Capitulo 1: El Perro Callejero

86 6 0
                                        

1 (Punto de Vista (Pov): Narrador)

Llovía.

Un joven envuelto en una capucha estaba sentado, arrinconado en una esquina mientras los truenos y el chisporroteo lejano del agua endulzaban sus oídos. Su cabeza se meció hacia atrás, tocando dos diferentes muros, Es bueno, meditó, imaginando la sensación del agua fría cayendo por su frente. No necesito los audífonos, reafirmó cerrando los ojos para avivar la idea de empaparse el cuerpo con la tormenta de afuera. Krin, se escuchó el tintineo de metal cuando levantó sus manos juntas hasta llevarlas al cierre de su suéter— No necesito de Yun —rezongó y tiró, tratando de quitárselo.

— ¿De verdad? Vas a romperme el corazón —Exclamó una voz cargada de sarcasmo desde otro extremo.

¿Yun?, pensó él, soltando el cierre con los ojos en blanco. Desde su esquina podía ver cada rincón de la celda en la que se encontraba, incluida la rejilla de la entrada, frente a la cual ahora dos personas estaban paradas; Un hombre vestido de oficial buscando en un juego de llaves, y un chico de su misma edad envuelto en un impermeable, observándole directamente. Mierda, maldijo ocultando sus manos entre sus piernas y bajando la cabeza.

— No es cómo si esperara una disculpa de ti, en realidad.

— ¿Pagaste mi fianza?.

— ¿Fianza? —Yun se echó a reír en voz alta— Si estás en un parque público y detienes a un degenerado, ¿en serio crees que alguien va a protestar por ello? Encerrarte más bien fue una formalidad, a estos nipones les encanta.

Él bajó ambas cejas desde debajo de su suéter azul oscuro— No tengo ningún derecho a portar un arma —dijo, al hundirse más en su rincón.

— Si, um, —Yun ladeó la cabeza al bajar el tono de su voz— el arma no tenía cargador, entonces... ya que no era funcional, no cuenta como portación a rajatabla.

— Me miraron golpearlo.

— Delito menor, solo te darán un regaño y te dejarán ir.

— Yun. —Se detuvo él, inhalando antes de continuar— Le apunté con un arma a un hombre y lo golpeé en un parque público.

— Usaste una pistola de balines y detuviste a un acechador. Eso es lo que dice el papeleo, aunque, no es que a nadie le importe, ¿sabes?.

— Me importa a mi.

— Apuesto a que sí —suspiró, y después murmuró en voz baja— lo "correcto" es lo único que te importa, ¿no es así, Dan?.

Hubo un instante vacío de queja, y luego la reja se abrió de un rechinido sordo. Los pasos, lentos pero firmes del oficial de policía se sumieron en el interior de la celda, cargando con el tintineo del juego de llaves en su mano hasta detenerse frente al escuálido hombre, cuyas manos esposadas se encontraban escondidas.

— O las sacas de ahí, o las sacaré yo —dijo el guardia.

— Hu —Aunque de mala manera, Dan levantó las manos, vigilando con cuidado el comportamiento del guardia mientras le quitaba las esposas; como si sus largos brazos pálidos y delgados no le impidieran pensar en defenderse de aquel hombre si llegara a ser necesario. Clink, se liberó el cerrojo, dando espacio para que se tallara las muñecas, sin despegar la mirada del oficial.

— Corta el juego del gato callejero y date prisa —se quejó Yun, cruzado de brazos— Te esperaré afuera.

¿Por qué tengo que hacer lo que tú digas? pensó Dan sin dignarse a mirarlo, dándole en cambio un manotazo a la mano del guardia que trató de ayudarlo a ponerse de pie, no necesito su ayuda, habló la voz dentro de su cabeza, mientras se erguía y se quitaba la capucha del suéter.

A Wholesome Reincarnation: To be meDes histoires addictives. Découvrez maintenant