la cena deliciosa

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Una noche tranquila en una pequeña ciudad... o eso parecía. Una mujer regresaba a casa después de un largo día de trabajo cuando escuchó pasos detrás de ella. Aceleró el paso, pero quien la seguía parecía moverse mucho más rápido. El miedo le impedía darse la vuelta. No quería mirar atrás... hasta que una mano la sujetó con fuerza y un pañuelo cubrió su rostro.
-¡Ayu...!- antes de que pudiera terminar la palabra, se desmayó.
-Shhh... ya no tendrás que preocuparte- dijo una voz misteriosa.

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En una linda mañana en medio del mar, se encontraba un restaurante flotante llamado el Baratie, dos personas se encontraban desayunando tranquilamente.
-hoy vas a ser el mesero, nos falta personal hoy- dice un señor llamado zeff.
-ah no es mi culpa que no tengamos camareros por las peleas de los demás cocineros- se queja un rubio con cejas de remolino.
-no me importa, termina de comer y vete a arreglarte, tenemos trabajo que hacer- dice mientras le ofrece un último trozo de carne, queriendo que su hijo esté bien alimentando, sanji suspira Pero no se queja y come con gusto.

Al terminar de comer Sanji de arregla para el día de trabajo, antes de bajar mira atrás suyo...
-oye viejo...¿te gustaría cenar hoy carne a la parrilla?- pregunta con una sonrisa, zeff lo mira y asiente.
-de acuerdo, Pero que esté en el mejor punto- sanji ríe y asiente mientras baja, para empezar su trabajo con una sonrisa satisfecha.

El Baratie estaba tan lleno como siempre.
Los cocineros gritaban órdenes desde la cocina, los platos iban y venían entre las mesas y los clientes disfrutaban tranquilamente de sus comidas sin sospechar nada.

-¡Mesa siete lista!- gritó uno de los cocineros.
-¡Voy!- respondió Sanji con una sonrisa.
Tomó el plato y caminó hacia una de las mesas.
-Aquí tiene, señor. Espero que sea de su agrado-
-Muchas gracias, joven-

Sanji sonrió con amabilidad antes de seguir su recorrido entre los clientes.

-camarero ¿podrías recomendarme algún postre?- preguntó una mujer con una sonrisa.

-Por supuesto, hermosa dama-
respondió él con naturalidad.
Conversó un poco más con ella antes de alejarse al escuchar una voz conocida.
-¡DEJA DE PERDER EL TIEMPO Y VUELVE AL TRABAJO!-gritó Zeff desde la cocina.
-¡Ya voy, viejo cascarrabias!-
protestó Sanji.

Sin embargo, apenas dobló el pasillo que conducía a la cocina, su expresión cambió por completo.
Sacó una pequeña libreta de uno de sus bolsillos y escribió algo rápidamente.

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N.º 19 del dia

Visita frecuente.

Buena salud.

Buena cantidad de carne.

Siempre regresa sola a casa.
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Cerró la libreta y volvió a guardarla como si nada hubiera ocurrido.

-¿Ya elegiste?- preguntó Zeff mientras revisaba unos ingredientes.
-Todavía no- respondió Sanji con tranquilidad.
-Hay varias opciones interesantes hoy-
Zeff soltó un bufido.
-No te apresures. Un buen cocinero debe saber escoger los mejores ingredientes-
-Lo sé, viejo-
Sanji tomó otra bandeja y regresó al comedor con la misma sonrisa amable de siempre.
-¿Algo más que pueda ofrecerles?- preguntó cortésmente.
Mientras escuchaba las respuestas de los clientes, sus ojos recorrieron el salón una vez más.

Después de todo...
la cena debía ser deliciosa.

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El estruendo de una explosión sacudió el Baratie.
-¡¿Qué demonios fue eso?!- gritaron varios cocineros.

Los clientes comenzaron a entrar en pánico mientras parte del techo se derrumbaba.
-¡¿Una bala de cañón?!- exclamó Patty.
Sanji se quedó inmóvil durante unos segundos.
La dirección de la explosión...

Sus ojos se abrieron de golpe su cigarro callendo al suelo.
-¡Viejo...!- Sin esperar respuesta, salió corriendo escaleras arriba.
-sanji, ¿está bien?- preguntaban algunos empleados confundidos mientras lo veían pasar.

Sanji apenas los escuchó.
Abrió la puerta del pasillo con brusquedad y se dirigió hacia la habitación dañada.
-¡Viejo!- gritó, jadeando por la carrera.
Pero al verlo de pie, aparentemente ileso, dejó escapar el aire que había estado conteniendo.
-...Tch. Sigues siendo demasiado terco para morir.
-¿Qué clase de saludo es ese, mocoso?- respondió Zeff, molesto.

Sin embargo, antes de relajarse por completo, Sanji dirigió la mirada hacia otra puerta cercana.
Permaneció en silencio unos segundos.
Entonces caminó rápidamente hasta ella.
Un pequeño hilo rojizo se deslizaba por debajo de la madera.

Sanji observó el pasillo.
Nadie parecía haberlo notado.
Tomó un trapo cercano y limpió el suelo con rapidez antes de comprobar que la puerta siguiera bien cerrada.
Solo entonces soltó un suspiro.

-Bien...- murmuró.
-¿Terminaste?- preguntó Zeff con impaciencia.
-Sí- respondió Sanji, recuperando su expresión habitual-. Ahora tenemos un restaurante que reparar por culpa de unos idiotas.
Zeff lo observó unos segundos antes de desviar la mirada.
-Tch... entonces deja de perder el tiempo y ponte a trabajar.
-¡No hace falta que me lo digas dos veces, viejo cascarrabias!

Con una sonrisa despreocupada, Sanji abandonó el pasillo.
Detrás de aquella puerta cerrada...
el silencio permanecía intacto.

Sanji se va, dejando a zeff con un luffy llegando y disculpándose por lo causando.

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