Por tus lunares, luna en el espejo que está harto de la gente, la pelicula te implora con desastre...
¿Escuchaste los colores o la melodía miraste? El gesto es diferente, la traición me ha enseñado a callarme, a alejar a los bromistas de este ceño que se frunce para tu mente, sin preguntarles y suerte porque estoy imaginándote.
Yo no sé qué rumora el diablo, pero no te decora; no sonríe como tus deshoras de fiebre, como esa fiesta de alma que aún posees en la danza, esa voz que te intenta llevar descalza hasta mis manos suaves, de gurú, no de socialista; de hombre maravilloso, no de oficina.
Siento aún tus dedos afilados junto a mi cuello bajo mi sonrisa; los pintaré en cualquier poema, jugando al artista, posicionándome para tenerte siempre a la vista, a pesar de la distancia, por si tus ojos se esquinan hacia Plaza Francia, donde estaré esperándote.
Quisiera citar tu perfume antes que a Calamaro, pero no puedo siquiera escribir tu nombre. Con tu inmensa sombra, ¿cómo puedo volver a encontrarlo, si tu alma va de paso, amiga, y yo me voy temprano, sin despedida, con tres deseos a la deriva: "morderte los labios", "besarte la vida", "conocer tu cansancio".
Fuiste un rato comida y bebida, luna; tus lunares blancos: de las noches, mil y una estrellas perdidas.
