-Te estoy diciendo que esta toma quedó perfecta.
-Llevas diciendo eso desde que empezamos a subir.
-Porque todas han quedado perfectas.
-Claro.
-¿Por qué eres tan negativo?
-¿Por qué tú eres tan exagerado?
Gael soltó una carcajada y siguió caminando sendero arriba con la cámara en la mano.
Era una mañana agradable en el Cerro de la Silla. El sol apenas comenzaba a calentar y todavía corría algo de aire fresco.
Justo como les gustaba.
Gael grababa prácticamente todo.
El paisaje.
Los árboles.
A la gente haciendo senderismo.
A Mau quejándose.
Especialmente a Mau quejándose.
-¿Puedes dejar de grabarme?
-No.
-Gael.
-No.
-Voy a aventar tu cámara.
-Eso es una amenaza.
-Es una promesa.
Gael volvió a reír.
-La gente ama cuando te enojas.
-Nadie me ha dicho eso jamás.
-Yo sí.
-Tú tampoco cuentas.
Continuaron caminando.
Mau sacó su teléfono para revisar unas fotografías que había tomado.
Gael seguía hablando solo con la cámara.
Todo era completamente normal.
Hasta que Mau se detuvo.
-Gael.
-¿Qué?
-Creo que hay una niña.
-¿Qué?
-Una niña.
Gael bajó la cámara.
-¿Dónde?
Mau señaló hacia adelante.
A unos metros del sendero.
Sentada sobre una roca.
Había una niña.
Pequeña.
Con una mochila azul a su lado.
Y una cámara colgando del cuello.
Estaba observando las montañas.
Como si estuviera admirando el paisaje.
Como si no hubiera nada extraño en que una niña estuviera sola ahí arriba.
Gael frunció el ceño.
-¿Está sola?
-Eso parece.
-¿Y los adultos?
-No veo ninguno.
Los dos permanecieron inmóviles unos segundos.
Esperando que apareciera alguien.
Una mamá.
Un papá.
Un tío.
Lo que fuera.
Pero nadie apareció.
-Esto no me gusta.
-A mí tampoco.
Los dos caminaron hacia ella.
La niña los vio acercarse.
Y sonrió.
-Hola.
Gael y Mau intercambiaron una mirada.
La sonrisa de la niña no parecía forzada.
No estaba llorando.
No parecía asustada.
Eso era lo raro.
-Hola -respondió Mau.
-Hola -repitió Gael.
-¿Cómo te llamas?
-Mía.
-Mucho gusto, Mía.
-Mucho gusto.
-Yo soy Mau.
-Yo Gael.
-Hola Mau.
-Hola.
-Hola Gael.
-Hola.
Silencio.
Mía volvió a mirar las montañas.
Como si la conversación hubiera terminado.
-¿Vienes con alguien? -preguntó Mau.
-Sí.
-¿Con quién?
-Con mis papás.
-¿Y dónde están?
Mía señaló hacia algún lugar del sendero.
-Por allá.
-¿Los estás esperando?
-Sí.
-¿Hace cuánto?
La niña se encogió de hombros.
-No sé.
Gael y Mau se miraron.
-¿Te dijeron que esperaras aquí?
-Sí.
-¿Y qué más dijeron?
-Que volvían enseguida.
El estómago de Mau se hundió un poco.
-¿Y todavía no vuelven?
-No.
-¿Te da miedo?
-No.
La respuesta salió tan rápida que casi los sorprendió.
-¿Segura?
-Sí.
-¿Por qué?
Mía pensó unos segundos.
-Porque si me da miedo no ayuda.
Gael parpadeó.
Mau también.
Ninguno esperaba escuchar eso de una niña de seis años.
-Bueno... eso es cierto.
Mía sonrió.
Pasaron varios minutos hablando con ella.
Intentando averiguar algo.
Lo que fuera.
-¿Sabes el número de teléfono de tus papás?
-No.
-¿Dónde viven?
-No sé.
-¿Tienes familiares?
-Creo que sí.
-¿Quiénes?
-No sé.
-Ah.
Gael se pasó una mano por la cara.
Cada respuesta parecía complicar más las cosas.
-¿Tienes hambre?
preguntó Mau.
-Un poquito.
-Yo sabía.
-¿Cómo?
-Porque todos tienen hambre cuando suben montañas.
-Yo no.
-¿No?
-Bueno... sí.
Mau abrió su mochila.
Sacó un paquete de galletas.
-Toma.
Los ojos de Mía se iluminaron.
-¿Son para mí?
-Sí.
-Gracias.
-De nada.
Ella tomó una.
Luego otra.
Y después guardó varias en su mochila.
-¿Por qué las guardaste?
preguntó Gael.
-Por si después me da hambre.
-Esa es una excelente idea.
-Lo sé.
La mañana siguió avanzando.
Y nadie aparecía.
Nadie preguntaba por una niña.
Nadie la buscaba.
Nada.
Cada minuto que pasaba hacía que la situación fuera más preocupante.
Mau comenzó a caminar por la zona cercana buscando a alguien.
Preguntando.
Mirando senderos.
Nada.
