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Gustavo siempre se la pasaba en soledad y no era porque quisiera estar solo. Simplemente las cosas habían ocurrido así. Tenía personas con las que hablaba de vez en cuando, excompañeros de estudio, conocidos que aparecían durante un tiempo y luego desaparecían sin demasiadas explicaciones. Pero amigos de verdad, de aquellos que llaman para saber cómo estás o que conocen tus peores días y momentos malos, no tenía realmente.

Mucho menos amigos hombres.

Nunca le había dado demasiadas vueltas al asunto.
Le parecía normal, debido a que solía minimizar todo lo relacionado con él. Si algo le faltaba, encontraba la manera de convencerse de que no era tan importante. Si algo le dolía, si la ansiedad lo molestaba y hacía sentir mal, lo ignoraba.

Lo mismo ocurría con el amor.

A sus veintidós años, Gustavo nunca había tenido una pareja, nunca había experimentado lo que era compartir la vida con alguien de esa manera, ni recibir esas pequeñas muestras de afecto que para otras personas parecían tan comunes. Y si alguna vez había sentido algo parecido a el enamoramiento, había sido tan confuso que todavía no lograba asimilar o lo asociaba con su serie favorita en la que los personajes enamorados ven hojitas al rededor de la persona.

Hubo una persona años atrás, un sentimiento que apareció y que permaneció durante algún tiempo, por no decir que años, dudas y preguntas que jamás dijo al viento. Pero aquel cariño nunca tuvo la oportunidad de convertirse en algo más, solo por el miedo, las expectativas ajenas y los prejuicios que la sociedad imponía parecían demasiado grandes para enfrentarlos y más siendo personas jovenes.

Con el tiempo, Gustavo terminó guardando aquella historia que apenas tuvo un inicio pero no un final.

Por eso, cuando recibió la noticia de que había sido aceptado para un trabajo y posteriormente, logró superar sin complicaciones el proceso de capacitación, su preocupación principal fue otra... demostrar que era capaz y hacer un buen trabajo... de ser posible, pasarla bien y disfrutar un poco de ello.

Necesitaba dejar de sentir que todos avanzaban mientras él permanecía en el mismo lugar y, más que todo, necesitaba sentirse útil y olvidar por unas horas la situación en casa que por alguna razón, siempre terminaba agobiándolo debido a problemas que se le salían de sus manos.

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