El cielo no terminaba de decidirse entre llover o simplemente mantener al mundo en suspenso.
La luz del final de la tarde lo teñía todo de un gris incómodo, como si el tiempo mismo se hubiera detenido —o estuviera esperando algo que nadie alcanzaba a nombrar—
Ari estaba sentada en el banco duro de una parada de autobús cualquiera, el tipo de lugar que jamás había formado parte de su rutina. A sus pies, una maleta negra se apoyaba con descuido. En su regazo, la pantalla aún encendida de su teléfono mostraba el pie de foto de su última promoción de maquillaje, publicada hacía apenas unos minutos:
✨Hoy probé el nuevo labial Lifter Gloss de Maybelline con ácido hialurónico. Después de aplicarlo, tus labios lucen carnosos e hidratados. Si alguien quiere unos labios brillantes y radiantes como los de Ari, ¡consigan el tono 005 Petal!✨#MaybellinexAri #MaybellineMex @Maybelline
El texto brillaba como una ironía final, un eco de la vida que acababa de dejar atrás. Sin vacilar, Ari presionó el botón y apagó la pantalla. Por un breve instante, el reflejo de sus ojos rojos apareció en el cristal del teléfono, como si incluso allí intentara ocultar lo que sentía.
El chirrido de los frenos del autobús desgarró el silencio. No se movió de inmediato; su cuerpo parecía estar procesando todavía que todo había cambiado. Que ella había cambiado.
Cuando finalmente se puso de pie, sus movimientos fueron lentos, casi inseguros.
El conductor, un hombre de mediana edad con expresión cansada pero amable, abrió la puerta con un crujido.
—¿Hacia dónde va, señorita?
Ari vaciló. No por el destino, sino por cómo sonaba al decirlo en voz alta, dejando atrás las torres de cristal de la ciudad:
—A... Santiago... Ciénega de González.
—20 pesos—dijo él, sin saber que estaba cobrando el precio simbólico de un nuevo comienzo.
Pagó con un billete arrugado y subió. El autobús estaba casi vacío. Una pareja se quedaba dormida abrazada en un asiento más adelante. Un anciano leía un periódico gastado y una mujer mayor miraba por la ventana con una sonrisa que parecía guardada desde hacía mucho tiempo.
Ari eligió el asiento del fondo. Acomodó su maleta a su lado y se acurrucó, envolviéndose en su suéter como si intentara esconderse del mundo —o al menos de la parte de él que todavía pensaba que era la chica rica, hermosa e invencible de Instagram—.
El autobús dio un sacudón y comenzó a avanzar. A través de la ventana, los edificios de cristal y mármol se deslizaban, desvaneciéndose lentamente como si el lujo de su vida anterior estuviera siendo tragado por el tiempo.
Ari apoyó la frente contra el cristal frío. Murmuró, más para sí misma que para nadie:
—Hace tres horas tenía una habitación con aire acondicionado y una casa más grande que las mansiones de las películas. Ahora... solo tengo esta mochila. Y un boleto de ida.
Su teléfono vibró en su bolsillo. Lo sacó y miró de reojo la pantalla. Mensajes de amigos, compañeros de clase, marcas... todos sin leer. Todos ignorados. Con un toque, volvió a bloquear la pantalla, como si también pudiera bloquear el recuerdo de todo lo que había perdido.
—¿Viajas sola, linda? —preguntó la anciana del asiento de adelante, girándose ligeramente con una sonrisa dulce.
Ari intentó devolverle la sonrisa, pero se quedó estancada en algún punto entre el esfuerzo y el dolor.
—Sola... pero en cierto modo buscando a alguien. Quizás a mí misma.
La mujer asintió lentamente, como quien entiende más de lo que aparenta. Se volvió a girar y habló con calma:
—La vas a encontrar. Solo tienes que quedarte en el autobús hasta la ultimísima parada.
La sonrisa que se le escapó a Ari fue pequeña, casi invisible, pero real. La primera en muchas horas. Cerró los ojos por un momento, respirando profundamente como si intentara guardar esa frase dentro de su pecho.
Y entonces, dejó que el autobús se la llevara.
Lejos de lo que conocía.
Hacia lo que aún no sabía que era.
Hacia el principio de todo.
YOU ARE READING
Mi Salvación | Rivari
FanfictionAri lo tenía todo: belleza, popularidad y una familia adinerada que la mantenía. Pero tras esa vida perfecta, escondía un secreto: su amor por las chicas, algo que su familia jamás aceptaría. Cuando su secreto sale a la luz un día fatídico, Ari se v...
