Megamente llora por la infidelidad de sheck hacia el, no podría creer que sheck le fue infiel con gru y drácula haciendo un trío con estos, Megamente estaba sentado en la calle tras ser echado de muy muy muy lejano, Hasta que al levantar la mirada estaba maluma quien se sento a su lado con lástima.

-¡Me dejó sheck por gru y drácula! - Sollozo Megamente, Maluma beiby asintió y le acaeció la mega frente que tenía megamente.

-Oh bebiy, Eso es no es muy ozuna-

Al pasar los meses megamente y maluma se fueron conociendo, Hasta enamorarse y hacerse novio teniendo ahora un bebé que era sonic, Ahora maluma le planeaba pedir matrimonio a megamente en la Luna.

-Dime si tu me quieres ee- Dijo maluma mientras se arrodillaba ante Megamente quien no podría creerlo.

-Oh si- Dijo megamente.

-Vamos a ser felices, vamos a ser felices los cuatro -

Y así megamente y maluma siguieron casados, Con sonic como su hijo y adoptaron también a Michael Jackson..

𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬...

Michael Jackson estaba en una de sus giras, Hasta que al ver el video musical de dame tu cosita se enamoró perdidamente de este, de como bailaba y cantaba. Michael Jackson se tocó la barbilla mumurrurando.

-Jiji, como lo mueve esa muchatota- Se levantó, Yendo a uno de sus guardias de seguridad.
-Quiero a darme tu cosita en mi Mansión mañana-

-Entendido - Dijo el Guardia.

al día siguiente, Michael Jackson estaba practicando sus pasos en la sala de estar hasta que llegaron sus guardias de seguridad, Michael Jackson se acercó viendo que traían a dame tu cosita ah, Se enamoró más y se acercó al alien.

-Oh dame tu cosita, Jiji.. Me puesto como JIJI- Dijo, Juntaron sus frentes agarrándose uno del otro de las mejillas con cariño.

Al pasar años, dame tu cosita y michael Jackson tuvieron hijos, Tuvieron a shakira y a los teletubbies.

y así, La familia de megamente x maluma beiby quienes tuvieron a sonic y michael Jackson, Michael Jackson se casó con dame tu cosita y tyvjefin a shakira y a los teletubbies siguió y siguió creciendo. FIN

