Prólogo

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—¿Sabes? —se cruzó de brazos mirando fijamente al pequeño de casi dos años—Si pudiera deshacerme de ti lo haría, pero se llegó el día que temía—miro a su izquierda sabiendo que sus propias palabras eran mentira—, ya vienen tus padres postizos a hacerse oficiales.

—¿Qué tanto le dices al niño, Kokonoi? —Takemichi lo cargó intercambiando una sonrisa—Fuimos con Mikey, todo salió bien, los papeles están listos. Aunque conservemos nuestros nombres, nuestro matrimonio existe, nuestro pasado no... y ahora Shinichiro llevará mi apellido.

Asintió. No podía negarse a nada, aunque les había advertido mil veces lo mismo, que conservar a ese niño era un peligro que iría creciendo, un riesgo que ambos tendrían que cargar, pero nunca los hizo entrar en razón. Él no lo quería aun, lo cuidaba y a veces jugaba con él, pero solo podía imaginarlo en un futuro, llevando atrás un pasado demasiado cruel.

—Koko—el ahora rubio apareció poniéndose junto a su esposo—, también tenemos los pasaportes. Kakucho se ha encargado muy bien de borrar todo en Japón, ya es turno de que Kazutora vaya y deberás acompañarlo tú.

—¿Por qué? —lo miro fijamente—Mikey, yo no se si esto sea buena idea, no podemos borrar todo. La memoria de Bonten seguirá en los que siguen vivos, incluso puede ser más peligroso si alguien nos reconoce.

—Para el resto del mundo estamos muertos, no es que vayamos a ir a dejarnos ver por cualquier lado. Hubiéramos conservado o no a Shinichiro, esto hubiera pasado... los rastros de Ran iban a volver—suspiro suavizando sus facciones—, dile a tu esposo que se prepare, es su hermano, pero si Rindou decidió seguirte también a nosotros dos, ¿entendido?

—Sí—dio media vuelta regresando a su sofá—, mañana iré con Kazutora. Partiremos el próximo mes, pero no nos quedaremos mucho, mi trabajo es bueno, pero vendo autos de lujo, no pasteles... No podré dar muchas explicaciones unas veces.

—Lo sabemos—su ojo azul brillaba un poco mirando a su ahora hijo—, debemos protegerlo. A todos, a mi Mikey y si no confirmamos algo peligroso de Ran vamos a volver pronto.

Los miro fijamente, no estaba seguro de cuantos viajes estarían haciendo los siguientes años. Esto no sería cuestión de semanas, ni meses. Ran Haitani trabajaba lento, además, si se daba a conocer también perdía.

Firmaron la adopción oficialmente. Esa noche cuando se reunieron a cenar, Koko volvió a mirar a Shinichiro, sabía que no todo dura para siempre, que todas las verdades tarde o temprano salen a la luz. Aunque quemaran, mataran, eliminaran todo rastro de Bonten. Pero si ellos querían eso, les ayudaría.

Les debía la vida y la única forma de devolverles el favor era con uno más grande; cuidar a ese niño hasta donde fuera posible.

—Bastardo mimado—acarició su cabello dándole una sonrisa—, espero que te guste Japón y aprendas ambos idiomas, porque vivirás en Manila y en Tokio al mismo tiempo.

Solo recibió un balbuceo con su nombre como respuesta, lo suficiente para hacerlo sonreír.


Negro y Blanco | MaitakeStories to obsess over. Discover now