propiamente le devolvían la esperanza. Él la dibujaba con una sonrisa en su rostro, uno ya cansado con ojeras y su cuerpo con una respiración entrecortada por su garganta raspada por tanta tos.

Si sonrisa, quizás sonreía de manera ficticia para que todos se fijaran en ella y no vieran la tristeza y desesperanza que ocultaban sus mundanos ojos.

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