próximamente: la relación de sheck x gru y drácula, Solo en cines





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Acto I: La Traición en Muy Muy Lejano y el Exilio del Genio Azul
La lluvia caía de manera inclemente sobre los adoquines dorados del reino de Muy Muy Lejano. Era una tormenta densa, pesada, casi tan opresiva como la inabarcable amargura que llenaba el gran cerebro azul de Megamente. Sentado en la acera húmeda de un callejón oscuro, con las rodillas pegadas al pecho y su icónica capa de cuero negro arrastrándose por el lodo, el villano reformado no podía dejar de llorar. Las lágrimas caían en cascada de sus enormes ojos verdes, resbalando por sus pómulos afilados y goteando de su barbilla azulada. La humillación era absoluta. No solo lo habían expulsado del reino de los cuentos de hadas, despojado de sus artilugios tecnológicos y de su dignidad, sino que su corazón había sido completamente triturado.
Shrek. El ogro verde que le había prometido una vida de pasión compartida en el pantano, el ser por el cual Megamente había abandonado los rascacielos de Metro City para mudarse a una monarquía medieval, le había sido infiel. Y no de cualquier manera. No había sido un desliz cualquiera con una princesa descarriada o un hada madrina en busca de emociones fuertes. Había sido algo mucho más bizarro y devastador, una traición orquestada a sus espaldas en los rincones más profundos del castillo real.
Megamente cerró los ojos, pero al hacerlo, las imágenes prohibidas volvieron a asaltar su mente hiperdesarrollada. Lo recordaba todo con la maldición de su memoria fotográfica. Aquella fatídica noche, guiado por un extraño presentimiento, había caminado silenciosamente por los pasillos de la fortaleza. Al acercarse a las recámaras principales, escuchó unos ruidos extraños: una mezcla de acentos ásperos, risas malévolas y gruñidos pantanosos. Al abrir la puerta entreabierta, su mundo se derrumbó por completo.
Allí estaba Shrek, su Shrek, en medio de un acto incalificable. Pero el ogro no estaba solo. A su izquierda, gesticulando con su enorme nariz y vistiendo una bufanda de rayas grises y negras, se encontraba Gru, el exvillano calvo de los minions, riendo con su característico tono eslavo. Y a la derecha, envuelto en una capa carmesí y flotando ligeramente sobre el colchón de plumas, el mismísimo Conde Drácula de Transilvania, mostrando sus colmillos con una sonrisa lasciva mientras pronunciaba palabras en un inglés antiguo. Los tres personajes formaban un triángulo de traición inimaginable, un trío bizarro que desafiaba toda lógica y cordura de los universos animados.
Al ser descubierto, Shrek no mostró ni una pizca de remordimiento. Con su potente voz de ogro, simplemente le ordenó a los guardias reales que sacaran a Megamente de los límites del reino de inmediato. Gru se limitó a disparar un rayo congelante menor para ahuyentar al sirviente robot de Megamente, mientras Drácula se transformaba en un murciélago para burlarse de su cabeza calva y azul desde las vigas del techo.
-¿Cómo pudo hacerme esto? -sollozó Megamente en la soledad de la calle, abrazándose a sí mismo-. Yo lo amaba. Yo cambié mis rayos deshidratadores por sus baños de lodo. Dejé mi guarida secreta por su fétida ciénaga. ¡Y me cambió por un calvo con ejército de criaturas amarillas y un vampiro sobreprotector que ni siquiera tolera el ajo!
El llanto del alienígena azul resonaba en las paredes de piedra de Muy Muy Lejano. Los carruajes pasaban de largo, salpicando agua sucia sobre su traje de espinas. Se sentía completamente desamparado, un paria intergaláctico sin hogar, sin amor y sin propósito. El peso de su enorme cráneo parecía duplicarse por la gravedad de la tristeza, obligándolo a mirar fijamente el reflejo de la luna en un charco de agua sucia. Su llanto era un eco desgarrador de desamor y despecho.
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Acto II: El Ángel de Medellín y el Nacimiento del Amor Urbano
La noche parecía no tener fin, y Megamente consideraba seriamente la opción de autodeshidratarse para convertirse en un pequeño cubo azul y no sentir más el dolor del abandono. Fue en ese preciso instante de máxima vulnerabilidad cuando el sonido de unos pasos sofisticados interrumpió el murmullo de la lluvia. No eran las botas pesadas de un caballero real, ni los cascos de un corcel. Era el caminar rítmico y pausado de alguien que dominaba las pasarelas del mundo entero. Un aroma a perfume caro, una mezcla de sándalo, ámbar y éxito musical, disipó instantáneamente el olor a humedad del callejón.
