1. Bienvenido al equipo

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El golpe de Alejandro pasó rozando la red antes de caer del otro lado de la cancha. Pablo alcanzó a correr un par de pasos, pero terminó soltando una risa y levantando una mano.

-Ya, ya. Ganaste.

Alejandro sonrió mientras se apoyaba la raqueta sobre el hombro. Estaban terminando uno de los últimos sets del entrenamiento de la tarde y, aunque el calor seguía siendo insoportable, al menos ya no sentía que se estaba derritiendo dentro de la camiseta.

-Te dejé acercarte al marcador para que no lloraras.

-Claro -respondió Pablo mientras recogía una pelota del suelo- Voy a fingir que te creo.

Antes de que Alejandro pudiera responder, el silbato del entrenador resonó por las canchas.

-¡Equipo!

Algunos chicos soltaron quejas inmediatas, otros aprovecharon para sentarse o buscar sus botellas de agua. Alejandro caminó junto a Pablo hacia donde estaba el resto del grupo.
Fue entonces cuando notó que el entrenador no estaba solo, a su lado había un chico que no había visto antes: era alto, rubio, de ojos azules y con una mochila colgada de un hombro. Además, tenía una bolsa de plástico apretada entre ambas manos y se le veía bastante nervioso.

El entrenador dio una palmada.
-Bien, atención todos. Tenemos a un nuevo integrante en el equipo -El entrenador sonrió y le dio un ligero empujón en la espalda- Preséntate.

Gabriel pareció congelarse durante un segundo.
-Hola... -su voz sonó más seria de lo que probablemente pretendía- Yo soy Gabriel Bermudez, me pueden decir Gabi. Acabo de transferirme este semestre -hizo una pausa breve- Y... eso.

Se encogió apenas de hombros. Algunos se rieron por lo corto de la presentación. El chico sonrió con incomodidad, como si acabara de darse cuenta de que probablemente debería haber dicho algo más.

-Bueno, me gusta el tenis.

El silencio duró apenas un segundo antes de que varias personas soltaran una carcajada.

-Menos mal -dijo alguien al fondo- Hubiera sido raro si no.

Las risas se extendieron por el grupo y Gabriel soltó una pequeña exhalación de alivio.
Alejandro observó la escena con los brazos cruzados.
El chico era atractivo, eso era evidente. También parecía completamente fuera de lugar en ese momento, como alguien que acababa de llegar a una fiesta donde todos ya se conocían.

El entrenador tomó la palabra otra vez.
-Quiero que lo hagan sentir bienvenido, ¿entendido?

Varias voces respondieron con saludos y comentarios casuales.

-¿Qué traes en la bolsa? -preguntó uno de los chicos.

Gabriel bajó la vista como si hubiera olvidado que la estaba sosteniendo.
-Ah -la levantó un poco- son donas.

El grupo guardó silencio durante un segundo.

-¿Trajiste donas?

-Sí.

-¿Para ti?

-No, para todos.

Ahora sí se ganó toda la atención del equipo.
-¿Qué?

-Mi mamá dijo que era de mala educación llegar a un lugar nuevo con las manos vacías.

Las risas volvieron inmediatamente. Incluso Alejandro terminó sonriendo un poco.
Gabriel abrió la bolsa y empezó a repartir las cajas mientras varias personas se acercaban de golpe. En cuestión de menos de un minuto estaba rodeado.

Después de eso, el entrenamiento continuó con relativa normalidad. Gabriel desapareció unos minutos para cambiarse y, cuando regresó con ropa deportiva y una raqueta en la mano, comenzó a buscar a alguien con quien jugar. Alejandro apenas le prestó atención. Escuchó al entrenador emparejarlo con Luigi y luego volvió a concentrarse en su propio entrenamiento junto a Pablo. Al final, era un chico nuevo; cada semestre llegaban estudiantes nuevos y, hasta ese momento, Gabriel no parecía muy diferente a los demás.

Challengers | Alebi college AUHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora