En los pasillos de Hogwarts, las jerarquías parecían grabadas en piedra. James Potter, arrogante, carismático y deslumbrante, se paseaba con el pecho inflado, convencido de ser el Alfa supremo de su generación. Lo que nadie en el castillo sabía —ni siquiera él mismo en ese momento— era que su casta ocultaba algo mucho más raro y dominante: era un Enigma.
Por otro lado, estaba Lily Evans, una Omega brillante y compasiva cuya sonrisa podía derretir el hielo del Lago Negro. Y siempre a su sombra, observando el mundo con cautela, se encontraba Severus Snape, un Beta.
La vida de Severus en el colegio era un tormento constante. Los Merodeadores, liderados por James, habían convertido en su deporte favorito hacerle la vida imposible. Las bromas pesadas, las humillaciones públicas y los hechizos por la espalda se volvieron el pan de cada día.
Para Severus, el costo de este acoso fue mucho mayor que su orgullo: fue su amistad con Lily.
Cada vez que Lily intentaba defenderlo, las burlas de James y Sirius empeoraban. Cansado, humillado y tratando de proteger la poca dignidad que le quedaba, Severus comenzó a evitarla. Se escabullía por pasillos distintos, dejaba de sentarse a su lado en Pociones y la ignoraba en la biblioteca.
Lily, confundida y con el corazón doliendo por el abandono de su mejor amigo, se sintió profundamente sola. Ella sabía perfectamente que los Merodeadores eran la causa de la actitud de Severus, pero en su soledad, la persistencia de James comenzó a surtir un efecto inesperado. El "Alfa" había madurado sutilmente; sus atenciones hacia ella eran genuinas, cálidas y desbordaban un encanto al que, muy a su pesar, la Omega no pudo resistirse.
Una tarde de primavera, en el patio central y frente a medio colegio, James Potter finalmente dejó de lado las bromas y se le declaró con una sinceridad que dejó a todos sin aliento. Lily, con las mejillas encendidas y una sonrisa tímida, aceptó.
La noticia corrió como fuego valyrio por las casas. James y Lily eran la pareja oficial de Gryffindor.
Desde las sombras de los arcos de piedra, Severus observó la escena sintiendo cómo el estómago se le hundía. El arrepentimiento lo golpeó con la fuerza de un bludger. Si tan solo no me hubiera alejado... Si tan solo hubiera tenido el valor de confesarle que la amaba. Para colmo de males, Severus notó algo que le revolvió aún más las entrañas: el acoso había terminado. James, satisfecho y embriagado por el amor de su Omega, había ordenado a los Merodeadores cesar las bromas pesadas contra el Beta. Severus ya no era un objetivo, era simplemente... irrelevante.
Semanas después, en la penumbra de la sala común de Slytherin, Severus se encontraba hundido en un sillón de cuero verde. A su lado, Lucius Malfoy, su reciente y refinado amigo, jugueteaba distraídamente con su varita.
Lucius llevaba horas escuchando la misma cantaleta. Severus no dejaba de quejarse sobre lo injusta que era la vida, sobre el asqueroso de Potter, sobre la inocencia de Lily y sobre su corazón roto.
—Por Salazar, Severus... —suspiró Lucius, arrastrando las palabras con evidente hastío, frotándose las sienes—. Tanto hablas de este tema que ya me dio jaqueca. Eres brillante para las pociones, pero patético para resolver tus problemas.
Severus le lanzó una mirada fulminante, pero Lucius levantó una mano, interrumpiéndolo con una sonrisa cargada de sarcasmo y fastidio.
"Si tanto odias verlos juntos, usa el cerebro. ¿Qué tal si haces que James se fije en ti? Matarías dos pájaros de un tiro: una vez que el idiota de Potter esté enamorado de ti, terminará con Lily. Ella quedará libre, y tú... bueno, tú podrías vengarte rompiéndole el corazón en mil pedazos."
Lucius soltó una carcajada seca ante lo absurdo de su propia idea. Se puso de pie, se alisó la túnica y se marchó hacia los dormitorios, olvidando sus propias palabras al instante, convencido de que era una simple broma cruel para hacer callar a su amigo.
Pero Severus no se rió.
Se quedó en absoluto silencio, mirando el fuego crepitar en la chimenea. La luz naranja danzaba en sus ojos oscuros, reflejando una mente que comenzaba a trabajar a mil por hora.
¿Hacer que Potter se enamore de un Beta? ¿De él, su enemigo jurado? Parecía una locura. Una idea suicida y retorcida. Pero cuanto más lo pensaba, más sentido cobraba. James Potter era orgulloso, impulsivo y competitivo. Si Severus jugaba bien sus cartas, si lograba intrigar a ese falso Alfa, podría desestabilizar su relación perfecta.
Podría liberar a Lily de sus garras y, finalmente, tener una oportunidad con su amor de la infancia. Y la recompensa final... ver a James Potter destruido, suplicando por un Beta que jamás lo amaría.
Una sonrisa lenta, fría y calculadora se dibujó en el rostro de Severus Snape. La venganza acababa de encontrar su forma más dulce, y el Enigma no tenía idea de lo que se le avecinaba.
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El juego empieza
FanfictionJames se pone de novio con Lily, ha Severus no le sienta bien esta noticia, pero tiene un plan bajo la manga.