Megamente, con los ojos hinchados y el rímel de villano corrido por las mejillas, levantó lentamente la mirada. Ante él se alzaba una figura imponente. Llevaba una chaqueta de diseñador entreabierta que dejaba ver sus tatuajes perfectamente definidos, unos pantalones de cuero que desafiaban la gravedad y una sonrisa que emanaba una caIidez casi celestial. Era él. No cabía duda. Era Maluma. Maluma Baby en persona.
El ídolo de la música urbana miró al extraterrestre azul con una mezcla de profunda lástima, empatía y una misteriosa atracción estética que desafiaba los cánones tradicionales de la belleza terrestre. Sin importarle que el suelo estuviera cubierto de lodo y agua pluvial, Maluma se agachó con elegancia y se sentó justo al lado de Megamente, extendiendo un brazo cubierto de joyas para reconfortarlo.
-¡Me dejó Shrek por Gru y Drácula! -sollozó Megamente con la voz quebrada, buscando instintivamente un hombro donde desahogar su inabarcable pena-. ¡Hicieron un trío en mis propias narices, Maluma! ¡Un trío animado de proporciones catastróficas!
Maluma Baby asintió lentamente, manteniendo una expresión de serenidad imperturbable. Con una delicadeza que solo un artista de su calibre poseía, extendió su mano derecha y comenzó a acariciar la colosal, tersa y reluciente mega frente de Megamente. El contacto de los dedos del cantante sobre la piel azul pareció enviar una corriente de alivio térmico directamente al atribulado cerebro del villano.
-Oh, baby... -susurró Maluma con su característica voz aterciopelada, continuando el suave masaje sobre la inmensa frente-. Eso que te hicieron no es muy Ozuna de su parte. De verdad que no, mi cielo. Un verdadero 'negrito de ojos claros' sabría que un corazón como el tuyo, tan grande como tu cabeza, se cuida y se respeta.
Las palabras de Maluma actuaron como un bálsamo místico. Megamente dejó de temblar. Miró los ojos del cantante y, por primera vez en meses, sintió que alguien comprendía la magnitud de su existencia. No lo veía como un monstruo azul, ni como un villano fracasado, ni como el ex de un ogro. Lo veía simplemente como un ser que necesitaba amor genuino.
A partir de esa noche mágica en el callejón de Muy Muy Lejano, la vida de ambos cambió drásticamente. Maluma tomó la mano de Megamente y lo sacó de ese reino medieval obsoleto, llevándoselo en su jet privado hacia las playas de Medellín y los rascacielos de Miami. Los meses pasaron volando, transformándose en una sucesión de días perfectos llenos de aprendizaje mutuo, cenas a la luz de las velas y largas conversaciones sobre astrofísica y composición musical.
Megamente le enseñó a Maluma los secretos de la tecnología de presentación holográfica, ayudándole a diseñar los escenarios más espectaculares jamás vistos en la historia de la música latina. Por su parte, Maluma le enseñó a Megamente a modular su voz, a caminar con el flujo del reggaetón y a apreciar la belleza de las cosas sencillas de la vida. El proceso de conocerse fue profundo y orgánico. Cada conversación revelaba una nueva capa de compatibilidad. Megamente descubrió la sensibilidad oculta tras la fachada de la superestrella, y Maluma quedó fascinado por la vulnerabilidad y la genialidad incomprendida del alienígena.
Inevitablemente, el roce constante y el apoyo incondicional encendieron una chispa incontrolable. Se enamoraron perdidamente. Su relación se convirtió en el foco de atención de todos los multiversos, una unión perfecta de intelecto extraterrestre y sabor latino. Eran novios oficiales, y su felicidad parecía insuperable. Sin embargo, el destino les tenía preparada una sorpresa biológica que desafiaría todas las leyes de la genética intergaláctica.
Fruto de ese amor tan puro y heterogéneo, un milagro aconteció. Nació su primer hijo. Debido a la combinación de los genes hiperveloces de la creatividad musical de Maluma y la estructura alienígena de Megamente, el bebé no fue un niño ordinario. Fue una criatura azulada, cubierta de púas, dotada de una energía inagotable y una velocidad que desafiaba la barrera del sonido. Decidieron llamarlo Sonic. El pequeño Sonic corría por los pasillos de la mansión a la velocidad de la luz, dejando un rastro de destellos azules mientras Maluma le cantaba canciones de cuna y Megamente intentaba calcular su aceleración con un cronómetro cuántico. La familia estaba completa, pero Maluma sentía que era el momento de dar el paso definitivo.
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Acto III: La Propuesta Interplanetaria y la Llegada del Rey del Pop
