La lluvia golpeaba con furia las calles empedradas de París. Xiao Zhan, con la respiración agitada y la ropa empapada, apuraba el paso hacia el hostal donde trabajaba. La noche era inusualmente fría, pero el verdadero frío le recorrió la espalda cuando una mujer, con el rostro pálido y la mirada desorbitada por el pánico, se interpuso en su camino. Llevaba a un niño de diez años de la mano.
--¡Por favor! ¡Tienes que ayudarme! --suplicó la mujer, agarrando el abrigo de Zhan con fuerza desesperada--. No me queda tiempo. Ya están aquí.!
--Señora, cálmese, ¿qué le ocurre? Está herida... --dijo Zhan, asustado al ver las manchas de sangre en la costosa tela de su ropa.
--¡No hay tiempo para explicaciones! --interrumpió ella, cayendo de rodillas mientras las lágrimas se mezclaban con la lluvia. Empujó al niño hacia los brazos de Zhan--. Este es mi hijo. Protégelo. Te lo ruego por lo que más quieras en la vida... Llévatelo lejos.!
El pequeño, con los ojos inyectados en lágrimas pero en un silencio sepulcral, miró a Zhan. El joven, conmovido por la pureza y el terror en los ojos del niño, no pudo rechazarlo.
--Toma esto --continuó la mujer, metiendo una tarjeta bancaria en el bolsillo de Zhan--. Tiene suficiente dinero para sus gastos... para que vivan. Dale una vida segura. Prométeme que lo cuidarás. ¡Promételo!
--Yo... lo prometo. Lo haré --respondió Zhan con el corazón en la garganta.
--Gracias... -susurró ella.
Antes de que Zhan pudiera reaccionar, la mujer se puso de pie y corrió hacia el callejón oscuro, alejando el peligro de ellos. Segundos después, un disparo seco resonó a la distancia, apagando sus gritos para siempre. Zhan ahogó un sollozo, abrazó al niño contra su pecho y corrió en dirección contraria, prometiéndose a sí mismo que ese niño, ahora llamado Zixuan, sobreviviría a toda costa.
.. Los años pasaron y las heridas parecieron sanar bajo el cielo francés. Zixuan cumplió los 17 años, convirtiéndose en un joven noble, fuerte y profundamente protector con el único hombre al que consideraba su padre. Creyendo que el peligro había quedado enterrado en el pasado europeo, Xiao Zhan decidió que era hora de volver a su tierra natal, China, un país que para él era completamente nuevo en cuanto a afectos, ya que no conocía a nadie allí.
Los primeros días en China marcharon sobre ruedas. El aire de la ciudad era nostálgico y Zhan logró conseguir un empleo estable en una exclusiva galería de arte en el centro financiero.
--Papá, iré a la biblioteca a buscar unos textos para mis clases de ingreso --dijo Zixuan por teléfono, con voz animada--. ¿Te veo en la galería más tarde?
--Claro que sí, hijo. Ve con cuidado. Te prepararé tu cena favorita al volver a casa --respondió Zhan, sonriendo mientras acomodaba unos lienzos en el gran salón de la galería.
Todo era paz y anonimato. Una paz que estaba a punto de hacerse añicos por culpa de un apellido que Zhan jamás había escuchado en su vida.
Esa misma tarde, el caos llegó en un automóvil deportivo de lujo. Fanxing, el arrogante hijo de 19 años de un poderoso hombre llamado Wang Yibo, conducía a exceso de velocidad por la zona peatonal cercana a la galería, ignorando las normas por puro capricho. Al intentar esquivar a un peatón, perdió el control del vehículo y se estrelló de lleno contra el gran ventanal de cristal de la galería de arte.
El estruendo de los vidrios rompiéndose causó pánico. Xiao Zhan, que estaba cerca, cayó al suelo cubriéndose la cabeza. Cuando el polvo se asentó, vio el auto incrustado en el salón.
Fanxing bajó del vehículo, completamente ileso pero furioso, pateando la puerta.
--¡Maldita sea! ¡Miren lo que le pasó a mi auto por culpa de estos imbéciles que no saben caminar! --gritó Fanxing, con total prepotencia, acomodándose su costosa chaqueta.
Zhan se puso de pie, limpiándose el polvo de la ropa, y caminó hacia el joven con indignación.
--¿Está demente? Pudo haber matado a alguien --dijo Zhan, con voz firme pero calmada--. Debería preocuparse por los destrozos y la seguridad de las personas, no por su coche.
Fanxing, acostumbrado a que todo el mundo se arrodillara ante él y ante el apellido de su padre, se giró con prepotencia para gritarle a quien lo desafiaba. Pero al mirar a Zhan, las palabras se le atoraron en la garganta.
Se quedó estático. Observó el rostro sereno y hermoso de Zhan, la elegancia innata de sus movimientos y la firmeza de sus ojos. En la mente mimada, caprichosa y retorcida de Fanxing, algo hizo un clic peligroso. No vio a una víctima del accidente; vio un trofeo que deseaba poseer a como diera lugar, simplemente porque siempre obtenía lo que quería.
--¿Y tú quién eres para hablarme así? --preguntó Fanxing, cambiando su tono de furia por una sonrisa arrogante y calculadora, sin quitarle los ojos de encima--. Aunque... tienes agallas. Me gusta eso!
--Soy el encargado del lugar. Y exijo que llame a su aseguradora y se identifique --respondió Zhan, incómodo por la intensa y desagradable mirada del joven.
Fanxing dio un paso hacia él, invadiendo su espacio personal con audacia.
--¿Identificarme? Todos saben que soy un Wang. Pero no te preocupes por el dinero, precioso. Puedo comprar esta galería entera si quiero... y también puedo comprarte a ti.
Zhan retrocedió, sintiendo una profunda repulsión por la actitud acosadora del muchacho.
--Retírese de inmediato o llamaré a la policía. No estamos en venta ni la galería ni yo. No me interesa quién sea usted.
Fanxing soltó una carcajada fría, sus ojos brillando con una fijeza obsesiva y caprichosa.
--Llama a quien quieras, la policía no me tocará. Mírate bien, porque a partir de hoy, vas a ser mío. Es solo cuestión de tiempo. Lo que yo quiero, lo tengo.
Fanxing dio la vuelta y subió a su auto dañado, acelerando para salir del lugar, dejando a Xiao Zhan con una profunda sensación de vulnerabilidad y un terrible presentimiento. Zhan no sabía quiénes eran los Wang, ni que el padre de ese muchacho era un hombre llamado Yibo, y mucho menos sospechaba que, a pesar de este terrible comienzo, el destino ya había decretado que el verdadero y único amor de Wang Yibo sería él.
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LA NOCHE DEL DESTINO
Science FictionLa tragedia comenzó en Francia. Huyendo de la ambición que la rodeaba en China, la antigua pareja de Wang Yibo escapó hacia tierras francesas, pero el peligro la alcanzó allí mismo, donde fue asesinada sin piedad. Antes de morir en esa noche torment...
