Colmillos que acarician el alma

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El clima en México era mucho más húmedo y caliente que en Japón, y eso Ippo lo sintió de inmediato, viéndose forzado a desabrochar un par de botones de su camisa, para refrescarse un poco. Caminó por el pasillo cargando su mochila y encendiendo su celular de inmediato; ya que debía comunicarse con quien iría a recogerlo.


— ¡IPPO! — escuchó el susodicho, levantando la mirada, viendo inmediatamente el rostro sonriente y pecoso de su novio, guardo el celular, se aferró a su maleta y se acercó corriendo. Volg lo estaba esperando con los brazos abiertos. Al estar a pocos pasos de él soltó sus pertenencias y se arrojó a sus brazos, rodeándolo con fuerza.


Se quedaron un buen rato en esa posición hasta que Volg discretamente dejó un beso en su oreja. — Te extrañe mucho, cariño. — esta última palabra la murmuró con suavidad, sabiendo que esos apodos sonrojaban a su novio.


— V-volg... — dijo contra su hombro, sintiendo su cara caliente y no por clima de México. — También te extrañe.


— rompiendo el abrazo se agachó para recoger la maleta y la mochila de Ippo. — Vamos, nos están esperando afuera. — esbozó una ligera sonrisa, para después ofrecer su mano al japonés.


— levantando los hombros tímidamente, secó su mano contra la mezclilla de su pantalón antes de tomar la mano de Volg. — ¿E-está bien que lo hagamos? — preguntó mirando discretamente en todas direcciones.


— Bueno, si te preocupa que la gente nos juzgue, podemos caminar solamente, pero en realidad a mí no me importa, han pasado 6 meses que no te veo y quiero sentirte. — apretó la mano que sostenía, miraba a Makunouchi con adoración.


Ante estas palabras, el nipón no pudo evitar ocultar su rostro en la mano libre y dejarse guiar hasta el auto.


— ¡IPPOOO! — gritó Wally mientras lo abrazaba con fuerza y le dejaba un beso en la mejilla.


— ¡Hola Wally! — respondió el excampeón, rodeando los hombros del joven.


— Wally dale un poco de espacio... — pidió el ruso mientras tomaba asiento a lado de su pareja.


Wally solo frotó su mejilla con la del japones, enserio lo había extrañado... Al bajar los seguros del auto, emprendieron camino al gimnasio donde entrenaban y se hospedaban. Cuando estaban a mitad de camino las voces juveniles fueron interrumpidas por Miguel. — Oigan niños. — miró por el retrovisor, contando en voz baja a los presentes. — ¿No se supone que íbamos a recoger a dos? ¿Dónde está el otro?


Las caras de Volg e Ippo se tensaron ante las preguntas, se miraron una y otra vez y gritaron al unisonó. — ¡OLVIDAMOS A SENDO!


— ¡Miguel, por favor regresa al aeropuerto! Olvidamos que Sendo venía con nosotros. — pidió Ippo cubriéndose los ojos con las manos, completamente avergonzado.


Mientras tanto, en la sala central del aeropuerto se encontraba un boxeador, con maleta en mano y gorra puesta, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. — Malditos, me dejaron atrás para irse a coger lo más pronto posible. — Sendo agarró su gorra y la tiró al suelo con fuerza, llamando la atención de los presentes.

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