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𝓐ñ𝓸 1897
El pueblo era pequeño
Muy pequeño.
Los secretos no permanecían ocultos por mucho tiempo. Las noticias viajaban de casa en casa más rápido que el viento y cualquier comportamiento fuera de lo habitual terminaba convirtiéndose en el tema de conversación de toda la semana.
Por eso Cuadradito había aprendido a guardar silencio.
No porque el lo quisiera
Sino,,porque era más fácil.
Más seguro.
Aquella tarde estaba sentado bajo un viejo árbol junto a Circulito.
El sol atravesaba las hojas y dibujaba sombras irregulares sobre el suelo.
-¿En qué piensas? -preguntó Circulito.
-En nada.
-Mentira.
-¿Cómo sabes?
-Porque te conozco.
Cuadradito bajó la mirada.
Circulito siempre decía esas cosas como si fueran lo más normal del mundo.
Como si conocerlo tan bien no significara nada.
Como si no fuera capaz de hacer que su corazón se acelerara.
-Entonces dime tú en qué estoy pensando.
-Mmm...
Circulito fingió analizarlo.
-Seguramente en algún libro.
-No.
-¿En comida?
-Tampoco.
-Entonces no tengo idea.
Cuadradito sonrió.
En ese segundo todo parecia sencillo.
La vida de Circulito nunca había sido sencilla.
Su padre se había marchado años atrás.
Sin despedirse.
Sin explicaciones.
Un día estaba allí.
Y al siguiente ya no.
Desde entonces había sido su madre quien cargaba con todo el peso de la casa.