Pequeñas historias con Famosas (wlw)
Actrices, cantantes, YouTubers, modelos, deportistas... y un corazón que se enamora fácil.
Holiii la mayoría de estos one shots son cosas que me pasaron. Solo les cambio los nombres, les pinto un final bonito (o...
"Te amo, ojalá hubieras sido hombre, solo para no tener que amarte en secreto."
Auch.
Un mensaje a las 2 a.m. tiene el poder de arruinarte la noche o de darte la excusa perfecta para volver a estrellarte. Con ella, siempre es ambas.
No importa el estado en el que esté. Si está sobria y su voz suena pequeña al teléfono pidiendo "¿Podemos vernos? Solo una vez más", o si está ebria, dedicándome canciones en un bar que acaba de decidir que hablan de nosotros con una precisión quirúrgica. El resultado es el mismo: yo siempre voy.
Ella solía decir que estaba cansada. Que le dolía. Lo repetía como un mantra cada vez que desaparecía sin explicación, solo para regresar a los brazos de su mariscal de campo, su hombre perfecto en papel. El que sale en las fotos familiares. El que su madre adora.
Y yo, la estúpida, me conformaba con las migajas de sus mañanas. Despertar a su lado, ver cómo el sol se enredaba en su cabello rubio y ella sonreía, todavía dormida, y murmuraba "te amo". En esos momentos, juraba que valía la pena. Que yo tenía la versión de ella que nadie más veía.
Pero esa versión nunca era suficiente. No lo era para ella.
Ojalá hubiera entendido antes que nunca estaba tan segura como fingía. La forma en que su miedo me apuñala más que su ausencia. El terror en sus ojos cuando suena su teléfono y es su madre. Lo que sus padres dirían. Cuánto su madre la odiaría por "elegir esto". Lo aterrada que está de que él se entere de que ella me ama. Aunque sea un poco. Aunque sea una pizca más que a él.
Porque sí, me ama. Creo que nunca dudé de eso.
Y esa es la única verdad que me mantiene aquí, en este ciclo interminable de ir y venir.
El problema es que a veces el amor no alcanza para construir una vida.
Es estúpido, lo sé. Pensar que una mujer adulta, una de las más seguras del mundo sobre un escenario, tenga miedo del "qué dirán". Pero le pasa a ella. Ese miedo la paraliza. La convierte en otra persona. La devuelve a los brazos de Travis, a la portada de una revista que la valida, a la vida que le prometieron que debía tener.
No es que ella no sea lesbiana. Es que su mundo no le ha dado permiso para averiguarlo. Supongo que simplemente... me ama. Y ese es el problema más grande de todos.
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Con un suspiro que me sale del alma, apuro lo que queda de mi bebida. La botella está vacía como mi paciencia conmigo misma. Me pongo la chaqueta y el movimiento hace que Daniela levante la vista del teléfono, con una mezcla de preocupación y esa pequeña molestia que le sale de quererme tanto.
—¿Quién era? —pregunta, incorporándose en la cama del hotel, las sábanas enredadas en sus piernas.
Yo solo niego mientras busco mis llaves en la mesita de noche.