Gael hizo lo mismo.
Nada.
Cuando regresaron...
Mía estaba tomando fotografías.
-¿Qué haces?
preguntó Mau.
-Fotos.
-Ya veo.
-Mira.
Le enseñó la pantalla.
Había una fotografía de una flor.
Otra de una nube.
Otra de una piedra.
Otra de un pájaro.
-Están bonitas.
Mía sonrió orgullosa.
-Gracias.
-¿Te gusta mucho tomar fotos?
-Sí.
-¿Quién te enseñó?
Por primera vez Mía se quedó callada.
Miró la cámara.
Después las montañas.
-Mi papá.
Mau asintió lentamente.
-¿Te gustaba tomar fotos con él?
-Sí.
Silencio.
-Yo sí los quería.
Mau sintió algo apretarse dentro de su pecho.
-¿A tus papás?
Mía asintió.
-Sí.
-¿Y ellos?
La niña bajó la vista.
-No sé.
El silencio que siguió fue horrible.
Porque no parecía una niña enojada.
Ni resentida.
Parecía una niña que había pensado esa respuesta muchas veces.
Dos horas después.
Gael y Mau tomaron una decisión.
Ya no podían seguir esperando.
Necesitaban ayuda.
Necesitaban llamar a alguien.
-Mía.
-¿Sí?
-Vamos a bajar la montaña.
-¿Por qué?
-Porque queremos encontrar a tus papás.
-Ah.
-¿Te parece bien?
-Sí.
-¿No te molesta?
-No.
-¿Por qué?
-Porque ustedes también los están buscando.
El descenso fue lento.
Mía caminaba entre ellos.
A veces junto a Mau.
A veces junto a Gael.
A veces adelantándose un poquito.
Siempre con la cámara en las manos.
Cuando llegaron abajo fueron directamente con las autoridades.
La situación era demasiado seria.
Un oficial tomó nota de todo.
Preguntas.
Horarios.
Lugares.
Descripción de los padres.
Todo.
Mientras tanto...
Mau se quedó con Mía en una sala de espera.
Gael hablaba con la policía.
-¿Te gustan los colores?
preguntó Mau.
-Sí.
-Bien.
Porque encontré esto.
Sacó unas hojas y colores.
Mía sonrió.
-Gracias.
-De nada.
Comenzó a dibujar.
Montañas.
Árboles.
Nubes.
-¿Qué es esto?
preguntó Mau.
-El cerro.
-¿Y esto?
-Yo.
-¿Y esto?
-Tú.
-Me hiciste muy bajito.
-Porque eres bajito.
-Oye.
-Es verdad.
Al otro lado de la estación.
Gael seguía hablando con el oficial.
Hasta que finalmente escuchó algo que no esperaba.
-Por ahora no encontramos ningún reporte.
-¿Qué significa eso?
-Que nadie ha denunciado su desaparición.
El corazón de Gael se hundió.
-¿Nadie?
-Nadie.
-¿Y ahora qué?
El oficial suspiró.
-Seguiremos investigando.
-¿Y Mía?
-Por ahora necesita quedarse con alguien.
-¿Con alguien?
-Sí.
-¿Con nosotros?
-Temporalmente.
Cuando Gael volvió con Mau y Mía...
la niña seguía dibujando.
-¿Qué dijeron?
preguntó Mau.
-Que no encontraron nada.
Silencio.
-¿Y Mía?
-Necesita quedarse con alguno de nosotros.
Los dos se quedaron mirando a la niña.
Ella seguía coloreando.
Completamente ajena a la conversación.
-Se puede quedar conmigo.
dijo Gael.
-¿Contigo?
-Sí.
-¿Por qué contigo?
-Porque tengo más espacio.
-Yo tengo más tiempo.
-Yo tengo mejor internet.
-Tiene seis años.
-Bueno... pero igual.
Mía levantó la vista.
-¿De qué hablan?
-De dónde vas a quedarte.
-Ah.
-¿Tienes alguna preferencia?
preguntó Gael.
Mía los observó.
Primero a Gael.
Después a Mau.
Pensó unos segundos.
Y señaló.
-Con Mau.
Silencio.
-¿Qué?
preguntó Gael.
-Con Mau.
-¿Por qué?
Mía sonrió.
-Porque me dio galletas.
Y por primera vez desde que la encontraron...
Mau soltó una carcajada tan fuerte que incluso el oficial volteó a verlo.
Y así, sin que ninguno de los tres lo supiera todavía...
comenzó una familia.
••°•°•°•°
Nueva historia! Estos últimos meses he estado viendo mu ho el pot cast de ideas de altura y lo amo totalmente. La química entre los 2 es muy bella y buscando fanfics solo me encontré 2 JAJAJAJJAJAJA Por eso decidí hacer uno yoy entrar en dedulu con ustedes también.
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Lo que encontramos arriba
FanfictionGael y Mau, dos mejores amigos de Monterrey que pasan su tiempo grabando contenido y subiendo montañas, encuentran a Mía, una niña de seis años abandonada en el Cerro de la Silla. Mientras las autoridades intentan localizar a sus padres, Mía se qued...
