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parte 2

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v.

Carter viene, y hay dolor, brillante y vidrioso. Es real, y ella lo


siente con una satisfacción primordial mientras la atraviesa. Este es su


dolor, esto le pertenece a ella, y nadie puede quitárselo. Ella disfruta


en él mientras el sudor gotea de su frente.


Son pocos, ahora.


Su manada.


Pero ella los oye susurrar en su cabeza, y es amor y fuerza y sí,


sí, sí.


Y con un grito de alivio que suena como una canción, el niño


llega al mundo.


El primero.


Pero no el último.

vi.

Están cometiendo un error.


Ella sabe que lo hacen.


Ella le dice a Thomas tanto.


-¿Cómo podemos hacerle esto? -Pregunta-. ¿Cómo puede


ser esto correcto?


Thomas frota una mano sobre su rostro. Él está cansado. Tiene


bolsas debajo de los ojos y una barba de varios días en sus mejillas. Él


siempre iba a ser el Alfa, pero sucedió mucho antes de lo que nadie


hubiera esperado. Ella piensa que lo dejaría todo para tener su manada


de nuevo.
Él es un buen hombre, pero en este momento, ella no lo


comprende.


-Tenemos que mantenerlo a salvo, -dice, con ese conjunto


obstinado familiar en la mandíbula que ama y desprecia en igual


medida-. Será mejor para él si se queda aquí. Los lobos... no confían


en los humanos. Especialmente este humano. Ellos piensan... creen


que Robert le hizo algo. Con sus tatuajes. Un fallo seguro. Por si


acaso.


-Puedes luchar por él, -dice ella-. Él no es como su padre. Si


haces esto, lo pondrás en el camino del que te arrepentirás con el


tiempo.


Ella nunca ha sido recatada. Ella ha visto a otros compañeros de


Alfas, serviles y tranquilos. Esa nunca fue ella. Si Thomas le pediría


eso a ella, si exigiría su silencio, ella lo rompería miembro por


miembro.


Pero ella va a perder esta.


Y lo peor es que ella lo seguirá.


Ella no sabe lo que eso los hace.


No sabe lo que eso le hace a ella.


-Lo sé, -dice Thomas, sonando cansado-. Pero ellos no lo


hacen. Y tengo un deber, Lizzie. Una obligación. Mi padre... -Niega


con la cabeza-. Yo soy el Alfa de todos. No tengo otra opción.


Ella quiere decirle que sí. Podría dejarlo, dejar que otra persona


se preocupe por el destino de los lobos. Ella quiere decirle que no


pueden hacer esto. No pueden separar a su manada. No después de


todo.


Pero ella no lo hace.


Y lo lamentará por el resto de su vida.


-Esto va a destruir a Mark, -dice en voz baja-. Él nunca


estará de acuerdo.


Los ojos de Thomas se tiñeron de rojo.


-Él lo hará. Yo soy su Alfa. Él hará lo que le digo.


-Y entonces él nunca te lo perdonará.
El rojo desaparece, y todo lo que siente es azul. Es un océano de


tristeza, y ella sabe cuánto le está lastimando. Todavía no es excusa.


-Lo sé, -dice-. Pero no tengo otra opción.


Ella lo ama, pero ella piensa que es un mentiroso.

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