Maluma era un hombre de grandes gestos, un romántico empedernido que no se conformaría con una propuesta de matrimonio convencional en un restaurante de lujo. Para el amor de su vida, el hombre que poseía la mente más grande del universo, necesitaba un escenario que estuviera a la altura de las estrellas. Por ello, utilizando la tecnología de la nave espacial reconstruida de Megamente y los fondos ilimitados de sus giras mundiales, Maluma organizó un viaje sin precedentes. El destino de su cita romántica no sería otro que la Luna.
El viaje al espacio fue idílico. Sonic viajaba en su propia silla de seguridad planetaria, moviendo los pies a tal velocidad que generaba energía eléctrica para los paneles solares de la nave. Cuando finalmente alunizaron en el mar de la tranquilidad, el paisaje era sobrecogedor. La Tierra se elevaba en el horizonte cósmico como una canica azul y blanca, flotando en la inmensidad del vacío. Maluma había dispuesto una mesa transparente con gravedad artificial, donde compartieron una cena espacial bajo la luz estelar.
Llegado el momento cumbre, la música ambiental de un violín holográfico comenzó a sonar en los cascos de sus trajes espaciales de alta costura. Maluma se levantó de su asiento, caminó sobre el polvo lunar con pasos lentos y flotantes debido a la baja gravedad, y se detuvo frente a un Megamente que lo miraba con genuina curiosidad a través de su visor transparente.
Con una elegancia suprema, Maluma Baby flexionó la rodilla izquierda, arrodillándose sobre la superficie del satélite natural de la Tierra. De su bolsillo extrajo una pequeña caja de titanio que se abrió automáticamente, revelando un anillo forjado con fragmentos de un meteorito de diamante puro, diseñado para ajustarse perfectamente a la estética de su novio.
-Dime si tú me quieres, eh... -dijo Maluma a través del intercomunicador, modulando su voz con ese tono melódico que volvía locas a las multitudes, pero esta vez con una sinceridad que brotaba del fondo de su alma-. Dime si estás listo para pasar el resto de tus ciclos planetarios a mi lado, mi azulito hermoso.
Megamente se llevó las manos a las mejillas, abriendo sus enormes ojos verdes con una mezcla de shock, júbilo y asombro científico. Su supercerebro procesó un millón de variables por segundo, y todas ellas arrojaban el mismo resultado: una felicidad absoluta al lado del cantante colombiano. El recuerdo del pantano de Shrek quedó sepultado para siempre bajo toneladas de polvo lunar.
-Oh, ¡sí! ¡Por todos los cielos y las galaxias conocidas, sí! -exclamó Megamente, con las lágrimas flotando en el interior de su casco debido a la microgravedad-. ¡Acepto mil y una veces, mi sol de Medellín!
Maluma sonrió con un triunfo que superaba cualquier premio Grammy de su carrera. Se puso en pie, deslizó el anillo en el dedo de Megamente y, mirando hacia la Tierra mientras abrazaba a su ahora prometido y al pequeño Sonic que corría en círculos alrededor de ellos dejando una estela azul en el suelo gris, pronunció una frase que se convertiría en el lema de su dinastía familiar:
-Vamos a ser felices, vamos a ser felices los cuatro -declaró con convicción, haciendo alusión a la hermosa unidad que formaban él, Megamente, el veloz Sonic y la inmensidad del destino que les aguardaba. Aunque la canción original hablaba de otra cosa, en su corazón, esa frase ponía de manifiesto la promesa de una familia unida ante cualquier adversidad cósmica.
Y así fue como se consumó la boda del siglo en una ceremonia privada que combinó ritmos latinos con fuegos artificiales de plasma galáctico. Megamente y Maluma siguieron casados, viviendo una vida de ensueño donde el respeto, el apoyo mutuo y el cuidado del pequeño Sonic eran las prioridades absolutas. Sin embargo, el corazón de la pareja era demasiado grande para detenerse ahí. Sentían que su hogar aún tenía espacio para más amor, para expandir los horizontes de su bendecido núcleo familiar.
Fue durante una misión filantrópica en los suburbios de una megaciudad futurista donde encontraron a un joven huérfano con un talento innato e inexplicable para el baile, un niño que caminaba hacia atrás con una fluidez que parecía desafiar las leyes de la física clásica. Era el mismísimo Michael Jackson en su etapa de infancia y desarrollo artístico inicial. Al ver su potencial y la pureza de su espíritu, Megamente y Maluma no lo dudaron ni un solo segundo: lo adoptaron formalmente.
