𝕭𝖊𝖗𝖑𝖎𝖓, 1927
Ayer empezó como cualquier otro día, con la rutina de siempre, esa que ya haces en automático sin pensar mucho, donde la única diferencia era que, desde hoy, iba a empezar a trabajar en el Kit Kat Club junto a mi cuñada, Sally.
El edificio se despertó antes que yo, como siempre, ya que las tuberías siempre sonaban entre las paredes con ese ruido de fondo al que ya ni le prestaba atención. No era molesto; simplemente formaba parte del lugar.
El día empezó antes de las 6:12, que es la hora a la que normalmente me levanto para prepararme y salir del departamento, donde en esta vez no fue por costumbre, sino porque me había despertado mucho antes y ya no pude volver a dormir así que aproveché para sentarme frente al piano por primera vez en bastante tiempo.
No intenté corregir la interpretación en mi cabeza, después de todo últimamente, eso no sirve de mucho, después desayuné lo de siempre un pan negro con mantequilla fresca y una taza de café, si te soy sincero, no tenía nada especial. Sabía exactamente igual que ayer, algo que en teoría debería resultar reconfortante, pero nunca lo era.
Mientras comía, estuve revisando algunas partituras. Una de ellas tenía una marca en el margen inferior. Durante unos segundos me pregunté quién la había hecho, hasta que recordé que había sido yo.
Salí hacia Kreuzberg a media mañana. Hacía más frío de lo normal, aunque tampoco era para tanto ya que la capital siempre tiene una forma curiosa de recibir el invierno, donde no intenta echarte de la ciudad, solo recordarte una y otra vez por qué decidiste vivir allí.
Al momento de subirme al tranvía, ya las calles estaban muy concurridas para ser hora punta, pero a nadie le tenia prisa para llegar a su destino, lamentablemente al momento de subirme al trolebús ya estaba abarrotado por tanta gente que me quede atascado en todo el recorrido, como si fuera una lata de sardinas
Ya para cuando llegue al clud, el escenario estaba vacío, aunque las luces del letrero seguían encendidas, pero cubierto con cortinas carmesí, todo estaba listo solamente faltaban los demás músicos, mientras tanto, empece a inspeccionar el piano del lugar, que sin sorpresa alguna, dicho instrumento estaba deteriorado pero don tan jodido para quejarme
Es ahí donde pasé casi dos horas y media practicando, donde no ocurrió nada fuera de lo normal, a no ser que a la mitad de la sesión, un cliente dejó una moneda extra sobre el piano. Ni siquiera miró hacia el escenario al hacerlo, me quedé mirando la moneda unos segundos antes de seguir tocando, fue entonces cuando apareció Sally.
Entró al local como si hubiera trabajado allí toda la vida, donde empujó la puerta con una mano, se quitó los guantes mientras caminaba y recorrió la sala con una mirada rápida, fijándose en todo sin detenerse realmente en nada.
Por un momento pensé en saludarla, pero ella me vio primero.
—Así que este es tu gran debut —dijo al acercarse al escenario.
—Si por debut entiendes tocar un piano desafinado para desconocidos borrachos, entonces sí.
Sally soltó una pequeña risa.
—Ya te acostumbrarás, mi querido Fritz— me dijo Sally al darme una tierna palmada en mi hombro izquierdo
La vi dejar el abrigo sobre una silla cercana, que parecía completamente cómoda, como si el ruido, las luces y el movimiento constante del club fueran lo más normal del mundo para ella, donde yo todavía no estaba tan seguro de encajar allí, donde la orquesta empezaría en menos de una hora y, por primera vez en toda la mañana, sentí algo parecido a los nervios.
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El Sustituto
FanfictionLo que comenzó como un trabajo temporal conseguido por Sally, pronto se convirtió en algo más complicado, donde entre las noches caóticas de la naciente vida nocturna en Berlín de los años 20, Friedrich conoce a Emcee, el carismático maestro de cer...
