Cap 1

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El 14 de febrero, un día maravilloso para algunos, una pesadilla para otros.

¿En qué grupo estás?

¿Eres como Rivers? De esas personas que viven y respiran amor, que convierten su habitación en una pista de baile imaginaria al ritmo de baladas románticas, soñando con sostener entre sus brazos al amor de su vida.

¿O eres como Ari? Un homosexual deprimido.

Sí, Ari solo podía sentirse miserable. ¿Y cómo no? Cualquiera estaría igual si la persona que te gusta apenas te nota y parece convivir contigo por pura cortesía.

—Ari, no llores o lloraré contigo —murmuró Ama, mirándola con lástima mientras la castaña se desplomaba sobre la mesa del almuerzo.

—No puedo evitarlo... quiero que me note, que me mire. Joder, Rivers, estoy muriendo por ti, y tú, cabeza hueca, te la pasas en tu mundo.

Capri, que observaba la escena con los brazos cruzados, se inclinó hacia Ama y susurró.

—Tu amiga es tonta, ¿verdad?

El codazo que recibió en el estómago fue respuesta suficiente.

—Ari, tranquila —dijo Ama con dulzura—. Estoy segura de que algún día te mirará como tú quieres.

—Mentira —murmuró Ari con la voz quebrada—. Siempre se ve incómoda cuando estoy cerca. Apenas me voy, empieza a reír y bromear con ustedes... Me detesta.

Ama y Capri se intercambiaron una mirada. Ari estaba demasiado hundida en su miseria para notarlo, pero en sus ojos había una chispa de malicia compartida.

—Oye, Ari —Ama apoyó los codos sobre la mesa, sonriendo con picardía—. ¿Y si hacemos que Rivers te note?

La rubia la miró con escepticismo, frunciendo los labios.

—Si no lo ha hecho en todo este tiempo, dudo que lo haga ahora.

—Claro que lo hará —intervino Capri, palmeándole la espalda con tanta fuerza que casi la hace caer de bruces sobre su almuerzo—. Solo hay que darle un empujoncito.

—¿Un empujoncito tipo un momento cinematográfico donde se dé cuenta de que no puede vivir sin mí? —Ari entrecerró los ojos, como si analizara opciones en su cabeza.

—Ambos suenan tentadores, pero mejor vamos con algo más... sutil —dijo Ama, pensativa—. Primero, hay que hacer que interactúe contigo sin que sienta que es una obligación.

—¿Y cómo se supone que haga eso?

Capri chasqueó los dedos, emocionada.

—¡Fácil! Te vuelves inalcanzable.

Ari la miró con incredulidad.

—Amiga, ya soy inalcanzable para ella.

—No de esa manera —Ama rodó los ojos—. Me refiero a que dejes de seguirla como cachorrito. Ignórala un poco, deja que se pregunte por qué de repente no la buscas.

—Exacto —añadió Capri—. Hazte la interesante. Actúa como si tu atención estuviera en otra persona.

Ari frunció los labios, dudosa.

—No sé... ¿Y si solo se alivia de que ya no la molesto?

—Bueno, si eso pasa, al menos saldrás de la duda —dijo Ama, encogiéndose de hombros—. Pero yo apuesto a que su reacción te sorprenderá.

Ari suspiró. No entendía nada, pero no tenía nada que perder. Su cabeza dejaba de razonar cuando se trataba de Rivers.

—Está bien... ¿Cuál es el plan?

Capri y Ama sonrieron como dos villanas de película.

—Déjalo en nuestras manos, querida.

Look at me | adapt. RivariStories to obsess over. Discover now