Michael Jackson creció en el seno de este hogar tan particular. Bajo la tutela científica de Megamente, aprendió a perfeccionar sus pasos utilizando principios de fricción cero y cinética avanzada. Bajo la influencia musical de Maluma, desarrolló un sentido del ritmo y una presencia escénica incomparables. Sonic, por su parte, se convirtió en su hermano mayor adoptivo, compitiendo con él para ver quién era más rápido: si Sonic corriendo o Michael haciendo el Moonwalk marcha atrás. La infancia de Michael estuvo rodeada de amor, lujos tecnológicos, lecciones de canto y el apoyo incondicional de dos padres que, a pesar de pertenecer a mundos completamente distintos, habían logrado construir el hogar más armonioso del universo.
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Acto IV: La Obsesión del Rey del Pop y el Alienígena del Ritmo
Los años transcurrieron con la velocidad de un rayo cósmico, y el tiempo transformó al pequeño niño adoptado en el indiscutible Rey del Pop. Michael Jackson se había convertido en un fenómeno global de proporciones titánicas, llenando estadios en cada rincón del planeta, desde las metrópolis de la Tierra hasta las colonias espaciales que su padre Megamente había ayudado a edificar. Su vida era un torbellino de luces, aplausos, coreografías perfectas y limusinas. A pesar de su inmensa fama, Michael mantenía una comunicación constante con sus padres, Maluma y Megamente, quienes seguían felizmente casados y viviendo su idilio de amor maduro.
Fue durante una de sus giras internacionales más exhaustivas, específicamente mientras se encontraba descansando en el camerino principal de un estadio monumental tras un concierto de tres horas, cuando el destino de la dinastía familiar daría un vuelco verdaderamente surrealista. Michael estaba sentado frente a un espejo de camerino iluminado por bombillas incandescentes, vistiendo su icónica chaqueta militar dorada y sus calcetines blancos brillantes. Para relajarse, encendió una pantalla de plasma de última generación para explorar las tendencias musicales del momento.
Fue entonces cuando apareció el video. Un fondo digital de colores psicodélicos, un ritmo de reggaetón de la vieja escuela producido por El Chombo, y en el centro de la pantalla, un ser que desafiaba toda descripción anatómica terrestre. Un alienígena de color verde neón, con extremidades extremadamente largas y delgadas, ojos negros profundos llenos de un misterio ancestral, y un movimiento de caderas que desafiaba la gravedad de una forma que ni siquiera el propio Megamente habría podido replicar con sus ecuaciones. Era el video musical de "Dame Tu Cosita".
Michael Jackson quedó instantáneamente petrificado. Sus ojos, fijos en la pantalla, no parpadeaban. Observó con absoluta fascinación cómo la criatura verde ejecutaba un vaivén rítmico, una oscilación hipnótica de la pelvis acompañada de una melodía pegajosa que se repetía como un mantra espacial: "Dame tu cosita, ah, dame tu cosita, ah..."
El Rey del Pop sintió que un rayo de inspiración y pasión pura atravesaba su pecho. No era solo admiración profesional por un colega del mundo del entretenimiento; era algo mucho más profundo, un flechazo instantáneo que conectaba su sensibilidad artística con la esencia extraterrestre de aquel bailarín verde intergaléctico. La forma en que movía los hombros, la elasticidad de sus piernas de neón, la cadencia casi sobrenatural de su canto... Michael estaba perdidamente enamorado.
Lentamente, con un gesto lleno de dramatismo teatral, Michael Jackson se llevó la mano derecha, enguantada con su famoso guante de lentejuelas, hacia la barbilla. Apretó los labios, asimilando la oleada de emociones que lo inundaba, y comenzó a murmurar con su voz suave y melódica:
-Jiji... pero qué espectacular... ¡Como lo mueve esa muchatota! -exclamó, confundiendo en su trance místico y apasionado la morfología del alienígena con una presencia femenina monumental y deslumbrante-. Ese ritmo... esa flexibilidad... ¡Es el arte hecho movimiento, jiji!
La obsesión se apoderó de él en cuestión de segundos. Michael no era un hombre que se conformara con ver un video en una pantalla; él era un rey, un creador de realidades. Se levantó bruscamente de su asiento, haciendo un rápido giro de 360 grados sobre las puntas de sus pies que culminó con un seco golpe de tacón contra el suelo del camerino. Caminó con paso decidido hacia la puerta de salida, donde se encontraban apostados sus guardias de seguridad más fieles, hombres corpulentos vestidos de traje negro y gafas oscuras encargados de cumplir cada uno de sus deseos.
Michael se detuvo ante el jefe de seguridad, lo miró con una intensidad desbordante y, ajustándose el sombrero de ala ancha, dictó su orden con determinación absoluta:
