El Boleto de Avión

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Dae miraba el folleto brillante que anunciaba "KISS en Nueva York: Tour de Celebración" con el mismo entusiasmo con el que uno mira una factura de electricidad vencida. Suspiró, doblando el papel en cuatro hasta que la Estatua de la Libertad quedó reducida a un cuadrado arrugado, y buscó un rincón tranquilo en el pasillo acristalado de la academia.

Sacó su teléfono y la pantalla se iluminó de inmediato con una videollamada entrante de Portland.

—Ni lo digas, Kitty. Ya sé que es la oportunidad de mi vida —dijo Dae en un susurro, apoyando la cabeza contra el vidrio en cuanto aceptó la llamada—. Pero ese viaje cuesta más que mis próximos tres años de comida. No puedo ir.

Dae, no seas ridículo —la voz de Kitty sonaba demasiado animada a través del altavoz para alguien que estaba en pijama al otro lado del mundo—. Es el último año antes de que yo intente entrar ahí. Tienes que ir a Nueva York. Es más, si es por el dinero, yo te lo presto. O te lo regalo. Mi papá no se daría ni cuenta y...

—No, no y no —la interrumpió Dae, sonriendo a pesar del nudo en el estómago—. No voy a dejar que mi mejor amiga me pague unas vacaciones de lujo. Ya es suficiente con que me aguantes las quejas por video.

Dae no se dio cuenta de que, al doblar la esquina del pasillo, una silueta impecablemente vestida se había detenido en seco. Min-Ho estaba ahí, sosteniendo un vaso de café helado con la misma elegancia con la que otros sostienen una copa de champaña.

Min-Ho no solía espiar; él prefería el término "monitoreo ambiental". Y lo que sus sentidos estaban monitoreando en ese momento le revolvía el estómago. ¿Quién demonios era esa tal Kitty? ¿Y por qué Dae —que según los cálculos de Min-Ho era un alfa hecho y derecho, aunque extrañamente sutil con su aroma— le hablaba con esa voz tan suave, casi de súplica?

"¿Mejor amiga?", pensó Min-Ho, apretando el vaso de plástico. Para él, esa chica de la pantalla era claramente una omega con intenciones de "comprar" el afecto de su Dae. ¿Desde cuándo los alfas se dejaban mantener? Bueno, Dae era demasiado noble, seguro la tipa se estaba aprovechando de su situación económica.

Dae, en serio, piénsalo —insistió Kitty, gesticulando con las manos—. Nueva York es el lugar más romántico del mundo. Quizás allá finalmente dejes de ser tan cobarde y le digas a ese chico lo que sientes.

A Dae se le subieron los colores al rostro, tiñéndole hasta las orejas.

—¡Kitty! Cállate. Alguien puede oírte —siseó, mirando frenéticamente a su alrededor.

Demasiado tarde. Min-Ho apretó el paso y cruzó el pasillo como un huracán de fragancia de diseñador y superioridad fingida. No lo miró directamente, pero la barbilla alzada y la rigidez de sus hombros delataban que su cerebro ya estaba trabajando a mil por hora.

«¿Así que un viaje pagado, eh?».

Min-Ho no iba a permitir que una oportunista de Portland fuera la heroína de la historia de Dae. Si alguien iba a llevar a Dae a la cima del Empire State, iba a ser él. Y si tenía que convencer a su madre de patrocinar una "beca de viaje anónima" esa misma tarde, lo haría.

~

Dae se encontraba en la biblioteca, sentado en una de las mesas del fondo, con el teléfono apoyado contra una pila de libros de historia. Kitty estaba en medio de un análisis profundo sobre por qué los hot dogs de Nueva York eran un pilar cultural, cuando la atmósfera de la mesa cambió drásticamente.

No fue un ruido; fue ese magnetismo pesado y esa fragancia a madera y diseñador que siempre anunciaban la llegada de Min-Ho Moon.

Min-Ho se acercó con paso lento, sosteniendo una hoja de papel de alto gramaje recién impresa. No llegó por detrás, sino que rodeó la mesa con una precisión quirúrgica, asegurándose de quedar exactamente en el campo de visión de la cámara frontal del teléfono de Dae, invadiendo el encuadre.

—Toma —dijo Min-Ho, dejando caer el papel sobre los libros con una indiferencia ensayada.

Dae parpadeó, desconcertado por la repentina aparición y el lujo del papel.

—¿Qué es esto?

—Tu pase para Nueva York —respondió Min-Ho, cruzándose de brazos y mirando de reojo hacia la pantalla del celular, donde la cara de Kitty estaba congelada en una expresión de pura sorpresa—. Escuché por casualidad que alguien "del extranjero" quería financiarte. No seas ridículo, Dae. Si vas a viajar a otro país, lo harás con el respaldo de alguien que esté a tu altura, no con las limosnas de... desconocidas de videollamada.

Dae tomó el papel. Era una confirmación de vuelo en primera clase y una reserva de hotel de cinco estrellas. Sus manos empezaron a temblar un poco al ver los dígitos del costo total.

—Min-Ho, esto es... es demasiado. No puedo aceptarlo.

—Ya está pagado. Y la política de cancelación de la aerolínea es del cien por ciento, así que si no vas, estarás tirando mi dinero a la basura —mintió Min-Ho con una elegancia impecable. Luego, se inclinó un poco más, reduciendo la distancia entre ellos y adueñándose por completo de la pantalla—. Espero que ahora tengas cosas más importantes de qué hablar que de "préstamos" de Portland.

Dae sintió que el calor le subía por el cuello, evaporando cualquier rastro del frío de la biblioteca. Min-Ho le dedicó una última mirada de suficiencia a la pantalla —un mensaje silencioso de "yo gano" dirigido a la misteriosa chica—, se enderezó y se dio la vuelta, alejándose con la espalda recta y el ego inflado.

En la pantalla, Kitty soltó un grito ahogado que casi hace que el bibliotecario los expulse.

¡Oh, por Dios! —chilló Kitty, pegando la cara a su cámara—. ¿Ese es el chico del que me hablaste? ¡Dae, ese hombre no te compró un boleto, te marcó el territorio en vivo y en directo! ¡Mírale la cara! ¡Casi escupe fuego cuando me vio!

—Cállate, Kitty... —susurró Dae, cubriéndose el rostro sonrojado con el itinerario de primera clase—. Solo es un buen amigo. Un amigo muy orgulloso que odia perder.

Sí, claro —replicó ella, riendo con ganas—. Y yo soy la reina de Inglaterra. Disfruta tu viaje patrocinado por los celos, Dae. ¡Nos vemos en Manhattan!

Dae se quedó mirando el nombre de Min-Ho impreso junto al suyo. Suspiró, sintiéndose el idiota más afortunado del mundo, sin tener la menor idea de que Min-Ho seguía creyendo que su gran rival amoroso era una chica que vivía a miles de kilómetros, y no su propio e inexistente estatus de Alfa.

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⏰ Last updated: Jun 16 ⏰

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