Capitulo 1

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— Repítelo—. Ordenó su madre con voz firme—, dilo.

— Papá murió— la voz le tembló, pero quiso complacer a su madre—, tuvo un accidente de auto.

Su madre le acarició el cabello húmedo y asintió más de una vez, mojándose los labios con la lengua antes de hablar.

—Bien—dijo y después se levantó y le tomó de la mano, caminando con él hasta la estación del ferry.

Snape se sentó paciente con una maleta vieja entre las piernas, mirando con atención a su madre, que daba vueltas en un radio de dos metros con los brazos cruzados. La notaba nerviosa y no era para menos.

—¿Cómo es la abuela?—preguntó para abrir el espacio de silencio.

Su madre lo miró un momento, detuvo sus pasos y tras morderse la uña del dedo índice tomó la otra maleta y su saco viejo.

—Ven. Vamos, ya es hora—murmuró caminando por el muelle, ignorando su pregunta y observando cuidadosamente los alrededores.

El ferry era más pequeño de lo que Severus imaginó, era más parecido a una lancha que a un ferry.

Subió detrás de su madre, sujetando con fuerza la maleta mientras el agua gris golpeaba los costados de la embarcación. El aire olía a sal, combustible y algas podridas, para ese momento, la lluvia ya creaba pequeños círculos en el agua.

Abandonó el muelle con una lentitud tan larga, que seguramente su madre maldijo al piloto.

Severus permaneció junto a la ventana, observando cómo la costa se alejaba poco a poco hasta convertirse en una línea borrosa entre la niebla y el mar. El agua tenía un color extraño, oscuro y pesado, muy distinto al azul brillante que aparecía en los anuncios turísticos o en las postales que vendían en las estaciones de servicio.

A medida que avanzaban, el viento golpeaba los costados del ferry con ráfagas húmedas cargadas de sal y el cielo oscuro se extendía sobre ellos como una sábana gris que amenazaba con una tormenta.

—Mamá.

La mujer no respondió. Permanecía junto a la barandilla, observando cómo el continente se alejaba poco a poco, abrazando su bolso contra el pecho con una rigidez que él conocía bien. La había visto durante años, cada vez que su padre llegaba a casa más tarde de lo habitual o cada vez que un portazo la sorprendía.

Sin embargo, aquella mañana había algo diferente en ella. No parecía asustada y cuando se negó a decirle dónde iban Severus no pudo evitar tener un buen presentimiento. Se negaba a hablar cuando se alejaban de su padre.

—¿Cómo es la abuela?

Esta vez sí lo miró y por un instante pareció considerar la pregunta.

—Vieja.

Después de esa respuesta, Severus entendió que no debía preguntar y durante gran parte del trayecto no habló. Tampoco sintió deseos de hacerlo.

La luz giraba lentamente sobre el mar, apareciendo y desapareciendo entre la lluvia. Cada vez que atravesaba la niebla, iluminaba durante un instante los contornos negros de la costa antes de volver a dejarlos sumergidos en la negrura.

Aquello era St. Hogwart.

No parecía gran cosa.

Durante horas había imaginado una isla llena de acantilados, barcos pesqueros y calles estrechas como las que aparecían en algunas postales. Incluso había esperado ver algo parecido a los pueblos turísticos de los calendarios.

Pero a esa hora la oscuridad se tragaba casi todo. Desde la distancia sólo distinguía la silueta irregular de la costa, algunas luces dispersas y la masa oscura de un bosque que parecía extenderse hasta el mismo borde del agua.

Los chicos del faroStories to obsess over. Discover now