-Quiero a Dame Tu Cosita en mi Mansión mañana mismo... jiji. No me importa en qué cuadrante de la galaxia se encuentre, ni qué contratos discográficos tenga. Traigan a ese espécimen del ritmo a mi hogar. Lo quiero ver bailar frente a mí. ¡Au!
El jefe de seguridad, acostumbrado a las peticiones extravagantes de las estrellas pero ciertamente desconcertado por tener que buscar a un alienígena verde de un video viral, se limitó a cuadrarse, mantener la postura profesional y asentir con seriedad.
-Entendido, señor Jackson. Movilizaremos todos los recursos de la corporación. Mañana estará en la mansión -respondió el guardia antes de retirarse a organizar la operación de búsqueda y captura interdimensional.
Al día siguiente, la majestuosa mansión de Michael Jackson, una propiedad inmensa que combinaba la arquitectura clásica con laboratorios tecnológicos diseñados por Megamente, se encontraba en un estado de tensa calma. Michael estaba sumamente nervioso. Para canalizar la ansiedad de la espera, se encontraba en medio de la gran sala de estar, un espacio con suelos de mármol pulido que reflejaban la luz de las enormes lámparas de cristal. El Rey del Pop vestía sus pantalones negros de baile, una camisa roja abierta y practicaba sus pasos más complejos. Hacía el Moonwalk de un extremo a otro de la sala, ejecutaba giros triples y se detenía en seco, pero su mente no estaba en la coreografía; estaba en la puerta principal.
De repente, las pesadas puertas dobles de la sala se abrieron de par en par. Un grupo de cuatro guardias de seguridad entró con paso firme. En medio de ellos, sujeto no con cadenas sino con un respeto protocolar, caminaba la criatura. El alienígena verde neón de "Dame Tu Cosita" entró en el recinto, mirando a su alrededor con curiosidad, moviendo sus largas antenas y emitiendo pequeños sonidos rítmicos con la boca.
Michael Jackson interrumpió su paso de baile de inmediato. El tiempo pareció detenerse. Sus ojos se abrieron desmesuradamente al constatar que la realidad superaba con creces a la ficción digital del video. La piel verde del alienígena brillaba con una luz propia muy hermosa, y su estructura delgada emanaba una elegancia vanguardista que conectó directamente con el alma artística de Michael. El enamoramiento inicial se transformó en un amor devorador, eterno y cósmico.
Con pasos lentos, casi flotantes, Michael se acercó al alienígena, sintiendo cómo su corazón latía a un ritmo sincopado de pop y reggaetón. El alienígena, por su parte, al ver al Rey del Pop, pareció reconocer a un alma gemela del mundo del baile y detuvo sus movimientos erráticos para mirarlo de frente.
-Oh, Dame Tu Cosita... jiji... -susurró Michael con una mezcla de reverencia y pasión incontrolable, sintiendo que la temperatura de la sala se elevaba-. Me he puesto como... ¡Me he puesto como JIJI! ¡Au!
Movidos por una fuerza magnética invisible e irresistible, ambos acortaron la distancia que los separaba. Michael de la manera más dulce agarró con infinita ternura las delgadas y verdes mejillas del alienígena. Dame Tu Cosita, respondiendo al gesto de amor puro, extendió sus largas extremidades superiores para sostener el rostro del cantante. Juntaron sus frentes en el centro de la gran sala de estar, cerrando los ojos mientras una corriente de energía romántica unía sus mundos para siempre. Ya no importarían sus diferencias de origen; el baile y el amor los habían convertido en un solo ser.
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Acto V: El Legado de la Dinastía Musical y la Gran Reunión Familiar
La unión entre Michael Jackson y el alienígena de "Dame Tu Cosita" se consolidó como uno de los romances más estables y prolíficos del panorama artístico intergaláctico. Establecieron su residencia en una biosfera personalizada donde el ritmo nunca se apagaba. Al igual que la relación de los padres de Michael, Maluma y Megamente, este matrimonio desafió cualquier lógica reproductiva convencional, dando paso a una descendencia que se convertiría en un hito de la cultura popular global.
Al pasar los años, fruto de esa fusión perfecta entre el pop melódico, la estructura alienígena verde y el flow panameño, la pareja dio la bienvenida a sus hijos. El milagro de la vida se manifestó primero en una hermosa niña que heredó la flexibilidad absoluta de su progenitor alienígena y el oído musical perfecto de su padre humano. Decidieron llamarla Shakira. Desde sus primeros meses de vida, la pequeña Shakira demostró una capacidad asombrosa para mover las caderas de una forma que recordaba directamente al video de "Dame Tu Cosita", combinándolo con una voz melodiosa y unos gritos de júbilo que hacían prever su futuro como la reina del pop latino y del rock en español. Megamente, en su rol de abuelo científico, le construyó unos pañales especiales con sensores de movimiento para registrar la frecuencia sísmica de sus bailes domésticos.
