mi primer dia

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El sol de septiembre pegaba fuerte contra el asfalto cuando Erick cerró la puerta de su casa. Llevaba la mochila colgando de un solo hombro y los audífonos puestos, aunque no estaba escuchando nada. Solo era costumbre. Su mamá ya se había ido al trabajo hacía una hora, como siempre.
Caminó los pocos metros hasta la esquina y, sin querer, levantó la mirada hacia la casa de al lado. La ventana del segundo piso estaba abierta, como casi todas las mañanas. Cristopher estaba ahí, terminando de ponerse la chamarra del uniforme. Sus miradas se cruzaron un segundo. Ninguno de los dos dijo nada. Nunca lo hacían.
En la preparatoria todo era nuevo: salones más grandes, gente nueva, el olor a pintura fresca. Erick entró al salón de tercer semestre y buscó un lugar al fondo, cerca de la ventana. Se sentó y sacó su cuaderno sin prestar mucha atención a los demás.
-Asiento libre -dijo una voz a su lado.
Cristopher dejó caer su mochila en el pupitre contiguo y se sentó sin pedir permiso. Erick lo miró de reojo. Era raro verlo de cerca. En las ventanas siempre estaba a distancia.
-¿No te sientas con tus amigos? -preguntó Erick, más por romper el silencio que por curiosidad.
-No los he visto todavía -respondió Cristopher encogiéndose de hombros-. Además, desde aquí se ve mejor el patio.
El profesor entró y empezó a pasar lista. Cuando llegó a "Cristopher Mendoza" y "Erick López", ambos respondieron al mismo tiempo. Ninguno comentó nada, pero Erick notó que Cristopher tamborileaba los dedos sobre la mesa.
Las primeras tres horas pasaron entre presentaciones y reglas del semestre. Cuando sonó la campana del recreo, Erick se levantó y guardó sus cosas con calma. No tenía hambre, pero tampoco quería quedarse en el salón.
-Oye -dijo Cristopher antes de que saliera-. ¿Vas a comer?
Erick se detuvo en la puerta.
-Pensaba comprar algo afuera.
-Yo traje comida de casa, pero está aburrida. Si quieres... podemos comer juntos en el patio de atrás. Hay una banca debajo del árbol grande.
Erick lo miró un segundo. Cristopher tenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la mirada fija en el pasillo, como si no le importara mucho la respuesta. Pero sus orejas estaban un poco rojas.
-Está bien -contestó Erick-. Pero si tu comida está rara, no pienso compartir.
Cristopher soltó una risa corta, casi sorprendido.
-Trato.
Caminaron juntos hacia el patio sin decir mucho más. El ruido de los demás alumnos los rodeaba, pero entre ellos había un silencio cómodo. Desde la ventana de su cuarto, Erick había visto muchas veces a Cristopher llegar a casa con la cabeza baja o discutir en voz baja con su padre en la entrada. Nunca imaginó que algún día comerían juntos.
Se sentaron en la banca. Cristopher abrió su tupper y le ofreció la mitad de un sándwich sin mirarlo directamente.
-Mi mamá lo preparó -murmuró.
Erick lo aceptó. Estaba bueno.
Ninguno de los dos sabía todavía que esa sería la primera de muchas comidas compartidas.

mi vecino y yoStories to obsess over. Discover now