Capítulo 1

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CAPITULO 1. La suerte está echada.

Aquel año había decidido aprovechar mis vacaciones de verano. No solo disfrutaría de la arena blanca bajo mis pies y el cálido sol reflejado en el agua cristalina del mar mediterráneo mientras se bronceaba mi piel, como hacía todos los veranos desde que tenía memoria; sino que buscaría trabajo. La situación en mi pueblo natal no era buena en lo que a búsqueda de empleo se refería y quería aprovechar que estaría tres meses en una ciudad tan grande y conocida para mí para repartir currículos por todas las empresas, tiendas, bares, restaurantes o supermercados que se cruzasen en mi camino. Y si era seleccionada en alguna empresa teniendo un buen contrato, podría convertir aquella hermosa ciudad costera en mi hogar y me ayudaría a olvidar definitivamente mi horrible y única experiencia amorosa.

Suspiré resignada al recordar a Daniel. No es que fuera un hombre de belleza espectacular, era un hombre de lo más normal. Un chico casi tan alto como yo, de cabello negro y ensortijado y ojos oscuros. Mi tipo de hombre ideal no era precisamente ese, pero sabía que no iba a encontrar a un hombre similar a las series de televisión o películas que veía o a las novelas románticas que me encantaba leer. Por supuesto, siempre había deseado a un chico mucho más alto que yo, de complexión fuerte, de cabello oscuro y ojos claros. Pero, la vida te presentaba a personas como Daniel.

La amistad de Daniel fue muy importante para mí porque parecía sincera y con el tiempo, nuestra relación pasó a ser amorosa. Al menos, él también quería una relación formal. Por supuesto, le creí porque era el primer chico que despertaba un sentimiento en mí más allá de la amistad. Estuvimos juntos un año y medio, con idas y venidas, con momentos increíbles y dolorosos.

Sin embargo, con el tiempo, el carácter de Daniel cambió. Se volvió una persona fría y aburrida, aunque quise pensar que era una mala racha. Sin embargo, tras una noche de apasionado sexo entre nosotros, todo cambió. En aquel momento, estaba muy estresada porque estaba preparando unas oposiciones para trabajar como profesora, lo que había estudiado.

Y el estrés provocó un retraso en mi período. A veces, ocurría. Aunque, también debía reconocer que mi período era bastante irregular y venía cuando quería. Hasta ahí, no habría tenido que preocuparme por nada, pero aquella noche de sexo apasionado habíamos olvidado algo importante. Siempre teníamos sexo con precaución, pero en aquella ocasión en la que estábamos tan encendidos, no lo tuvimos en cuenta y fue un gran error. Aún así, estaba segura de que no habíamos tenido ningún problema, nadie mejor que yo conocía mi propio cuerpo. En un par de meses, no engordé ni un ápice y ni siquiera tenía nauseas, así que no podía estar embarazada. Aún así, quise asegurarme antes de hablar con Daniel sobre el tema. Tras hacerme un test de embarazo, descubrí que había sido una falsa alarma y me alegré enormemente de estar estresada.

Sin embargo, aquello podía ser una prueba definitiva en mi relación. Un día quedé con Daniel y le comenté mi problema con la ausencia del período, le expliqué que había comprobado que no estaba embarazada con un test de embarazo y que el período se estaba retrasando por culpa del estrés. No sabía que me diría Daniel ante esto, pero esperaba que me dijera que me apoyaría si la prueba hubiera resultado positiva. A fin de cuentas, estábamos enamorados y supuestamente, debíamos estar juntos ante cualquier circunstancia. Lo que no imaginaba era que me dijera que esperaba no tener que hacer frente a un embarazo en aquel momento de su vida porque él no quería ser padre sin tener un trabajo con el que mantener un bebé. Y a eso también añadió que si la prueba de embarazo hubiese resultado positiva, habría tenido que plantearme no seguir adelante con el embarazo.

Aquello me enfureció. Daniel tenía parte de razón al decir que había que ser capaz de mantener a un bebé, pero tal como lo había dicho, había dejado claro que era un hombre inmaduro e incapaz de comprometerse. Por supuesto, tener un bebé era una gran responsabilidad y yo aún era demasiado joven para plantearme la maternidad, pero si había un accidente apasionado, no era solo culpa mía. Tras aquella conversación rompí mi relación con Daniel, aunque mi corazón se rompió en el proceso. Aquello me ayudó a descubrir la clase de persona que era Daniel y lo que no quería tener en mi vida.

Conviviendo con el deseo Stories to obsess over. Discover now