Pero la expansión familiar no se detuvo allí. En un segundo y sorprendente evento biológico multicolor, la pareja tuvo a cuatro gemelos que rompieron todos los moldes de la genética conocida. Nacieron unas criaturas regordetas, de colores vibrantes, con antenas de formas geométricas singulares en sus cabezas y pantallas de televisión holográficas incrustadas directamente en sus abdómenes. Eran los Teletubbies: Tinky Winky, Dipsy, Laa-Laa y Po. Estos cuatro pequeños llenaron la mansión de risas, correteando por los jardines artificiales de césped sintético perfectos, repitiendo palabras sencillas y mostrando videos educativos en sus pancitas, todo bajo la atenta y amorosa mirada de sus padres.
De este modo, el árbol genealógico que se había iniciado en aquel oscuro y lluvioso callejón de Muy Muy Lejano había florecido de una manera inimaginable, ramificándose en una dinastía de talento, diversidad y amor universal.
Para celebrar las bodas de plata de los patriarcas fundadores, se organizó la reunión familiar más grande de la historia en la gran mansión lunar de la familia. El evento era un espectáculo visual digno de ser registrado en los anales del universo entero.
En la cabecera de la mesa principal se encontraban satánicamente felices Megamente y Maluma Baby. El villano azul lucía una capa ceremonial de seda fina y su anillo de meteorito brillaba intensamente bajo las luces artificiales; a su lado, Maluma, con algunas canas de experiencia que solo aumentaban su atractivo, lo miraba con los mismos ojos llenos de devoción que tenía la noche de la propuesta lunar. Seguían tan enamorados como el primer día, habiendo demostrado al mundo que el verdadero amor supera cualquier barrera de especie o procedencia.
A un costado de la mesa, Sonic, ya convertido en un joven adulto hiperveloz pero siempre fiel a su núcleo familiar, compartía anécdotas de sus viajes interdimensionales a la velocidad de la luz, devorando chili dogs espaciales que Maluma le había preparado especialmente.
En el centro de la celebración se encontraban los anfitriones de la segunda generación: Michael Jackson, vistiendo un traje blanco de gala impecable, y a su lado, su amado esposo Dame Tu Cosita, quien lucía una elegante pajarita negra alrededor de su cuello verde neón y no paraba de mover los hombros al ritmo de la música ambiental. Sus hijos también brillaban. La radiante Shakira deleitaba a los presentes ejecutando una danza del vientre perfecta sobre una mesa holográfica mientras cantaba sobre la verdad de sus caderas, siendo ovacionada por sus tíos y abuelos. Mientras tanto, los Teletubbies correteaban felices por todo el salón, abrazándose constantemente y proyectando recuerdos familiares de la infancia de todos en sus pantallas abdominales.
Incluso los antiguos enemigos de Megamente miraban desde la distancia del espacio con envidia el éxito de esta gran familia. Shrek, atrapado en la monotonía de su trío disfuncional con un Gru obsesionado por los minions y un Drácula que no soportaba la luz del día ni el olor del pantano, lamentaba profundamente haber dejado ir al genio azul que ahora gobernaba un imperio de amor y música al lado del hombre más cotizado del reggaetón.
La fiesta familiar se extendió por lo que equivaldría a varios días terrestres. Hubo competencias de baile donde Michael Jackson y Dame Tu Cosita se batieron en un duelo amistoso contra Shakira y Sonic, mientras Maluma interpretaba sus mayores éxitos en versión acústica y Megamente lanzaba destellos de luces de colores con su pistola de presentación mejorada. No había espacio para el rencor, ni para la tristeza, ni para los prejuicios del pasado.
Y así, la increíble, magnífica y asombrosa familia de Megamente x Maluma Baby -quienes vencieron la adversidad del desamor para tener a Sonic y adoptar a Michael Jackson-, junto con la unión de Michael Jackson y el carismático alienígena de Dame Tu Cosita -quienes trajeron al mundo a la talentosa Shakira y a los coloridos Teletubbies-, continuó y continuó creciendo en armonía, paz, ritmo y una felicidad inquebrantable que resonaría por toda la eternidad del cosmos.
FIN

Maluma x megamenteHistórias para pegar e não largar. Descubra agora