Días de Escuela

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Ser hija única nunca fue fácil. Las atenciones de sus padres nunca habían sido de cariño, sino más bien de corrección. Como a un árbol al que se le colocan estacas de madera para corregir su postura, sus padres habían trazado el camino que debía seguir. Pero hasta las plantas necesitan atenciones para crecer saludables y un vaso de agua (o en este caso, una tarjeta de crédito sin límite), no era suficiente para llenar la sed de amor que la pequeña Yuqi tenía.


A veces le gustaría haber tenido un hermano con quien compartir la atención y regaños de sus padres, pero al mismo tiempo sabía que tener un hermano solo le habría dado una responsabilidad extra, pues sus padres la habrían obligado a ser un ejemplo a seguir (en caso de que tuviera un hermano menor), o la habrían presionado todavía más para ser la mejor en todo, al tener un hermano mayor y tener que seguir sus pasos; definitivamente no podría ni siquiera intentarlo.


Tendría alrededor de catorce años cuando al fin aceptó que el amor de sus padres siempre se reduciría a cuánto podían presumirla ante sus amigos y conocidos, y se preguntó, si no fuera lista y buena en los deportes, ¿seguirían hablando tan bien de ella? La duda siguió rondando un año más en su cabeza, jugando con la idea de cometer un acto de rebeldía y mostrarle a sus padres que necesitaba de ellos. Pero crecer en un colegio en el extranjero lo complicaba todo aún más, y sabía que cualquier cosa que hiciera, solo terminaría con ella siendo regañada no por sus padres, sino por las figuras de autoridad del internado.


Después de las vacaciones de verano, sus padres le hicieron saber que no regresaría al colegio en Suiza, sino que ahora estudiaría en el Reino Unido, ya que la hija de la familia Cho, se movería a ese lugar.


Miyeon


Su vida giraba en torno a ella y ni siquiera habían intercambiado más que un "buenas tardes" o "el clima está horrible hoy". Pero sus padres se arrastrarían con tal de tener alianzas con la familia Cho, y a donde Miyeon iba, Yuqi la tenía que seguir.


"Intenta hacerte su amiga, Yuqi, nos conviene, créeme". Le dijo su padre mientras se metía un trozo de carne a la boca y masticaba descuidadamente, como si el mundo le perteneciera.


"Padre, ¿no la ha visto? es la niña más fea e insulsa que conozco".


"No te estoy diciendo que la conquistes o que te cases con ella. Solo sean amigas, hazlo por la familia; nos podría servir en el futuro". Yuqi simplemente asintió y, sentándose derecha, tomó los palillos y comenzó a comer de la misma forma en que lo hacía su padre. Tenía quince años cuando supo que su propósito en la vida era hacer alianzas, dinero, y nada más.





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"Cuando me dijeron que me cambiaría de escuela, jamás pensé que te encontraría aquí, miss Song". Dijo Miyeon al entrar al aula y ver a Yuqi ya sentada y con sus cosas sobre el escritorio. Le iba a responder con algo grosero, pero al mirarla simplemente se quedó con la boca abierta. Las vacaciones de verano definitivamente habían sido muy benévolas con Miyeon, quien ahora era un poco más alta, había bajado de peso y sus pechos habían crecido, sin duda, además de haber cambiado los lentes por unos de contacto. ¿Siempre había tenido una sonrisa así de linda? No lo podía recordar, seguramente nunca le había sonreído, para empezar. "¿Desde cuándo te volviste tan callada?" Sonrió divertida y se sentó a su lado al ver que la clase estaba por comenzar, pero Yuqi no fue capaz de responder. El resto de la clase se limitó a anotar lo que debía y a fingir poner atención, mientras el corazón no bajaba su ritmo y se sobresaltaba con cada roce que el brazo de Miyeon le daba al tratar de escribir.


"¿Podemos intercambiar lugares para la próxima clase? Las dos estaremos más cómodas, no tiene sentido que nuestros brazos estén chocando cuando tú eres diestra y yo zurda". Dijo Miyeon una vez que las clases terminaron, mientras comenzaba a meter sus cosas en la mochila.


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